Heraldo Español Nº 55, 20 al 26 de mayo de 1981)

 CRÓNICAS DE LA DICTACRACIA

 Los gilidemócratas

 A mi amigo Jenaro

 

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Publicamos hoy un artículo firmado por Fernando Vizcaíno Casas que publicó en el “Heraldo Español” el 20 de mayo de 1981 dentro de su columna habitual “Las crónicas de la dictacracia”, con el título de “Los gilidemócratas”… es el primero de otros que iremos publicando en recuerdo del gran escritor, autor de alguno libros de máximo éxito: “Las autonosuyas”, “Isabel”, “Camisa vieja”, “La boda del señor cura”, “Los cuarenta ladrones”, “Niñas al salón”, “Al tercer año resucitó”, entre otros.

 

 

 

CADA vez son más y se les nota más nerviosos. Se trata de quienes han jugado a demócratas de toda la vida, a paladines de las libertades, a sacrosantos apóstoles de la transición, pero en realidad ejercen en su actividad pública con unos modos dictatoriales que asombrarían al ministro Goebbels o al ministro Arias­Salgado (padre, por descontado). Estos, al menos, nunca trataban de ocultar su vocación autoritaria. Pero aquéllos no paran de hacer protestas de fe liberal, que inmediatamente desautorizan con sus tiránicas actitudes. Son unos charlatanes, sin la gracia de León Salvador, maestro del género. Además, carecen del más mínimo sentido del humor y no aceptan la menor contradicción; enseguida se cabrean y echan los pies por alto. Los gilidemócratas, vamos.

Se encuentran en todas las escalas de la Administración y en todas las gradas del hemiciclo parlamentario. Andan obsesionados, de un tiempo a esta parte, por el síndrome del 23-F y ven golpistas, apologistas y desestabilizadores por todas las esquinas. No se han parado a pensar, en cambio, que los grandes responsables de la inestabilidad de esta democracia, son ellos mismos. Ellos, que no han hecho nada positivo para darle prestigio, para acercarla al pueblo, para ofrecérnosla eficaz, constructiva y atrayente. Ellos, que han tomado el rábano de la libertad por las hojas del encono, el rencor y el revanchismo. Ellos que han destruido cuanto han podido del régimen anterior, sin preocuparse en absoluto por aportar nuevas y eficaces realizaciones, que justificasen la confianza en el actual.

Gritan, sin embargo, como cornejas y dejan al descubierto su estrechez mental, su analfabetismo y su ridiculez humana. Se desgañitan reclamando libertades de expresión, al tiempo que procuran maniatar todas las voces que disuenan de las suyas. Pierden la compostura en las discusiones, porque carecen de la más elemental capacidad para el diálogo. Desconocen el humor, que es privilegio de los inteligentes y los sanos de espíritu. A las ironías responden con coces; a las chuflas, con exabruptos. Su grosería se manifiesta torrencialmente, como exudación inevitable de la ira que les produce saberse en ridículo, comprender que se han columpiado y negarse a reconocerlo. Porque su soberbia es tan grande como su estolidez.

Continúan hablando de la joven democracia con la misma insensatez con que las viejas solteronas se pasean por la calle Mayor, buscando novio tomatero. Ellos tampoco se enteran de que el tiempo pasa, de que las arrugas comienzan a aparecer, de que la juventud se mustia. Ellos también pretenden encubrir las huellas de la edad con el maquillaje de su verborrea inútil. Han tenido en sus brazos la criatura recién nacida y no supieron cómo ponerla a andar; tampoco acertaron con la dietética necesaria para que creciese fuerte y robusta. Ante lo enclenque que se les cría, se excusan quitándole años. Y siguen tratándola como si acabase de venir al mundo; cuando resulta que se acerca ya a los seis años de vida. Menos que eso duró un régimen, la II República. Se trata de un período que supera al de los mandatos electorales en cualquier sistema del mundo democrático. De un plazo más que suficiente para dejar constancia de unas realizaciones. Ellos no han hecho nada; no han hecho otra cosa que lamentarse, defenderse, echarse entre sí las culpas. Y concitar la rechifla popular.

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Aunque, por descontado, los gilidemócratas invocan de continuo al pueblo, el pueblo soberano, la voluntad popular. Sin embargo, sentados en sus poltronas, actúan sin contar absolutamente para nada con el deseo de quienes, ingenuos o engañados, un mal día les votaron. Hay que ver lo que sucede en estos Municipios, en esas ciudades y pueblos de España, sometido al abuso de poder de alcaldes y concejales marxistas, enfrentados en su ejercicio con la mayoría (aunque la mayoría sea de izquierdas), que imparten sus doctrinas e imponen sus criterios con unos modos totalitarios apabullantes. Cuando algo no les interesa cortan por lo sano y en paz. Este oficio de cortador les apasiona. Tienen mentalidad de carniceros de la política.

Y además, no saben gramática en la mayoría de los casos. Leer sus bandos, proclamas, artículos, comentarios y declaraciones, supone un ejercicio muy saludable para la diversión más hilarante. Desconocen el sentido de las palabras; yo sé de unos, por ejemplo, que no se han enterado del significado del término veleidad (voluntad antojadiza, inconstancia. ligereza, mutabilidad) y lo han aplicado enteramente al revés. Así, les ha salido una consecuencia en su panfleto enteramente contraria a la argumentación en él mantenida.

 

¡Pobrecillos! en el fondo, son como niños, con sus rabietas y sus lloriqueos y sus pataletas y sus histerias. Aunque, eso también, como niños malvados: que también los hay.