Entrevista a Juan Uceda Requena, licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, pero especialista en la Historia de los siglos XVI y XVII. Con él hablamos de su primer libro, “Eso no estaba en mi libro de historia de los Austrias”, publicado por la editorial Almuzara.

Otro libro sobre los Austrias, pero no uno más, su libro ofrece un enfoque bastante original.

Se suele identificar la Historia como un ámbito muy formal y muy serio, especialmente si los temas tratados se remontan a varios siglos atrás. Eso es algo que, con carácter general, considero bastante acertado ya que el estudio de la historia debe hacerse con rigor y profesionalidad, pero no es algo que nos deba hacer olvidar que la Historia es la vida y la vida también se compone de otras cosas. La Historia está repleta de detalles de lo más curioso que también merecen ser contados, son esos acontecimientos que no han tenido una influencia material en el desarrollo de los acontecimientos, que no han hecho que el curso de la Historia se haya decantado por uno u otro camino pero que, aun así, son sumamente interesantes, sorprendentes e incluso divertidos. Con este libro pretendía mostrar un gran número de episodios de este tipo que permiten conocer los aspectos más desconocidos y curioso de la historia de los Austrias y que también merecen atención.

Dedica un capítulo a los pecados capitales y señala a Felipe IV en lo referido a la lujuria. El rey tuvo hasta treinta hijos bastardos y no se detenía ante nada para saciar sus apetitos, aunque alguna vez le costasen caro.

Existe una imagen un tanto desvirtuada de Felipe IV como un monarca inútil y despreocupado que solo se interesaba por las fiestas, el teatro y las mujeres y eso es cierto solo hasta cierto punto. Felipe fue un hombre enormemente inteligente y sensato que tenía un alto sentido del deber pero que, por otra parte, era prisionero de una fuerte adicción al sexo que le proporcionaba tanto placer como remordimientos. En su abundante correspondencia con la monja María de Ágreda se muestra atormentado por su deseo de ser un rey diligente, esforzado y trabajador pero su apetito sexual le impedía asumir sus responsabilidades durante demasiado tiempo y se veía arrastrado de nuevo a los placeres. No se detenía ante nada, ni aristócratas ni religiosas quedaban fuera de sus atenciones y esas correrías le costaron más de una dura reprimenda de su confesor e incluso algún que otro garrotazo por parte de un marido deshonrado.

También cuenta como en su reinado se produce un verdadero desastre diplomático con la muerte de un embajador inglés en una taberna de mala muerte. A diferencia de su abuelo no parecía un rey muy meticuloso.

Es indudable que Felipe IV era menos capaz como rey que su abuelo Felipe II, pero no debe olvidarse el contexto de cada uno. Felipe II asumió la corona española a la edad de 29 años tras haber ejercido como regente en varias ocasiones, haber sido rey consorte de Inglaterra por algún tiempo y, en general, haber acumulado una considerable experiencia. Frente a ello, Felipe IV heredó la corona con solo 16 años y ninguna experiencia previa, cosa que sin duda suponía una dificultad inicial bastante importante. También difieren los consejeros y asesores que cada uno tuvo a su alrededor: excelentes en caso de Felipe II y muy mediocres en caso de su nieto. Por último, Felipe II gobernó el imperio español en el cénit de su poderío e influencia mientras que Felipe IV recibió unos reinos que se encontraban ya inmersos en una profunda crisis que fue incapaz de revertir. El caso del embajador inglés Anthony Ascham, de quien se esperaba alcanzar un acuerdo de alianza o, al menos, de amistad y colaboración, fue una de las muchas piedras que surgieron en su camino. Una pésima preparación de la recepción hizo que se alojara al embajador en una simple taberna en lugar de una residencia apropiada. Ello se unió a una endiablada mala suerte que facilitó que unos viejos enemigos del embajador que casualmente se encontraban en Madrid le asesinaran a cuchilladas en su habitación y, con ello, se iniciara una profunda crisis que enemistó a España con Inglaterra socavando todavía más una posición internacional en la que escaseaban los aliados y sobraban los enemigos.  

Uno de los fenómenos más conocidos de la monarquía hispana son las bancarrotas, una señal de la supuesta mala gestión económica del Imperio. Sin embargo  en su libro relata como unas flores estuvieron a punto de hundir la economía de la muy protestante y “avanzada” Holanda.

Y tanto que era avanzada, ya que “inventaron” algo tan moderno como la especulación financiera y las burbujas bursátiles. A principios del siglo XVII se introdujo el tulipán en las Provincias Unidas, una flor procedente de Turquía que, por su belleza, su escasez y su alto precio, se convirtió en seguida en el producto de moda entre los ciudadanos adinerados. No eras nadie en Holanda si no tenías algunos tulipanes en tu jardín. El precio creció vertiginosamente, en gran medida gracias a la aparición de las primeras bolsas de valores, donde se negociaban los derechos de propiedad sobre cargamentos de tulipanes recién llegados a Holanda e incuso por los que llegarían en los años siguientes. El precio se doblaba, triplicaba y quintuplicaba en cuestión de semanas hasta alcanzar cantidades absolutamente absurdas y cualquiera con algo de dinero compraba tulipanes ya no como ornamento sino como inversión, para venderlos pocos después a mayor precio. La locura terminó como suele ser habitual, llegó el punto en que la burbuja explotó y cundió el pánico entre los inversores que se apresuraron a vender sus tulipanes a precios bajísimos. Solo la fortaleza de la economía holandesa impidió una gran quiebra global.  

Las alianzas matrimoniales fueron una de las claves de los éxitos de los Austrias y dedica un capítulo a este asunto ¿Qué matrimonio destacaría como el mayor triunfo de la dinastía y cuál como su mayor fracaso?

Diría que el más ventajoso fue el de Carlos I con la princesa Isabel de Portugal, no solo porque fue un matrimonio de lo más feliz ya que ambos se encontraban profundamente enamorados (cosa de lo más infrecuente en los matrimonios de la realeza) sino también porque permitió que su hijo, Felipe II, uniera los reinos de España y Portugal al ser el pariente más cercano tras la muerte del rey portugués Sebastián I. Hubo otros que podrían haber generado aún mayores ventajas como el breve matrimonio de Felipe II con la reina María de Inglaterra, que hubiera unido ambas naciones si hubieran tenido descendencia, o el del propio Felipe con la francesa Isabel de Valois pues eso permitió postular a su hija, la infanta Isabel Clara Eugenia como posible reina de Francia al extinguirse la dinastía Valois, aunque dicha candidatura no llegó a triunfar. El mayor fracaso puede que fuera el matrimonio de Carlos II con Mariana de Neoburgo, una mujer que fue elegida confiando en la legendaria fertilidad de su familia (su madre dio a luz a 23 hijos) ya que la necesidad de un heredero para la corona española era acuciante. Mariana fue una mujer odiada por la corte y el pueblo que dedicó todos sus esfuerzos a saquear las arcas públicas de un imperio ya muy debilitado y a conceder cargos, rentas y regalos a sus amigos y parientes. Más allá de eso, no llegó a tener descendencia lo que, en definitiva, provocó la extinción de esta dinastía.

Además de conducirnos entre la realeza o por los campos de batalla, su libro también habla de cómo era la vida cotidiana en el Imperio.

Así es, eso es algo que consideraba bastante necesario porque existen innumerables libros de historia que nos narran la vida de los reyes, los generales, los nobles y los conquistadores, pero bajo ellos existía toda una sociedad cuya realidad ha recibido mucha menos atención. Es interesante adentrarse en el día a día de aquella época para descubrir hasta qué punto somos diferentes a aquellos antepasados nuestros. Algo tan sencillo para nosotros como comprar cualquier producto sin duda nos resultaría complicadísimo en aquella época debido a la existencia de incontables divisas que circulaban al mismo tiempo. Una bolsa de dinero podía fácilmente contener una enorme variedad de monedas: ducados, florines, maravedís, reales, táleros, escudos, coronas y muchas otras, cada una con su valor y sus complicadas equivalencias que los hombres y mujeres de la época manejaban una facilidad que a nosotros nos resultaría incomprensible. También nos costaría entender el distinto nivel de prioridades de un periodo en el que era muchísimo más valioso poseer un documento que reconociera a su portador como hidalgo que poseer una gran fortuna. Si bien hoy en día la posición social está íntimamente ligada al nivel de riqueza, en aquella época era el linaje y los antepasados lo que determinaba la valía de un individuo y cualquier plebeyo adinerado sin duda envidiaría profundamente al más arruinado de los caballeros.

De todas estas historias, algunas poco conocidas,  ¿cuál es su favorita o aquella que más le sorprendió?

Me resultan muy interesantes las partidas de “ajedrez diplomático” que se jugaban en el tablero europeo entre las distintas potencias y que llevaban a movimientos, alianzas y guerras de lo más enrevesado en los que se trataba de anticipar la reacción del rival y bloquearla de antemano. Por ejemplo, tras ochenta años de devastadora guerra entre España y los rebeldes holandeses se concertó la paz en 1648 y muy poco tiempo después los dos países eran los más estrechos aliados en su lucha conjunta contra Francia, que amenazaba a ambos. Me gustó mucho investigar sobre la adquisición por España del marquesado de Finale, un territorio minúsculo e insignificante en la costa genovesa que, sin embargo, dio lugar a una larga partida política entre España, el Sacro Imperio, Génova, Saboya y otros muchos interesados menores. Durante muchos años, se produjo un incesante intercambio de tratados, acuerdos, movimientos de tropas, engaños, sobornos y todo tipo de presiones para hacerse con el pequeño marquesado, lo que demuestra lo intrincada que era la política en aquél momento.

En el libro cuenta muchas historias, pero imagino que le han quedado   muchas otras por contar ¿tiene en mente seguir escribiendo sobre los Austrias?

He escrito un nuevo libro que también trata sobre la historia de los Austrias aunque tiene un estilo diferente pero también bastante original. Se trata de un libro organizado con el formato de un diccionario, todos los personajes, las batallas, los tratados, las costumbres, los utensilios y demás, ordenados alfabéticamente con una pequeña descripción. La finalidad de este libro es presentar de forma organizada y sistemática una visión global de los siglos XVI y XVII en todo tipo de facetas para aquellos lectores que deseen tener un conocimiento transversal de ese periodo. No se trata en realidad de un diccionario sino de un libro de historia que se presenta con ese formato. La finalidad no sería utilizarlo como se hace con cualquier diccionario normal, es decir, para hacer consultas puntuales de algún término del que se desea conocer los detalles sino como una lectura variada y dinámica para conocer la época en profundidad. Digamos que no es un diccionario, sino que tan solo lo parece. Lo acabo de terminar y estoy ahora tratando con la editorial a ver si le damos salida.