Decimoprimera reseña de la serie destinada a comentar y difundir las obras del escritor, abogado, fiscal, juez y profesor de Derecho don Ramiro Grau Morancho; hoy: PROCURADORES. DEBATE SOBRE LA REPRESENTACIÓN PROCESAL, el libro que enemistó a su autor con buena parte del gremio.

Libro pionero en su especie, Procuradores. Debate sobre la representación procesal supone una crítica constructiva sobre la cuestión de los Procuradores de los Tribunales, al tiempo que se erige en uno de los textos modélicos de su autor en lo que al desarrollo sostenido de una prosa genuinamente jurídica se refiere. Su lectura resultará de especial interés para todo estudiante de Derecho que quiera curtirse en la jerga legítima más allá de los referentes académicos del día que le suministran en clase.

Publicado en 2005, el libro ha quedado obviamente desfasado, pero es precisamente ese desfase el que lo torna más atractivo y premonitorio, puesto que el núcleo duro de sus tesis se mantiene intacto: “las profesiones se justifican por su utilidad social, no por su “imposición” obligatoria” (Ramiro Grau); por razones estructurales amparadas en un prolijo galimatías jurídico (que omitiremos porque excede con mucho la función de este reseña), dicha problemática se torna más acusada si cabe.

Las dos preguntas iniciales que el autor se hace son las siguientes: “¿Son necesarios los Procuradores de los Tribunales para una correcta Administración de Justicia? ¿Es lógico que el justiciable tenga que cargar con los honorarios de dos profesionales distintos para poder acceder a los Tribunales?”. Sobre tan evidentes recelos pragmáticos se desarrolla el discurso del libro, que desenvuelve –en cinco partes y unas conclusiones– un desigual debate entre el propio Grau y el Sistema, con la victoria final de éste último sobre el primero al desestimar por la vía institucional el recurso contencioso administrativo interpuesto por aquél.

Tan razonable como acostumbra, Grau meramente aboga por la opcionalidad de la figura del Procurador, puesto que su función asistencial no es otra que la de mero intermediario entre las partes durante los procedimientos judiciales; la razón principal aducida por el autor no sólo es de signo económico (encarecimiento de los pleitos), ya que también salen al paso problemas sociales, familiares y/o personales relativos al entorno del abogado y su cliente: “¿los Procuradores son una ayuda o más bien una rémora para la tutela judicial efectiva?”.

Dejando a un lado la “guerra de togados” implícita en todo este debate en absoluto libresco, consideramos de gran interés civil la difusión del texto, más que nada porque el hombre y la mujer de la calle –anulados por la repodrida partidocracia política del Régimen del 78– son sujetos impotentes/ignorantes en estas materias… Pregunten a cualquier viandante: ¿qué objeto y/o función desempeñan los 12.000 Procuradores españoles en activo? A todo esto responde don Ramiro Grau en su breve y magnífico libro. Y no sólo eso: ofrece soluciones a cual más ponderada y ecuánime.

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