Daniel Arveras Alonso (Madrid, 1971) es periodista por la Universidad San Pablo CEU y tiene un máster en Historia y Antropología de América por la Universidad Complutense de Madrid. Apasionado de la historia, colabora periódicamente en diferentes medios de comunicación rescatando del olvido personajes y hechos referidos a nuestra presencia secular en América.

De mucho más honor merecedora. Doña Aldonza Manrique, la gobernadora de la isla de las perlas” es su tercer libro y el segundo publicado por esta misma editorial tras el exitoso “Conquistadores olvidados” (2ª edición ya en librerías).

El autor recupera en la presente obra la figura de una mujer que apenas ocupa una línea en la vasta historiografía sobre las Indias, pese al destacado papel que desempeñó durante casi toda su vida. De manera amena, pero con el necesario rigor y utilización de amplia documentación de la época, Arveras nos ofrece la apasionante historia de una mujer que gobernó una isla del Caribe en el siglo XVI.

¿Por qué un libro sobre la figura de doña Aldonza Manrique?

Porque muy poco se ha escrito sobre esta mujer que fue, nada menos, la primera gobernadora criolla de la monarquía hispana en un territorio del Nuevo Mundo. Me llamó la atención que este dato se obviara con frecuencia en la historiografía o que no fuera resaltado como se merece.

Una mujer, nacida en Santo Domingo en 1520, fue titular de la isla Margarita desde que era una niña en 1527 y hasta su muerte en 1575. Es una gran desconocida, debería ocupar un más relevante espacio en la historia y este libro pretende arrojar algo de luz sobre ella y el escenario en el que se desenvolvió.

Quizás no es una heroína al uso, pero fue pionera, tenaz y superó mil dificultades para mantener su gobernación en el siglo XVI.

¿Cómo enlaza este libro con su anterior trabajo “Conquistadores olvidados”?

En “Conquistadores olvidados” -que ya se encuentra en su segunda edición y ha tenido una muy positiva crítica y acogida por los lectores, cosa que agradezco- ya escribía sobre varias mujeres relacionadas con el Nuevo Mundo (Inés Suárez, Marina Ortiz de Gaete, Catalina de Erauso “la monja alférez”, Inés de Atienza y la inda Catalina).

Hay muchas más y dudaba si dedicarles un libro a algunas de ellas, precisamente para darles su lugar a las numerosas mujeres que cruzaron el océano desde bien temprano y protagonizaron hechos dignos de resaltarse. Esa era mi idea hasta que di con doña Aldonza y decidí centrarme en ella, pues sobre la gobernadora de la

isla de las perlas apenas se ha escrito nada o, por lo menos, un servidor no ha dado con publicaciones importantes dedicadas a su figura.

Una figura injustamente olvidada, que merece mucho más honor como reza el título…

Sin duda alguna, ya lo escribió Juan de Castellanos -cronista de Indias coetáneo de doña Aldonza- en unos bellos versos: “Era perpetua gobernadora, desta isla do va furia rabiosa, aquella nobilísima señora, doña Aldonza Manrique, generosa, de mucho más honor merecedora”.

La historia de España es inabarcable y está repleta de personajes como ella que han pasado desapercibidos o no han merecido el foco investigador de historiadores, hispanistas y divulgadores. Por eso mismo decidí dedicar todos mis esfuerzos para contar quién era, qué hizo, cómo lo hizo, dónde lo hizo y por qué lo hizo. Lógicamente, este libro es una aproximación a todo eso, basado en lo que he podido hallar y leer en mi proceso de investigación. Queda mucho por encontrar, escribir y contar sobre esta mujer.

El olvido es, sobre todo, cosa de mujeres…

Esto ha sido así, es innegable, pero por fortuna está cambiando y cada vez son más los estudios y trabajos que se publican sobre importantes mujeres de nuestra historia. También es verdad que a lo largo de los tiempos el hombre ha tenido un mayor protagonismo, pues el papel de la mujer estaba más relegado o centrado en el ámbito del hogar hasta prácticamente el siglo XX, producto de la mentalidad, sociedad y educación de entonces. Las guerras, conquistas, exploraciones, reinados, gobiernos y numerosas ocupaciones eran cosas de hombres. Por supuesto, hay bastantes excepciones o casos muy destacables pues, como diría mi colega y amigo Javier Santamarta, “Siempre estuvieron ellas” y, en el Nuevo Mundo, esto también fue así.

Doña Aldonza Manrique es otro pequeño ejemplo, uno más de las mujeres relevantes en la historia que han merecido, hasta la fecha, poca atención. Me alegra darle su lugar con este trabajo.

¿Cómo fue el proceso de documentación para poder hablar del personaje con rigor?

Intenso, sin duda. Aproveché bien el maldito confinamiento en mi casa. Al principio tiré de documentos que iba consultando y sacando del Archivo de Indias (PARES), de otros estudios y trabajos accesibles online y de libros que obraban en mi poder. Luego, cuando abrieron las bibliotecas, accedí a una notable bibliografía, sobre todo en los fondos de la biblioteca de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense, que cuenta con un vasto compendio relativo a la Edad Moderna y al Nuevo Mundo.

Lógicamente, queda mucho por saber sobre doña Aldonza y los múltiples hechos de los años de su gobernación, cientos o quizás miles de documentos que no he podido hallar ni consultar, pero con este libro al menos la saco del olvido y acerco su figura con un mínimo de rigor a los lectores interesados en la historia.

Más necesaria si cabe dicha documentación al no tratarse su libro de una novela, ¿verdad?

Una buena novela histórica, si pretende ser tenida en cuenta, también requiere de una oportuna y profunda investigación sobre la época, escenario, hechos, personajes…, pero permite ciertas licencias y que el autor pueda hacer volar la imaginación a su antojo, para envolver o adornar el relato narrativo y cautivar más al lector.

Mi libro no es una novela porque mi intención es rescatar del olvido a doña Aldonza Manrique, quién fue y qué vivió, además de relatar diferentes situaciones que se daban en aquellas latitudes caribeñas. No hacía falta que me inventara nada y menos oportuno aún me parecía al tener siempre muy presente lo que comentaba antes, muy poco se ha escrito sobre ella.

Definitivamente, tenía que ser este ensayo que he realizado.

Una vez que fue creciendo, ¿qué cualidades tenía como gobernadora?

El tesón y la defensa de su gobernación. Delegó en tenientes de gobernador el mando sobre el terreno y también en familiares cercanos, pero siempre estuvo al tanto y atenta a todo lo que allí acontecía. Vivió situaciones dramáticas en su vida que tuvo que superar una tras otra, quedó viuda muy pronto, casó a su hija con el hijo de un importante funcionario de la administración indiana y nunca cejó en su empeño de ampliar su gobernación.

Tras el paso de las huestes de Lope de Aguirre que arrasaron la isla y asesinaron a su yerno en 1561, doña Aldonza viajó a España para pedir auxilio al Consejo de Indias y al propio rey, Felipe II. Consiguió alguna ayuda, pero no se conformó y logró finalmente poder legar la gobernación de la isla Margarita a su nieto cuando ella muriera, algo no previsto en la capitulación original y que obtuvo a base de persistencia y orgullo.

Además, pese a diversos altibajos producto de los frecuentes ataques de corsarios y piratas, sequías y otras calamidades, la isla Margarita se fue consolidando como un lugar interesante para asentarse, sirviendo también de base a múltiples exploraciones que se dirigían a Tierra Firme.

¿Cómo brilla su figura frente a los ataques de la leyenda negra?

Uno de los peligros a la hora de combatir la sempiterna leyenda negra es caer en lo contrario, es decir, en trasladar una leyenda aúrea o dorada de la larga presencia española en América. Un servidor no lo hace y, en este libro, verán que los esclavos, indios y luego negros, fueron pieza fundamental en la extracción de perlas. Eso fue así y así lo cuento, resaltando los intentos de la Corona y la sucesiva legislación española para, poco a poco, ir frenando los abusos y explotación de los naturales de aquellas latitudes hasta prohibirla.

Doña Aldonza reúne dos cualidades muy interesantes, dos aspectos que a menudo también son citados por los fustigadores de la leyenda negra antiespañola. Fue una mujer criolla, la primera de tal condición en gobernar una porción del Nuevo Mundo por designación de la Corona. Su componente femenino niega el carácter misógino o profundamente machista que se le atribuye en ocasiones a la monarquía hispana de la Edad Moderna. El emperador Carlos y su hijo Felipe II fueron un ejemplo de todo lo contrario, al delegar como regentes y gobernadoras, en sus esposas, hermanas e hijas en diferentes e importantes periodos.

En el caso que nos ocupa, el emperador no tuvo problemas en reconocer a una niña criolla de tan sólo siete años de edad su legítimo derecho a heredar la gobernación de la isla Margarita tras haber muerto su padre, el licenciado Marcelo de Villalobos. Hubiera sido más sencillo otorgar una pensión o alguna merced a su viuda y darle la gobernación a un varón de prestigio o a algún cortesano que le conviniera más, pero no lo hizo.

También Felipe II favoreció varias décadas después a doña Aldonza y, finalmente, concedió que el nieto heredara la gobernación tras su muerte.

En cuanto a lo segundo, es cierto que la mayoría de los virreyes en América fueron peninsulares, aunque hubiera también alguno criollo. Es normal que así fuera, pues su designación correspondía al monarca, que premiaba directamente a alguno de sus nobles cortesanos con tal cargo o lo elegía de una terna que le proponía su Consejo de Indias.

Pero los españoles americanos ocuparon importantes puestos en la administración y gobierno de las Indias (gobernadores, alcaldes mayores, regidores, corregidores…), especialmente hasta las reformas borbónicas de la segunda mitad del siglo XVIII. Fueron fundamentales para que operara eficazmente la maquinaria administrativa, política, social y económica de los virreinatos.

En este sentido, doña Aldonza fue pionera al ser la primera gobernadora criolla, una mujer nacida en Santo Domingo en 1520.

Llama la atención que ostentó el cargo hasta su muerte, sin claudicar, aunque no lo tuvo nada fácil.

Efectivamente, así fue. Al principio, cuando era niña, su tutora o curadora fue su madre, doña Isabel Manrique, quien trató de cumplir con las condiciones estipuladas en la capitulación con la Corona. Tuvo muchas dificultades y las denuncias y presiones de los vecinos de Cubagua lograron arrebatarle el control sobre la isla Margarita durante unos años. Pero, esto es importante remarcarlo, aún en ese tiempo la gobernadora titular fue siempre doña Aldonza y así se la consideró.

Luego, tras crecer y casarse con un conquistador del Perú, Aldonza recuperó el control total sobre la isla y ya no lo dejaría hasta su muerte, más de 30 años después.

Su esposo murió pronto y tuvo que delegar de nuevo el mando hasta que su hija se casó con Juan de Villandrado, capitán de una expedición que iba hacia el Río de la Plata y se desvió hasta Santo Domingo. Su yerno tomó entonces el control sobre el terreno, pero poco después, fue víctima del sanguinario Lope de Aguirre.

En fin, las desgracias familiares se suceden en su vida y, sin embargo, pese a que en un momento de extrema debilidad ofreció dejar su gobernación a cambio de una pensión, continuó siendo la gobernadora hasta su muerte.

¿Qué importancia tuvo en la historia la isla Margarita?

En el periodo en el que yo me centro, el siglo XVI, la isla Margarita fue uno de los primeros lugares al que los españoles llegaron, atraídos por la riqueza de sus aguas tras el tercer viaje colombino. Me refiero a las perlas que se daban en la cercana isla de Cubagua. Allí se asentaron durante las primeras décadas del siglo, prestando menor atención a la vecina isla Margarita, de donde obtenían leña y algunos productos de los nativos.

Con las perlas de Cubagua agotándose por la sobreexplotación de aquellos años, la isla Margarita tomó el relevo como lugar de asentamiento de los españoles a partir de 1530. Había perlas, podía haber más como así fue años más tarde, se daba bien el ganado y se convirtió en base y aprovisionamiento de diferentes expediciones al interior del continente, entre ellas varias que buscaban el mítico el Dorado.

Las últimas décadas del siglo XVI, a partir de 1573, con el descubrimiento de nuevos ostrales, son una época de crecimiento y bonanza económica. El segundo yerno de doña Aldonza, el polémico Miguel Maza de Lizana, y su nieto, Juan Sarmiento de Villandrado, serían los gobernadores de este periodo y tuvieron que hacer frente como pudieron a los ataques de corsarios y piratas extranjeros, cada vez más frecuentes y osados.

La riqueza perlífera atraía a los ladrones del mar y también dio pie a un contrabando nunca controlado, y en muchas ocasiones permitido, por las autoridades.

Un lugar clave y muy interesante del Caribe, sin duda.