Este fue el segundo libro de Rafael García Serrano que leí. El primero fue La Fiel Infantería, pero de ello hablaré cuando toque.

Ya lo he contado, pero a riesgo de ser pesado lo repetiré: en 1979 no conocía la existencia del maestro Rafael. En mis libros de texto de Bachiller sólo aparecía en una línea que -situada al final, entre las cosas que sólo se miraban si sobraba tiempo al final del curso- me había pasado desapercibida.

Fue necesaria una visita a un pueblo de Toledo, al que fuimos para entablar relaciones de colaboración con los camaradas de allí, para que a la vuelta, mientras hacíamos tiempo tomando un café para que abriera la sede de otro lugar que visitamos a la vuelta, la conversación se centrara en literatura. Surgió el nombre de Rafael García Serrano, mostré mi ignorancia y fui debidamente instruido.

A continuación me lancé en busca de libros del maestro Rafael, y La Fiel y el Diccionario fueron los primeros en caer en mi estantería.

Intentar descubrir a estas alturas lo que es el Diccionario para un macuto sería necedad. Además de diccionario, estructurado en el orden del recuerdo, que no de la ortografía, este libro es un recuento completo, un muestrario de lo mejor que se ha escrito sobre la Guerra Civil, una colección de citas que nos trae pistas para nuevas lecturas y que -al menos a mi- me puso bastantes libros en el punto de mira. (Usted perdone, señor fiscal; es una forma de hablar, ya me entiende; a mí jamás se me ocurriría dispararle a un libro).

Pero, siendo una colección de palabras o de frases -modismos de un tiempo que empezaba a parecer lejano pero había calado en el lenguaje-, avaladas siempre por una o más citas de los autores que las habían usado, lo mejor del Diccionario para un Macuto es la manera -ágil, divertida, fresca, a veces irónica, a veces épica- en que la prosa del maestro Rafael las une, pone de relieve y ofrece.

En este Diccionario de Rafael García Serrano se encuentran los indicios que permiten descubrir obras ya olvidadas, escritores desconocidos -al menos para las nuevas generaciones de mi tiempo, y no digamos para las de ahora-, episodios oscurecidos por el paso del tiempo. Y no es su menor mérito el hecho de que muchas de las obras y autores citados son también los enemigos, de los que el maestro Rafael decía que a fin de cuentas también eran amigos porque, entre todos, habían hecho lo que había que hacer.

Pero para mi, en aquél momento y circunstancia -finales de los 70, principios de los 80 del pasado siglo-, leer el Diccionario para un Macuto me abrió un mundo desconocido y me acercó a la Historia real, la que aún era recuerdo vivo en muchos casos y, sobre todo, a la que la locura revanchista y cobarde pretendía tergiversar, haciendo que -como reacción puramente física- resurgiera en nuevas ediciones de libros ya olvidados. Mi sorpresa llegó cuando, intentando encontrar en librerías de viejo o anaqueles abandonados alguno de aquellos libros que Rafael García Serrano citaba en su Diccionario, descubría nuevas ediciones, recientes, casi salidas de la imprenta.

El revanchismo, la cobardía, la mentira visible, floja, como un globo mal hinchado, tuvo la virtud de resucitar en nuevas ediciones cientos de libros que nos pusieron en la justa línea recta a muchos. Y para mi, la referencia a todos ellos vino del Diccionario para un Macuto de Rafael García Serrano.

DICCIONARIO_PARA_UN_MACUTO