SATANOCRACIA: LA DESTRUCCIÓN DEL VIEJO ORDEN CRISTIANO, nuevo libro del historiador José Antonio Bielsa Arbiol tras EL NIMBO Y LA PLUMA (ambos publicados por el sello editorial Letras Inquietas) expone, desde una cosmovisión cristiana católica romana, las causas históricas, políticas y teológicas de la ruinosa situación actual en la que se encuentra sumida la Cristiandad.

¿Qué misión tiene esta nueva obra? ¿Puede definirnos qué es la Satanocracia?

El propósito de este libro no ha sido otro que el de reavivar un viejo debate, ninguneado desde hace décadas, sobre la disolución de la Cristiandad en el contexto del Nuevo Orden. En consecuencia, consideré del mayor interés centrar mi estudio en la Satanocracia o Gobierno de la Bestia, una cuestión de capital interés para aprehender la deriva autodestructiva hacia la que se encamina Occidente. ¿Cómo definir este concepto tan en desuso en España? Pues bien, diré que la “Satanocracia” supondría el sistema político ideal del Nuevo Orden luciferino, al menos en su fase acabada o de más plena concreción. Tanto el “Nuevo Orden” como la “Satanocracia” acusan tal grado de imbricación que el uno no puede concebirse sin la otra: son dos nudos paralelos que alimentan idéntico propósito: si el primero se vincula a la parte estructural y organizativa del entramado planificado por el contubernio mundialista, la segunda nutre y alimenta el impulso espiritual e intelectual que da significado al primero. Permita que traiga a colación una terrible cita de David Spangler, una persona con información privilegiada: “Nadie entrará al Nuevo Orden Mundial, a menos que él o ella hagan una promesa de rendir culto a Lucifer”. Terrible.

Este libro es una secuela en clave teológica de su anterior ensayo, Cómo sobrevivir al Nuevo Orden Mundial: Un manual de trinchera. ¿Qué le llevó a escribirlo?

Como escritor católico, no podía ningunear esta perspectiva tan cardinal, tratada de pasada en aquel libro metapolítico. Y es que, como ya advirtió nuestro Donoso Cortés, tras cada controversia política late una problemática de signo teológico. Siempre ha sido así. Era preciso pues acotar el mapa para poder explorar mejor un territorio tan poco grato. Hoy, se habla mucho del Nuevo Orden, pero el grueso de la gente parece olvidar que no sólo estamos hablando de la nueva y difusa concepción político-económica del día. No, el Nuevo Orden no es un mero concepto que los teóricos de la conspiración exprimen en sus simposios. Es una realidad palpable, multiforme y por momentos inaprehensible, suerte de sistema de estructuras de poder viciadas, unas veces entrelazadas y otras disociadas, que convergen en un único fin supremo de naturaleza luciferina: el establecimiento de un Gobierno mundial (el denominado “Gobierno de la Bestia”) cuyo objetivo prioritario es el control de todos los recursos existentes, materiales y humanos, contabilizados y enchipados.

¿Puede ser más preciso en su descripción del Nuevo Orden?

Veamos… Imagine una telaraña, una inmensa telaraña de dispositivos visibles, solapados y subterráneos, para la que laboran desde individuos comprados –consciente o inconscientemente– hasta entidades multilaterales capaces de somatizar las más endiabladas coyunturas y, pese a todo, seguir en la brecha como si nada. Pues así es la dinámica del Nuevo Orden, y así sería su dibujo, un poco a la pata la llana, todo sea dicho.

¿Cómo han sido los progresos de la Satanocracia en España? ¿Puede ofrecer alguna pista?

La implantación de este modelo se activó mucho antes del fallecimiento del General Franco, pues fue preciso que este estadista católico desapareciese de la escena política, para proceder a dar la señal de entrada. Ya no tenemos dudas al respecto de que la España del Régimen del 78 ha sido pilotada por una entidad supranacional sin nombre ni rostro, desconocida de casi todos los españoles, abiertamente masónica y anticristiana en lo externo, furibundamente genocida y satánica por dentro. La debacle, cuatro décadas después del inicio del experimento, salta a la vista: España es hoy una patria devastada en todos los órdenes, sobre todo en el plano moral y religioso. Y no podía ser de otro modo, puesto que la gran meta de la Sinarquía que opera al servicio de la Satanocracia es la de siempre: volver a crucificar a Cristo y borrar el cristianismo de la faz del planeta. Por fortuna para los católicos, sabemos que esta furia satánica, aunque imparable, fracasará tarde o temprano. Y es que mientras el mundo da vueltas, la Cruz permanece fija y estable.

Acaba de hablar de un término que quizá nuestros lectores no conozcan: “Sinarquía”. ¿Puede explicarnos qué es?

Por supuesto. La “Sinarquía” es el sustrato sobre el que se retroalimenta el gobierno oculto mundial. Me explicaré: si en el mundo antiguo, la Sinarquía (syn [integración/concentración] + arkhia [poder/gobierno]) era la unión de varios príncipes coaligados para la dominación de los pueblos, hoy es algo mucho más sutil y diabólico, cohesionado en la unión de las fuerzas financieras y económicas multinacionales, asociadas en un tremendo poder a otros organismos pantalla, para así gobernar al Sistema-mundo a su libre voluntad y por medio de las tácticas recurrentes de diseño (conflictos bélicos, explotación humana, difusión de enfermedades y pandemias, masificación en núcleos urbanos, ignorancia y/o atraso de las masas, etcétera). Todas las sociedades humanas están siendo sometidas, bien por agrado, bien por la fuerza, a los designios de esa imparable inercia que llamamos Sinarquía.

Para terminar, ¿existe esperanza ante este escenario indeseable?

Por supuesto, aunque no convendría lanzar cohetes tan alegremente. Sabemos que más pronto o más tarde el Nuevo Orden colapsará, puesto que está destinado a ello por ser una obra humana intrínsecamente malévola y torcida, de inspiración diabólica. Su fracaso, sin embargo, supondría asimismo el derrumbamiento del mundo actual tal y como lo conocemos. Conforme el mundo vaya siendo sometido más y más en la cosificación material de los cuerpos y la destrucción de toda posibilidad de vida del espíritu, el Nuevo Orden irá ganando terreno, al menos aparentemente... pero su ruina estará cada vez más cerca. Toda aquella obra que se edifica violentando las leyes naturales más elementales termina por venirse abajo. Al fin y al cabo, la Satanocracia que alienta el Nuevo Orden es una aberración, un engendro repugnante, una monstruosidad satánica, y en su planificación mundialista se llevará por delante a incontables víctimas inocentes. El dilema es: ¿cómo podemos evitar participar de su impulso devastador? Mucho me temo que la mayoría de la población no esté preparada para resolver esta pregunta vital, pues en ella va nuestra supervivencia como católicos a medio y largo plazo. Pero aquí mi consejo es claro: darle la espalda a los medios de desinformación del Sistema, mantenerse firmes en Cristo, con mucha oración y más mortificación, y desde luego no hacer mudanza.

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