Hace ya años decidí confiar la defensa de mis magros derechos de autor a alguna entidad de gestión…

Una de ellas, la más conocida, y cuyos directivos y ex directivos están siendo juzgados en estos días, por presuntos delitos y fraudes económicos, en perjuicio de los socios, no me inspiraba ninguna confianza, pues estaba dirigida por un comunista millonario, o ex comunista millonario, que ya sabemos que la izquierda caviar en cuando se convierten en millonarios, pasan a ser capitalistas feroces.

Era socio, por aquél entonces, de la Asociación Colegial de Escritores, germen de la institucionalización de la profesión de escritor, esa actividad de que podríamos decir lo mismo que se decía antaño de los maestros: “pasas más hambre que un maestro de escuela”, y esa asociación había firmado un convenio con CEDRO, Centro Español de Derechos Reprográficos, que nos permitía integrarnos sin coste alguno en la nueva entidad.

Y así lo hice.

Desde entonces, he ido recibiendo periódicamente los reducidos rendimientos que dan mis libros, por muchas y diversas razones, tanto por la existencia de numerosas copias piratas, como por el impago por parte de las administraciones públicas de los derechos por el préstamo de libros en bibliotecas públicas, etc.

Hace unos años, con ocasión de la caída de ingresos de la entidad, se publicaron algunos artículos en la prensa diciendo que CEDRO gastaba un tercio de sus ingresos en su propio funcionamiento, alquiler de su sede central en una de las zonas más caras de Madrid, arrendamiento de varias plazas de garaje para sus directivos, una directora general que cobraba ¡el doble que el presidente del gobierno!, etc., e indignado por esta situación, y por mis reducidos ingresos como autor, escribí a la persona que ocupaba la presidencia a la sazón, doña Carmen Riera, sin ninguna esperanza, simplemente para dar salida a mi mal humor y cabreo…

Cual sería mi sorpresa cuando esta señora me contestó, muy amablemente, diciendo que habían considerado en junta directiva mis quejas y propuestas, y decidido cambiar la sede a una más económica, “negociar” la salida de la directora general de la entidad, suprimir el arrendamiento de plazas de garaje, etc., como formas de reducir los gastos, puesto que si los ingresos no crecen, habrá que reducir los gastos, no queda otra.

¡Por cierto, estas medidas podría aplicárselas el gobierno que tenemos la desgracia de padecer, que ha pasado de 13 ministerios a 23!

Es verdad que aumentaron un poco los ingresos para los socios, pero no sería honesto si no explicara las últimas medidas tomadas por CEDRO en beneficio de sus socios autores, que somos los escritores, traductores y periodistas:

  • Este año, con ocasión del COVID-19, CEDRO adelantó el pago de los derechos a los autores, de forma que pudimos recibir nuestro dinero con algunos meses de antelación a las fechas ordinarias de reparto…, para compensar la reducción de ingresos, la práctica paralización de la actividad editorial, presentaciones de libros, conferencias, etc.
  • Asimismo se convocaron ayudas de subsistencia, destinadas a los autores que se encuentren en situación de necesidad, como consecuencia de la carencia de recursos económicos, o problemas de salud.
  • También se conceden ayudas, de hasta doscientos euros por socio y año, para la adquisición de material óptico, audífonos y tratamientos dental, podológico y fisioterapia de rehabilitación, obviamente con un período mínimo de asociación a CEDRO.
  • Y, por último, se ha creado el Fondo Covid-19, destinado a dar ayudas económicas temporales para aquellos autores que se hayan visto afectados por la pandemia.

En definitiva, y como es de personas honradas ser agradecidos, quiero dar constancia pública de esta obra social de CEDRO, y termino diciendo que si CEDRO no existiera, habría que crearlo.