En marzo, éramos ingenuos y creíamos en las brujas. Creíamos que todo esto era casual, "una desgracia de la naturaleza", y que la especie humana se enfrentaba a la pandemia mundial con heroísmo y voluntad, poniendo todos lo mejor de nosotros mismos, remando todos en la misma dirección para conseguir la vacuna, la curación de los enfermos y la buena salud de los demás. Seis meses después podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que casi todo eso era mentira. Vivimos en la era de la falsedad y de la traición.
 
Ni el virus es un error de la naturaleza, ni todo esto que estamos viendo es casual, ni por supuesto los políticos reman todos en la misma dirección, sino justo lo contrario. La pandemia está siendo una excusa para acelerar un cambio de régimen en España y un cambio de paradigma en el mundo. Un cambio proyectado por la masonería universal, con Soros y Gates al frente, que los distintos gobiernos del planeta van cumpliendo, cada uno a su manera, pero con un objetivo común: el control absoluto de las vidas de las personas y la reducción drástica de la población, gracias sobre todo al aborto y la eutanasia.
 
Que Madrid esté cerrado perimetralmente desde el viernes por la noche es la confirmación empírica de lo que decimos. Primero, por la evidente inutilidad de la medida para evitar los contagios, toda vez que los movimientos están permitidos dentro de los municipios con peor situación epidémica. Es un golpe terrible a la economía de la región, que es tanto como decir a la economía nacional, porque Madrid es el corazón, el pulmón y los riñones de España. Aquellas pymes y autónomos que estaban intentando recuperarse poco a poco del mazazo de marzo ven, de nuevo, cómo se les cortan las alas, haciendo imposible su supervivencia.
 
Las calles y barrios de Madrid se empiezan a parecer peligrosamente a otras capitales del mundo que hoy son irreconocibles. Tiendas y tiendas vacías, familias que han echado el cierre a sus pequeños negocios y que se ven abocadas a vivir de una pensión, de un subsidio..., en definitiva, del maná del Estado. Ese es uno de los objetivos que socialistas y comunistas tienen para España, y que en realidad han tenido siempre en todo tiempo y lugar: hacer a los ciudadanos dependientes del Estado. Darles una paguita que les sirva para no morir de hambre, pero estar siempre en la pobreza, sin posibilidad alguna de salir de ella por su esfuerzo o su trabajo.
 
El paraíso de Marx y de Lenin está cada día más cerca de la Tierra gracias a este virus que (insisto en esta idea) simplemente ha acelerado unos planes mundiales que estaban cocinándose desde hacía mucho tiempo. Y que sólo necesitaban de una generación de políticos sin escrúpulos, sin Fe, sin alma, sin conciencia, sin más deseo que el poder y el dinero, para ejecutarlos. Hoy, España es el laboratorio mundial de esos planes macabros. Dice la OMS que no encuentra explicación a por qué nuestro país es el que tiene más muertos y más contagiados por la pandemia en toda Europa. Pero en realidad es al revés: son precisamente ellos quienes conocen exactamente esas razones.
 
Sánchez e Iglesias saben que Madrid ha representado en las últimas décadas lo contrario de su ideología: ha sido la región del emprendimiento, de la prosperidad, de la riqueza y la productividad. Madrid ha venido siendo lo mejor de España, y por eso la izquierda no gobierna en Madrid desde hace décadas. Por eso Madrid es hoy el objetivo primordial de socialistas y comunistas. Por eso Isabel Díaz Ayuso es el objetivo a batir. Y por eso, desde el viernes por la noche, nadie puede entrar ni salir de la región, salvo para algunas actividades. Un golpe mortal, un tiro de gracia a la economía que además será completamente inútil para evitar más contagios.
 
Ángel Gabilondo ha vuelto a anunciar en la Asamblea de Madrid que pronto llevarán a cabo la moción de censura contra el gobierno de derechas. Ignacio Aguado no tendrá mayor problema en ser presidente acompañado y sostenido por quienes están arruinando España. Todo está ya atado y bien atado para que Madrid deje de ser el muro de contención del populismo de extrema izquierda, y pase a encabezar el gran subsidio nacional. Millones de españoles extendiendo su mano, en pie famélica legión, para que el Estado les dé un chusco de pan y un cacito con agua. El sueño de Carlos Marx hecho, por fin, realidad.