5º).- Casa Labra: Es un bar-restaurante en Madrid ubicado muy cerca de la Puerta del Sol (calle de Tetuán, 12). La portada afirma su existencia desde 1860.

Se trata de un local en el que se puede comer de pie (cuenta con muy pocas mesas en la zona de bar) unas tapas de bacalao frito ​ (también conocidos como Soldaditos de Pavía) o atún con tomate. Mantiene el servicio separado: la comida (tapas) se pide en una especie de taquilla con mostrador, y la bebida en la barra. Destaca un gran espejo de la época donde hay un cartel que dice "El que bien bebe hace lo que debe", recordando la obligación de abonar lo consumido. En un apartado interior se puede sentar y hay servicio de mesa.

El local mantiene la decoración de antaño. Adyacente está el restaurante donde se pueden probar especialidades de la gastronomía de Madrid. Se puede acceder desde el interior. Desde comienzos del siglo XXI se ha habilitado una terraza exterior que da a la calle, esto evita comer de pie.

Especialidades

Este sitio de reunión se ha especializado en servir «Soldaditos de Pavía» (bacalao rebozado y frito), croquetas de bacalao y tacos de atún. Se sirve como bebida cervezas (cañas) o vino (Valdepeñas). El restaurante posee buenas especialidades en bacalao.

6º).- Café Gijón

El Café Gijón (llamado también Gran Café de Gijón) es un establecimiento de Madrid, famoso por sus tertulias a lo largo del siglo xx. Situado en el número 21 del paseo de Recoletos, fue fundado el 15 de mayo de 1888 por Gumersindo Gómez (o García), un asturiano afincado en la capital de España.​ Dispone de una terraza en el pasillo central del paseo, y es uno de los pocos cafés de tertulia sobrevivientes en el Madrid de comienzos del siglo xxi.

El café se inauguró el 15 de mayo de 1888, después de que el gijonés Gumersindo Gómez adquiriera y dispusiese el local que todavía ocupa en el paseo de Recoletos, ​ entre las calles de Prim y Almirante.

A finales del siglo XIX estaban en su apogeo los cerca de catorce cafés de la Puerta del Sol. ​ Por ejemplo, el Café de Fornos y el Suizo situados en la calle de Alcalá, y eran la moda que atraía a la mayoría de la clientela de tertulia. El nombre del local se fijó en honor de la ciudad natal de Gumersindo. A pesar del lujo no dejaba de ser este café, entre los cientos que había en la época, un simple café de barrio. ​ El éxito del negocio en los primeros años era precisamente que Recoletos era un lugar de paseo habitual en verano. El café atraía a los viandantes casuales y se consumían horchatas, un agua de cebada o de limón, una zarzaparrilla o cualquier refresco al uso de la época. En los meses de otoño los paseantes desaparecían, disminuyendo los tertulianos en el Café.

Poco a poco se fueron instaurando las tertulias en sus típicas mesas de mármol; se hablaba de política, de toros y de sucesos truculentos como el famoso crimen de la calle Fuencarral (asesinato en Madrid en 1888 de Luciana Borcino). Los tertulianos provenían a veces del cercano teatro Príncipe Alfonso. Gumersindo llevaba el local desde un atrio elevado y pronto abrió una terraza en el paseo enfrente del local. Los primeros clientes famosos fueron José Canalejas, que discretamente se sentaba en una mesa y tomaba a solas su café hasta el día de su asesinatoSantiago Ramón y Cajal, acompañado las más de las veces de un alumno; Benito Pérez Galdós, acompañado. Uno de los personajes primerizos fue Valle-Inclán que era atraído por el frescor de la terraza, buscando tranquilidad del bullicioso Café de la Montaña, a veces del Kursaal de la plaza del Carmen.

Una de las primeras musas en aquellos primeros años fue madame Pimentón, objeto de burlas y chirigotas de los tertulianos, mujer popular que frecuentaba algunos cafés de la periferia a comienzos del siglo XX.

7º).- Café Comercial

Debo resaltar, el cariño que me une a este precioso Café, ya que era el centro de reunión todas las tardes, mi padre y madre q.d.e.p., con sus numerosos amigos, por las tardes, para tomar su cafetito y charlar alegremente de sus cosas. 

Por allí correteaba yo de niño, con no más de 7 años, jugando al escondite entre las mesas o con juguetes, con otros niños

Su lugar de reunión vespertina estaba situada al fondo a la izquierda, la primera ventana que daba a la Glorieta de Bilbao, precisamente en estos asientos que figuran en la siguiente fotografía, aunque están renovados, pero eran del mismo color. Los veladores eran de mármol

 

El Café Comercial abrió sus puertas en 1887, y en sus más de cien años de existencia se vivieron tertulias literarias, intrigas políticas, y muchas tardes de lecturas. Como ejemplo, fue aquí donde Camilo José Cela tomó nota para escribir su célebre novela La Colmena. 

Por eso, cuando este café inició su andadura el año pasado renovado, pero conservando su espíritu de café castizo y antiguo, lo celebramos a lo grande.

El grupo El Escondite ha sido el encargado de dar una segunda oportunidad al mítico café. Su barra principal, así como los espejos, suelos, mesas de mármol negro, sillas de madera y sus lámparas de cristal nos hacen un guiño desde el pasado. 

Como novedades, las caricaturas de grandes autores literarios como Blas de Otero, Antonio Machado, Camilo José Cela o Gabriel Celaya, entre otros.

Un sitio ideal para desayunos o meriendas, café con buenas tartas, bollería, tortitas, y sobre todo su riquísimo chocolate con churros. 

Y como icono madrileño, El Café Comercial tiene hasta su propia estrofa de un famoso chotis: “¿Quiere usted tomar un café rico? Acuda al Café Comercial que es exquisito».

8º).- Capilla del Obispo

La plaza de la Paja es una de las plazuelas del Madrid medieval. Tiene este nombre debido a que aquí se vendía la paja que llegaba a Plasencia.

En 1997 se reformó para que tuviera el aspecto que tendría en el siglo XVIII y algunas fachadas de los edificios tienen el color ocre que lucían en el siglo XIX.

La Capilla del Obispo fue construida para albergar los restos de San Isidro y es el conjunto artístico más importante del Renacimiento en Madrid. Los restos del santo estuvieron aquí entre 1518 y 1544.

9º).- Iglesia de San Andrés

Esta iglesia se construyó en la edad media en pleno barrio de la Morería. Fue capilla real y aquí venía a rezar San Isidro.

Durante la Guerra Civil fue destruida e incendiada, solo se salvó la capilla de San Isidro, que fue añadida a la parroquia en el siglo XVII cuando canonizaron al santo en 1622.

10º).- Chocolatería San Ginés

En el año 1890 se abrió el local para mesón y fonda en el pasadizo de San Ginés, y en 1894 se transformó en churrería.​ Emplazado junto al Teatro Eslava, su fama empezó cuando la gente a la salida del teatro acostumbraba a tomar un chocolate con churros. ​ Popular lugar de reunión de noctámbulos, también fue más tarde lugar de cita para los que salían de la discoteca de Joy Eslava.​ Durante la Segunda República se conocía como “La Escondida”. ​ Por su cercanía con la Puerta del Sol y su horario nocturno todo el año,​ es el lugar, si se tiene paciencia, donde se suele tomar el primer chocolate del Año Nuevo.

Vista interior con espejos y mesas de mármol.

Conserva la estética de los cafés de final de siglo xix, distribuido en dos plantas con mesas de mármol blanco y mostrador revestido de azulejería. ​La fachada de la chocolatería se eligió como uno de los pasos del recorrido cultural la noche de Max Estrella siguiendo la obra teatral Luces de Bohemia de Valle-Inclán.

En 2010 se inauguró una chocolatería San Ginés en Tokio, en barrio de Shibuya, adaptando sus productos a los gustos nipones.

11º).- Plaza de Toros de las Ventas

Entre los años 1913 y 1920, el toreo adquiere tal auge en España que la plaza de toros de Madrid, construida en 1874 en la carretera de Aragón (actual calle de Alcalá, en las inmediaciones de la calle Goya) se queda pequeña. Fue José Gómez "Joselito", quien manifestó la conveniencia de construir una plaza de toros de mayor tamaño[cita requerida] , llamada monumental, que abriera el espectáculo a toda la ciudad y abaratara el precio de las entradas (téngase en cuenta que al no haber televisión, la única forma de ver un espectáculo taurino es acudiendo a la plaza). Hacia 1918 la Diputación Provincial, propietaria de la antigua plaza, accede a construir un nuevo coso. Es un amigo de Joselito, el arquitecto José Espelius, quien pone en marcha el proyecto.

 

La familia Jardón, también ganaderos de El Jaral de la Mira, cede unos terrenos a la Diputación Provincial de Madrid, en las llamadas Ventas del Espíritu Santo, con la condición de explotar el coso taurino durante cincuenta años. La propuesta es aceptada por la diputación el 12 de noviembre de 1920 y el 19 de marzo de 1922, se inician las obras. La construcción de la plaza costaría doce millones de pesetas de la época (cuatro y medio más de lo presupuestado) y sustituiría a la vieja plaza madrileña, en funcionamiento desde 1874. Las obras finalizaron en 1929 y dos años después, el 17 de junio de 1931, se celebra una corrida benéfica para inaugurarla.