Arrimadas llora, Ayuso descansa y Ábalos se esconde detrás de su infructuosa traición al más puro estilo socialista.

Ya ha quedado claro que la izquierda madrileña hizo una apuesta fuerte para intentar frenar lo que sabía que no tendría vuelta atrás. Esa actitud ha demostrado que estaba en fuera de juego y que no esperaba una reacción tan valiente como la que tuvo Díaz Ayuso. Han tocado hueso. Y lo han tocado tan duro que no saben por dónde roer; además, la actual presidenta de la comunidad de Madrid tiene detrás un equipo tan fuerte como ella, con un aval que no es fácil de igualar. Me refiero a MAR. Sí, Miguel Ángel Rodríguez, el mismo que dirigió los pasos de Aznar, desde el punto de vista de la comunicación, en Castilla y León. Ahora lo hace con Díaz Ayuso.

Quienes tuvimos la fortuna de seguir su trayectoria en Castilla y León y antes en El Norte de Castilla, sabemos de qué hablamos. Aquel muchacho sin experiencia que aterrizó en el decano de la prensa española, fundado en 1854, hoy tiene un bagaje impresionante. Y aunque muchos periodistas y analistas de hoy sólo lo vean como el actual jefe del gabinete de Ayuso, Miguel Ángel es más que eso. Mucho más. Su jefa se llevará todos los méritos políticos, pero veo a diario que la mano de MAR está detrás. Este correoso periodista, experto en comunicación y que tanta envidia suscitó en otro tiempo político, desde que llegó al Palacio de la Asunción en Valladolid, no da puntada sin hilo y suele ir por delante de los acontecimientos, casi siempre un pasito por delante. Comenzó con un duro artículo contra Aznar, éste recién llegado desde la Inspección de Hacienda de La Rioja, y acabó siendo su jefe de comunicación, amigo y confidente.

De la misma forma que supo de la liberación de Ortega Lara antes que el propio Aznar, incluso tenía preparada la comunicación cuando el presidente popular se puso en contacto con él, estoy convencido que su bien ganada fama de lince le ha llevado a ir por delante de esta izquierda ratonera que elevó recurso al TSJM con ánimo de torpedear y ganar tiempo, incluso para entorpecer el funcionamiento del tribunal. El susto no lo han digerido aún.

Una vez demostrado que hasta los jurídicos de la Mesa de la Asamblea madrileña presuntamente ocultaron la realidad en su recurso, quiero ver cómo actúa la Justicia contra eso, contra el retorcimiento de poner el carro por delante de los bueyes y contra su presunto ‘animus iocandi’.  La nueva victoria de Ayuso es triple porque lo es tanto judicial como política y moral. Por estas mismas fechas, hace un año, ya andaban metiendo el dedo en el ojo a Isabel. ¿Recuerdan? ¿Acaso no se vio obligada a cesar a un consejero de Ciudadanos por actuar a traición?  ¿Acaso no recuerdan la cólera de Aguado ante tal medida?

Ya no hay vuelta atrás en el camino a las urnas. Sin duda, un camino que estará salpicado de figuradas pedradas, palos en las ruedas, charcos en la ruta y envenenamiento de los caballos, permítaseme la exageración de guerrilla. Tanto desde la izquierda informal como desde la amoral y ratonera llevan toda la tarde incendiando las redes. Lo mismo socialistas que comunistas y ‘naranjitos’ no dejan de ‘ladrar’ contra la presidenta. Los insultos y pedradas dialécticas –sentidas desde lo más profundo de su asentado y demostrado odio— son una muestra evidente de que en la izquierda se teme sobremanera la opinión del pueblo. Tampoco dudo de que el ‘naranjerío’ ha perdido su tren político, su mamandurria personal y su chiringuito de feria. Ayuso ha demostrado que la confianza en sí misma es el primer secreto del éxito.

Esta semana tendrá que dar explicaciones la veleta mayor de Ciudadanos y se va a encontrar frente a la inutilidad y desvergüenza de su espejo. Mirar a otro lado para no dimitir hará que su prestigio quede hundido y el respeto hacia ella será nulo. Ni que decir tiene que, a partir de ahora, en todos los foros a los acuda será la diana de improperios y el imán del desprecio. Lo último de un político digno es hacer una moción de censura al Gobierno en el que está presente, traicionar a sus compañeros, aliarse por egoísmo con el líder de la traición nacional, Sánchez, y querer negociar beneficios personales; máxime, sabiendo que su partido se ahoga.

Ha actuado como el capitán Araña; es decir, embarca a los demás y ella se queda en tierra. ¡Márchese, señora Arrimadas, márchese de la política!