Los presupuestos del Ayuntamiento de Madrid que el PP ha aprobado con el apoyo de Ciudadanos y los tránsfugas de Carmena han desvelado por fin la verdadera naturaleza de José Luis Martínez-Almeida. Con tal de no pactar con VOX, ha preferido echarse en brazos de la izquierda y ceder a todas sus presiones. Dice el alcalde que él no tiene socios fijos, que “sus socios son los madrileños”. Lo que le pasa realmente es que, como la Gran Bretaña de Lord Parlmerston, “no tiene amigos, solo intereses”. Esta es la característica esencial de todos aquellos que carecen de principios. Como ninguna afinidad moral ni ética les ata, pueden estar lo mismo un día con unos que al siguiente con los contrarios mientras con ello saquen su propio beneficio. “Bendita pluralidad”, lo llama Almeida.

Que el alcalde es un hombre sin principios está fuera de toda duda. En la aprobación de sus presupuestos han ido de la mano todas las vilezas: deslealtad, mentira y cobardía.

Deslealtad porque no hay que olvidar que cuando Almeida llegó al ayuntamiento en mayo de 2019, el PP estaba en caída libre, Pablo Casado acaba de perder 71 escaños, dejando al partido en peor resultado de su historia. Almeida no ganó esas elecciones, las ganó Carmena, y fue porque VOX, que entraba por primera vez en el pleno, le dio sus votos, que pudo llegar a la alcaldía y desalojar a la izquierda. Hoy se lo paga marginándolos y pactando en cambio con los seguidores de Carmena.

Mentira, porque Almeida ha incumplido todas sus promesas electorales, engañando a los votantes del PP. Prometió y hasta llevó de eslogan que eliminaría Madrid Central, esa salvajada con la que los fundamentalistas del climatismo engrosan las arcas del ayuntamiento a base de multas y restricciones. VOX, como es lógico, le pidió eso como condición para sacar unos presupuestos y el alcalde, faltando a su palabra, se ha negado tan cerrilmente a quitar el invento de Carmena que hace dos años tanto criticaba que con tal de salvarlo ha preferido echarse en brazos de la izquierda.

Pero la vileza más grande todas es la cobardía con la que el alcalde se ha rendido ante los principios de la izquierda. Almeida se declara a sí mismo “católico practicante”, y su fe es una carta que ha jugado recurrentemente para atraer el voto de la derecha conservadora. Y es que un abogado del estado de apellido compuesto, educado en Retamar y que presume de cristiano parece el sueño ideal de toda la alta burguesía católica. En un encuentro con jóvenes organizado por la Universidad CEU San Pablo en julio de 2020, Almeida animó a la audiencia a dar un paso al frente en defensa de los valores cristianos y participar en “un rearme de la sociedad”.

Se trata, por increíble que parezca, del mismo hombre que acaba de retirar la financiación pública a la Fundación Madrina porque sus nuevos socios consideran que esta asociación caritativa que cuida de madres en riesgo de pobreza “acosa a mujeres en las clínicas de interrupción del embarazo”, mentira habitual que se lanza contra todas las asociaciones que no comulgan con el abortismo. Es decir, que Almeida ha castigado a una fundación benéfica por defender la vida de los no nacidos. Que firmase este pacto el 28 de diciembre, día que la Iglesia conmemora a todos los niños inocentes víctimas del aborto, es seguramente una casualidad, aunque demuestra la importancia que el alcalde da a sus supuestos principios cristianos. Mientras se quita el dinero a las asociaciones católicas, el pacto se completa con 150.000 euros más en subvenciones para las asociaciones LGTBI y 500.000 euros para la celebración del Orgullo. La llamativa polémica sobre el nombramiento como hija predilecta de Almudena Grandes, una notoria anticristiana que se burló de las violaciones de monjas en la Guerra Civil, solo ahonda en esta vergüenza. Pero como afirmó ufano en una ya famosa entrevista a OKDiario: “Almudena Grandes no merece ser Hija Predilecta de Madrid pero yo he sacado unos Presupuestos”.

Esta vergonzosa claudicación moral debería generar en cualquier creyente una inmediata repugnancia hacia un político que vende su fe por un plato tan parco de lentejas. Pero no confundamos el árbol con el bosque: la deslealtad con los socios, la mentira sistemática al votante y la cobardía ante cualquier lucha moral con la izquierda no son solo vicios de la persona de José Luis Martínez-Almeida, son las marcas de identidad que siempre han caracterizado al Partido Popular.