Ojo con la euforia en la derecha y en lo que llaman centro-derecha. Ganar unas elecciones no implica que automáticamente se pueda gobernar. Si no, que se lo pregunten al Psoe que en las pasadas elecciones madrileñas ganó en número de votos, pero la alianza PP + C´s + Vox le birlaron el gobierno en favor de un gobierno PP + Cs.

El vodevil de mociones que hemos vivido estas semanas pasadas y la irrupción de Iglesias en el ruedo electoral madrileño a celebrar el 4 de Mayo y, sobre todo, la perspicaz actuación de la presidente hoy ya en funciones en la rápida convocatoria de elecciones, han suscitado innumerables especulaciones sobre los resultados y posteriores alianzas.

Ha sido la sagacidad de Isabel Ayuso frente a la traición naranja y la naturalidad y arrojo con que plantó cara a las mentiras de las izquierdas, la que ha hecho que se crearan grandes expectativas entre el electorado de centro y derecha sobre una posible mayoría electoral, que algunos elevan incluso a una mayoría absoluta. Fiarlo todo, sea mayoría del PP o la absoluta al solo poder ilusionante de la persona de Isabel Ayuso es un error, un craso error.

La cosa no funciona así y de manera especial entre el electorado madrileño. Hay que olvidarse de partidos singulares, que nunca van a obtener una mayoría absoluta por sí mismos, sino que más bien hay que pensar en grandes bloques ideológicos. En dos, como mucho. Vista así la cuestión, cualquier euforia no tiene sentido.

En Madrid, al tratarse de una región uniprovincial y existir distrito único, no rige la ley D´Hont y por tanto tampoco existe el voto útil, existiendo absoluta proporcionalidad a partir del 5% exigible para acceder a tener representación. Da exactamente lo mismo votar a PP que a Vox porque todos van a contar en el recuento de igual manera. Ojo también con el voto masivo a Ayuso, ya que si éste se vuelca en el PP y Vox no alcanzase el 5% de votos para entrar en la asamblea, la mayoría sería para el bloque de las izquierdas porque todo ese voto por debajo del 5% se tiraría a la basura, no podría sumarse a Ayuso y esta no sería presidenta.

Decía también que las elecciones madrileñas van más de bloques que de partidos concretos y la dicotomía derecha vs izquierda funciona, con la única excepción de Ciudadanos, el candidato a desaparecer no se si como partido o como presente en la asamblea regional, que actúa siempre a modo de partido comodín.

En estas próximas elecciones existen a mi juicio dos grandes incógnitas, al margen de si sube o baja el Psoe, o si UP supera a MM. La primera incógnita es si Ciudadanos obtiene representación o no en la asamblea y en qué número y adónde irán a parar esos votos caso de conseguirse el mínimo 5% de los sufragios, que yo me malicio lo harán al PSOE y por ende adónde irán a parar los votos desencantados de Ciudadanos que ya no van a tener como destinatario a este partido.

El caso de UP es otro caso a añadir al de Ciudadanos, en que tampoco existe ninguna certeza de que pueda obtener representación parlamentaria, ni adónde irá a parar el voto de sus ex votantes, que muy, muy mayoritariamente lo serán a cualquier otro partido de izquierda. El resto de partidos funcionan más como bloques de suma cero. Es decir, que lo que unos pierden lo ganan otros. Y como siempre, en toda votación, la otra gran incógnita es la cuantía de la abstención.

La gran paradoja es que un partido, con una amplia ficha de intrigantes y traiciones, que se ha auto inmolado y convertido en los escombros en que han devenido todos los partidos de centro que en la reciente historia han sido -UCD, CDS, UPyD y ahora C´s- tenga la llave de unas elecciones y muera matando, apuñalando casi con toda seguridad a la derecha. Repito, ojo con la euforia de algunos.