A simple vista, para muchos profanos, a lo mejor no les suena. Pero Antonio Reyes Montoya (Chiclana de la Frontera, 1977, Cádiz) lleva ya mucho camino recorrido, con la sombra del éxito a su espalda, desde que, un buen día, decidió dejar su cuna natal para poner cante al mundo, a través de lo que le ocurría e inquietaba.  Porque el duende, señoras y señores, nace dentro, en lo más profundo del ser, no se hace.

No en vano, es hoy uno de los cantaores más reconocidos del panorama flamenco actual. Prueba de ello, es su nominación, la segunda, a los prestigiosos Grammy Latino 2020, la pasada fue en 2016, ahora por “Que suene el Cante”, como Mejor álbum de música flamenca. Junto a Diego del Morao. Ahí es nada.

Y es que como se dice, de casta le viene al galgo si vale el símil. Nacido en una honorable familia flamenca, de donde brotó esa mágica inspiración, como no podía ser de otra manera. Su abuelo, el magistral “Jarrito”, Antonio Montoya y, su tío, del gaditano San Roque, Roque Montoya,  apodado también “Jarrito”, para que complicarse. Lo bueno ya sé sabe… Precedieron sus pasos en esta su educación y bautismo flamenco, cuando desde chiquillo, a eso de siete años, se arrancaba en lo suyo durante la fiesta de La Parpuja, con notables dotes. Y ya no quiso parar.

Así se consagraba su arte y contagiaba de alegría todas las estancias por donde se dejaba caer, para el deleite de todos.  Boca abierta. Al compás siempre de los grandes, Porque hay que ser humilde en esto. Como en esta presentación donde cabalga en una nueva estela brillante con Pepe del Morao, a la guitarra. Manolo Nieto, al bajo eléctrico. Luis de Perikin a la percusión. Y las voces y palmas con firma propia de Los Mellis.

Una actuación que se enmarca dentro del Festival MEM (Madrid es Música) en el Teatro Fernán Gómez. Que viene a aliviar esta situación y nos arranque de este letargo y apatía cultural que sufrimos desde hace ya un tiempo debido a la pandemia, con una base impecable en la capacidad de composición y toque de guitarra, siempre abanderada en la mente por los mejores en este palo: Camarón, Lebrijano, Fosfórito o Paquera.

Siempre arropado por virtuosos sonidos de la española, como Manuel Morao, Moraito Chico, Tomatito, Paco Cepeda o Manuel Parrilla entre otros. Para esta puesta de largo en la capital le acompañan en su gira de vida: Diego Amaya, del Morao o Dani de Morón.

Un artista de altura, elegante,  distinguido donde los haya, en constante crecimiento, galardonado en numerosas ocasiones, como su álbum “Directo en el Círculo Flamenco de Madrid” Premio Flamenco de Hoy en 2015, el Giraldillo de la Bienal de Sevilla, en 2014. Premio Manolo Caracol y el nacional Antonio Mairena de Córdoba, en 2001. Engrosan el nutrido palmarés junto al que le concedió la cadena autonómica RTVA Flamenco Radio.

Una trayectoria intensa, despacio, pero sin pausa, como los buenos guisos,  que ha paseado por diferentes escenarios no solo nacionales, como el prestigioso Festival del Cante de las Minas de la Unión, Suma Flamenca o el de Jérez. Cruce de fronteras Nimes o Mont de Marsans. O a menor escala, Gazpacho de Morón o Potaje de Utrera. Porque Reyes Montoya, como su apellido reza, es un rey con su cante allá dónde pisa.

Ahora, recae en la capital con éste su tercer trabajo, quizá más maduro, más intenso, más reflexivo, limpio que no viene sino a completar una excelente carrera profesional. La terna iniciada ya en 2008 con “Viento del Sur”, de Moraito Chico y Alfredo Lagos y “Directo en el Círculo Flamenco de Madrid”, Mejor disco de cante en 2015, junto a Diego del Morao. Una ocasión sin igual para los amantes del flamenco puro y los próceres, para abrir los sentidos del alma como una cura total, que sin duda, no dejará a nadie indiferente y, si un poso, un buen sabor de boca. Y es que ya se sabe, lo bueno, casi siempre, se hace esperar.

Que suene el Cante”, Antonio Reyes. Cantaor.

Teatro Fernán Gómez. 6  de noviembre 2020.

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