El memorable BUP del Txurdinaga Behekoa. Y con ganas de largarnos a Madrid, octubre de 1993. A Madrid, sin remordimientos, como certeramente entona El Barrio. Todo preparado.  Frikardos jarreros, la mayoría de Santuchu. Otros, menos, de Churdi. Uno de Bolueta.

Joseba el Largo, Txabirulo el Loco, Bego la Pezones, Aingeru el Marconi, Cuevitas, Patxuco, Zoraida la Mora, Franitxu, Lourdes la Pija, Maider la Borroka y quien estas líneas emborrona. Buenos amigos, la verdad, muy buenos, reventones de naciente juventud, hormonas andantes. Luego la pista se pierde. Pero ese día, en la Villa y Corte, el más grande, Jean Michael Jarre. Y hacia allí nos dirigíamos.

Nuestro gozo en un pozo (inundación, vamos)

Hipódromo de La Zarzuela, lugar. La primera ocasión en que el retoño de Maurice tocaba en Madrid. Jean Michael, puro genio y pura pose y pura megalomanía. Uno de los mayores vendedores de discos. Todo tan noventero, alborear. La lluvia dejó todo hecho una mierda. Nunca llueve a gusto de todos, nunca mejor dicho. O peor dicho.

El aguacero despedazó casi dos millones de vatios de potencia, un escenario de 150 por 70 metros, cuarenta rayos láser con alcance de cinco kilómetros de altura y una docena de gigantescas pantallas, alguna de ellas de casi treinta metros de alto.

Al menos, nos devolvieron las entradas. Eso sí, sin poder resolver la imperecedera duda de si era mejor Magnetic Fields II. U Oxygene IV. ¿Calypso? ¿Pero osas farfullar, tolandrón, tamaño desbarre? En fin.