Sus arreglos musicales se pasean por los escenarios de los grandes artistas internacionales. Su instrumento es el bajo y ha sido capaz de coronarse junto a artistas de la talla de Ricky Martin, Alejandro Fernandez, Julio Iglesias, Camilo Sesto, Michael Bolton, Carlos Baute, Cristian Castro y otros tantos. Se llama Ricardo Suárez alías “Rico”, y analizando milimétricamente su extenso currículum artístico es uno de los cubanos más exitosos de la historia contemporánea. A pesar de todo ello, su humildad y cercanía se mantienen a ras de suelo.

Sus antecedentes musicales le marcaron desde bien joven, encabezado por su padre que contaba con gran talento musical y seguido por su hermano que tocaba la trompeta. El apoyo constante de su progenitor fue clave en su carrera musical. Su formación musical en Cuba le hizo profundizar en música clásica, pero sin olvidarse de la salsa y la autóctona cubana.

No se olvida de sus orígenes y es por ello se encuentra tremendamente agradecido a los que desde un principio creyeron en él: el famoso director cubano de orquesta Panchito Alonso, y el archiconocido Emilio Stefan y Jon Secada que lo catapultaron en USA.

Desde sus inicios ha vivido y experimentado una profunda evolución y progreso que van desde ser bajista, productor y luego director musical. Su paso por EE.UU fue lo que propició descubrir nuevos mundos, perspectivas, retos pero también sacrificios. Todo esto le llevó a que su eterno sueño de la juventud de ser un Willy Fog musical se comenzara a cumplir en su propia piel.

Puede aprender una gran gama de conceptos musicales, y a la misma vez poder aprender de todos los estilos habidos y por haber. Él mismo afirma que “la música no para de enseñarle cosas”, y si bien atesora en lo mas profundo de su corazón íntimas y personales vivencias con muchos artistas, le quedan muchas metas por cumplir, de ahí su necesidad de reinventarse cada día.

El respeto y el amor que le tiene al escenario se encuentra fuera de toda duda y lo ha experimentado al estar ante audiencias de mas de 100.000 personas con Julio Iglesias en Argentina, o con Cristian Castro en La Paz (Bolivia).

Ha sido testigo de cómo grandes talentos se pueden esfumar como la espuma ante su falta de disciplina y un carácter que no ha sido pulido por la humildad y por no tener la consciencia de reconocer que los logros de uno también son los de otros muchos que han estado detrás apoyando en la medida de sus posibilidades.

El éxito le ha costado muchos sacrificios incluidos a veces los personales pues confiesa que compaginar vida personal y profesional no ha resultado nada fácil. Aún con todo su trabajo, su prioridad número uno es ser padre de tres bellas criaturas a las cuales ama.

Algunos de los consejos que pueda aportar a sus queridos no es otro que aspectos tan básicos e importantes como la puntualidad. Junto con ello afirma la necesidad de hacerse imprescindible y que la ausencia de uno sea manifiesta ante el grupo. Quizás sean estos algunos de los trucos mágicos cargados de gotas de sudor lo que le ha llevado a conseguir la reputación en el universo musical del cual forma parte desde hace un tiempo.

Cuando vayan a un concierto de alguno de estos grandes artistas con los que colabora, no le busquen gritando o haciendo piruetas extrañas, afinen bien sus oídos y búsquenlo al lado de su gran voz con la que se expresa: el bajo.