Han tenido que pasar casi treinta y ocho años para que la historia termine de poner en su sitio a Triana, aquel grupo de rock andaluz que dejó la carretera a finales de 1983, después de que la voz de Jesús de la Rosa, quedara apagada para siempre en aquel fatídico accidente que sufrió, cuando volvía de un concierto benéfico. ¡Siempre se han ido los buenos!

He mirado el teléfono al llegar a casa, después de haber tenido la suerte de asistir a la inauguración de la gira homenaje a Triana, con el que Medina Azahara recorrerá España en los próximos años. En uno de esos mensajes, Manolo me confesaba que se había emocionado. Seamos realistas y pongámonos en situación. ¿Emocionado? Hay que contabilizar por miles, la cantidad de apariciones que el cantante de Medina Azahara ha tenido a través de sus actuaciones, conciertos, entrevistas o cualquier otra intervención de todas las que ha hecho, para entender que al igual que Dios no se emociona al hacer milagros, la costumbre del día a día hace que artistas como estos, normalicen situaciones para poder transmitir esas emociones a los demás.

Pero hoy todos los que estábamos en el primer concierto de esta gira, sentimos algo especial. No era un concierto más en el que escuchar música desde una platea, un palco o un anfiteatro. Lo de hoy era otra cosa. ¡Hoy era el día!

¿De quién ha sido la idea? Esta mañana le hice esa pregunta a Manolo en una entrevista a tres junto a Nony Toro, e independientemente del protagonista al que debemos las lágrimas, las ilusiones y todo lo que hoy recordamos en Jorge Juan 62, Medina Azahara ha escrito una página en la historia de la música. Medina Azahara, Triana o Triana, Medina Azahara, así empezaba Manolo la historia de este concierto. ¡Y con eso me quedo!

Una vez se dijo, que la historia la escriben los vencedores. Y hoy Manuel, acompañado de los señores Ventura, Ibañez, Cobacho, Santiago y Gómez han ganado la guerra al tiempo y han conseguido traer al presente lo que muchos jamás pensábamos que podíamos llegar a vivir.

Esta noche fui capaz de sentir a Jesús de la Rosa y al Señor Troncoso, fui capaz de distinguir aquel Fender de ochenta y ocho teclas que dejó de sonar en 1983 e incluso me acordé de Morrison y su Spanish Caravan de los años sesenta. Me bañe en El Lago y mi mujer que dijo que lo de Tu Frialdad iba por mí.

Triana o Medina Azahara, da igual el orden. Hoy dos de los grupos más importantes del mundo del Rock, daban juntos un paso más, quizás el paso más grande en esta historia que empezó en Sevilla en 1974, que siguió andando en Córdoba cinco años después y que hoy se ha escuchado en Madrid, por encima de cualquier pandemia. ¡Medina Azahara, gracias! ¡Gracias Manolo!