No soy de remakes y son pocas las versiones que dejo entrar en mi vida. Lo auténtico y lo genuino. Prefiero el alma de lo clásico, eso que sentimos como único, lo que significa ser especial. ¡No entiendo hacer las cosas de otra manera! 

"Llegó el día". Así es este disco de versiones. Un remake diferente y que no por recordar canciones de hace más de cuarenta años, deja de ser "el original".  

Recuerdo aquellos días en que después de juntarnos en el aquel hierro que llamábamos "columpio" escuchábamos discos en cualquier aparato malsonante. Recuerdo aquellos discos que Movieplay editaba para Triana. El Patio o Hijos del Agobio. Aquellas canciones, Sr. Troncoso sin ir más lejos, Tu Frialdad, Sé de un Lugar o Quiero contarte. Canciones que marcaron una época, una infancia, un momento.  

Hay que tener mucho respeto para emular a los Jesús y demás trianas. Pero lo que es todavía más difícil, es tener la sabiduría y la clase necesaria para hacer de un disco homenaje, de un disco de versiones, un hecho histórico, un evento mundial que hoy será número uno de ventas por lo mucho que significa. Y por lo bueno que es. 

Solo Manuel Martínez y sus músicos, solo Medina Azahara y esos artistas que entran dentro de la nomenclatura "mejores del mundo" han sido capaces de hacerlo. Habrá contribuido la bien llevada producción de El Barrio y esos aires más flamencos que otras veces con el que han adornado algunos temas. Especial también algún coro que los antepasados del rock andaluz no incluían en los vinilos, las ganas o la ilusión. Pero por unas cosas o por otras, "Llegó el día" es una obra de arte, una genialidad que suena como si alguien desde el cielo hubiera echado una mano con un toque único que hace de esta obra, un punto y seguido en la carrera de uno de los grupos más importantes de la historia de la música. Medina Azahara. 

Estuve en la inauguración de La Gira. Una gira que hay que escribir con mayúsculas. Una gira en la que todo suma, pero que sin ser un espectáculo propio de Broadway, se siente desde el alma. Una gira en la que canción tras canción, sentimos, vibramos, lloramos y sobre todo recordamos lo que un día fuimos y quizás, lo que todavía nos queda por ser.  

Esta mañana te dije que ya solo os quedaba acompañar a uno de los grandes tenores de un firmamento distinto, para volver a tocar el cielo. Ese cielo en el que algunos han llegado y que desde allí hacen que seamos cada día un poquito mejor. Delante de vosotros, este que escribe, se quita el sombrero. ¡Gracias!