No hay nada malo en escuchar otras músicas, por supuesto, siempre que no sean demasiado ofensivas, primitivas o simiescas. Existe talento y buena música en los géneros popular, pop, rock, folk, etcétera. Pero nuestra música clásica contiene en un lenguaje sin palabras, a la vez oculto y a la vista de todos, una gran parte de la visión del mundo y del “alma” europea. No sólo se trata de una expresión particularmente elevada sino, también, un fenómeno único en la civilización humana, a cuya complejidad y riqueza sólo se acerca la música clásica de la India, que sin embargo es una cosa completamente diferente, literalmente otro mundo.

He aquí por tanto y en forma de breve lista, por qué tus hijos deberían crecer escuchando música clásica.

Porque como los antiguos romanos distinguían entre otium y negotium, así ellos comprenderán la diferencia entre el ocio y el negocio, desearán y buscarán realizarse en el ocio en vez de recargar las pilas para que otros hagan negocio.

Porque así aprenderán a escuchar en vez de saturar la mente y los sentidos con un estímulo más.

Porque comprenderán el valor del silencio y la concentración.

Porque aprenderán que la belleza y la profundidad se revelan a sí mismas poco a poco y no de golpe.

Porque liberará su mente del aturdimiento programado y el automatismo embrutecedor.

Porque aprenderán que el tiempo no es cantidad sino calidad; que no es uno sino calidades diferentes de tiempo; que no es un número en el reloj ni una sofocante línea recta, sino una curva de libertad que puede moverse adelante y atrás, fluir en círculos y en espirales; que no es uno sino muchos y cada uno distinto del otro

Porque les enseñará a ver matices dentro de los matices y a explorar la fineza de la realidad.

Porque aprenderán que la libertad está en la unión de la fantasía con la disciplina.

Porque les transmitirá un sentimiento del mundo y de la vida, irreducible al mundo de los antivalores de la economía y la materia.

Porque les enseñará que cada instante se extiende hacia el pasado y el futuro, y cada uno es diferente del anterior.

Porque les enseñará a valorar la excelencia, les vacunará contra el culto a la mediocridad, afinará su mente y su sensibilidad.

Porque les enseñará el lenguaje del sentimiento sin la razón expresa sólo lo que es pueril; que el lenguaje de la razón sin el sentimiento expresa sólo lo que es insignificante y un absurdo girar en el vacío.

Porque así aprenderán a distinguir entre una cara bonita y una bonita música.

Porque les enseñará a valorar las cosas que duran para toda la vida y también, en el mismo instante, las cosas que se marchitan enseguida y se han de disfrutar en el momento.

Porque les permitirá bajarse, al menos a ratos, del tren enloquecido de esta sociedad neurótica y desquiciada, les ayudará a liberarse del ansia y la impaciencia.

Creo que es suficiente. Y ahora que cada uno escuche lo que le dé la real gana.