Preludio, Fuga y Variación, opus 18, número 3, Cesar Franck. Momento culmen de su devenir musical, las Seis Piezas que remató entre 1859 y 1862. La infinitamente hermosa tercera de las Seis Piezas es el Preludio, Fuga y Variación, dedicada a Camille Saint-Saëns, un brillante, brillantísimo organista, a fuer de magnífico compositor.

Intensa, intensísima melancolía

La serenidad y el equilibrio, la pulcritud y la luminosidad del Preludio, la Fuga y la Variación apuntalan la orientación más arrebatadoramente clásica de Saint-Saëns. El límpido Preludio en si menor posee tenue y conmovedora melancolía, valga el aparente oxímoron, recordando poderosamente la apertura del preámbulo de Liebster Jesu de Bach, BWV 731: trío de repeticiones frase asimétrica, cinco compases. O el preludio y fuga para órgano del difícilmente superable Clave Bien Temperado, BWV 846, pues.

La Fuga de Franck posee, también, propio y modesto y sutil exordio, límpidas texturas, la polifonía siempre tan llevadera. La Fuga, hechizando. Y redondeando la obra de Franck, tripartita estructura, la excelsa Variación: grosso modo una "peculiar" y enigmática reiteración del Preludio con un “cortejo” melodioso más enérgico. Y todo ello disipándose al grácil y prodigioso albor de un si mayor.

En fin.