Ni en sus mejores sueños podría haber imaginado ni soñado un presente tan deslumbrante y vivo como en el que se encuentra. Se trata de una de las voces latinas más poderosas y cautivadoras del panorama cristiano actual. Ella es Ingrid Rosario, nacida en New York un 6 de junio de 1974, de papá dominicano y mamá colombiana.

Reconoce haber pasado una infancia cargada de momentos difíciles y duros, como lo fue la separación de sus padres y las constantes mudanzas durante su adolescencia, si bien, cada uno de ellos afirma, le sirvieron para poder crecer y le fueron aportando poco a poco granos de madurez de los que se sirvió conforme iban cambiando los dígitos de su edad.

Natural, sencilla y trasparente no tiene ningún problema en poder abrirse y exponer sus heridas y traumas con las que ha aprendido a luchar y ganar la batalla gracias a “su Dios Jesucristo”. Sus experiencias vividas y superadas son el mejor reclamo para, a día de hoy, poder compartirlas y ayudar a una juventud dolida y que pueda estar pasando por historias semejantes.

Los anima a “conocer a su Salvador personal para superar cualquier tipo de trauma y herida, para poder ser capaces de poder perdonar a quien te pueda haber ofendido y a uno mismo”.  Su crisis de identidad y el veneno de la comparación la llevó a conocer el verdadero amor, aquel que “no te lleva a aceptar cosas que no son realidad, sino a aceptarte tal y como eres, aun las que son vergonzosas y de frustración, y mientras los hombres ponen límites, Dios te acepta tal y como eres”.

La positividad y esperanza se desprende en su tono y forma de hablar con nosotros. Es consciente de que su historia, la misma que la cambió cuando aquella jovencita de 14 años tuvo un 28 de octubre su encuentro personal con Dios, puede ser de soporte para muchas generaciones que le siguen y escuchan sus canciones en el día de hoy. Esa experiencia sobrenatural le hizo superar sus complejos llegando a poder sentir y creer en el amor incondicional de Jesús hacia su persona. Afirma que cuando fue capaz de aceptar “ese amor y perdón, se obró el milagro para poder perdonar a su padre del “abandono” que habían sufrido”.

 

 

Este fue el acontecimiento esencial en su vida que la catapultó a la estrella de la canción que es en este 2021. La misma persona que durante su juventud trabajaba haciendo hamburguesas en Brooklyn o trabajando en un almacén de ropa, y que escuchaba canciones de Luis Miguel o Whitney Houston, pasó a tener la pasión artística por la música cristiana o góspel. Fueron sus abuelos quienes les trasmitieron su apego a la música, y cuando sola en su habitación sacaba momentos de intimidad alimentando su espíritu, floreció su amor a la música. Y aquella niña que cantaba desapercibida en los coros de la escuela y que anhelaba ser danzarina, llegó en 1989 a poder cantar su primera actuación para posteriormente participar dentro de un grupo de música hasta obtener una beca de la universidad.

Su ambición no era destacar ni sobresalir en la música, ni aun siquiera podía pasar por su cabeza semejante idea, sino que más bien se veía enfocada en ser educadora de la salud, que fueron sus estudios universitarios. Hasta que un sello discográfico cristiano la descubrió y apostó por su portentosa voz. Y aquel acontecimiento sobrenatural que había experimentado de jovencita la marcaría para siempre.

Una mujer tocada por Dios que en su primer disco en español que participó llegó a vender más de un millón de discos. Este fue el punto de partida que vieron las disqueras para lanzarla al estrellato estando “en el lugar correcto, en el tiempo correcto, y solo caminaba por las puertas que se abrían, y huía de las que se cerraban”. Se siente agradecida por todos los premios que ha recibido a lo largo de su carrera, pero sin anclarse en esas glorias pasadas, sino más bien centrándose en el futuro y en el porvenir para poder ayudar la vida de las personas que nos rodean. Y si ha de escoger entre talento e integridad se queda con esta última, pues “si bien el esfuerzo y el talento te abren las puertas, la integridad mantiene esas puertas abiertas, de ahí que prefiera ser integra y humilde, que ser la más talentosa”.

A finales de 2019 grabó FIEL AMOR Vol.1 un disco en directo en New York basado en 13 canciones y luego lanzado durante la pandemia que cuenta con sencillos como “Yo me rindo”, “He visto tu fidelidad”, “Aleluya”, y “Padre Nuestro”. Actualmente están trabajando para que durante el mes de marzo salga la segunda parte de este mismo show. Una forma de agradecer y celebrar la fidelidad de Dios en su vida y familia.

En relación con los nuevos talentos en redes sociales los anima, de la misma manera que les advierte, que el amor al dinero, la búsqueda de la fama y el ego pueden ser los motivos que puedan llevar a la pobreza y frustración, “pero si buscas servir a Dios y a los demás, la paga de Dios será su paz”. Así también está en su deseo que no solamente se puedan hacer covers del inglés al español, sino también del español al inglés.

Reconoce que esta pandemia le ha servido para saber reconocer y valorar lo más valioso que es la vida misma y poder vivirla en paz en mitad de toda circunstancia. Se cuestiona también si la Iglesia ha realizado todo lo que está en su mano, y si pudiera estar haciendo más en la situación en la que nos encontramos: “Dónde está la iglesia para defender a la criatura que está todavía en el vientre?,¿Dónde está la Iglesia para defender el valor de la vida contra los crímenes violentos?”. Ella misma parece dar la respuesta cuando afirma que quizás nos hemos ocultado tras esos programas, y escondidos para no dar pie a las críticas y acaba esta reflexión con una pregunta: “Si no ven el amor de Jesús por medio de la Iglesia, ¿para qué existimos?”.

Ingrid Rosario, apasionada, agradecida y servidora: más de 20 años de carrera exitosa en el que ha conseguido vender millones de discos, multitud de reconocimientos artísticos como los Grammy y Premios Arpa a la mejor voz femenina, y el aplauso de su Dios, la colocan como un referente en el mundo cristiano/góspel. Más de media docena de discos que la han permitido “respirar” y poder “tener paz al adorar a su Dios”.