José Papparelli, colaborador de El Correo de España, nació en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. De origen y cultura italiana, lleva en su corazón a España, su patria de adopción, donde vive y formó su familia. Estudió Ciencias de la Comunicación y Gestión Cultural. Ha desempeñado su actividad profesional en medios gráficos especializados en música, cine y critica cultural.

En Argentina ha sido coordinador del Programa Cultural del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; guionista y realizador para el Instituto Histórico de la Ciudad; productor y conductor de radio en distintas FM y TV locales, además de editor de distintas publicaciones desde el año 1981.

En España es socio fundador y Director de Comunicación de la Asociación Cultural Victorial Hispánico. Escribe en la revista “Cineficción”, columnista de opinión en “El Correo de España” y colabora con el programa “En La Boca Del Lobo” de Radio Ya. Especialista en música, cultura popular y cine. Amante de la Historia, los Mitos y el Realismo Fantástico.

En esta entrevista nos habla de la importancia de la cultura popular.

¿Qué se entiende por cultura popular?

Antes de hablar de la cultura popular deberíamos preguntarnos qué se entiende por cultura. Si hay un concepto tergiversado, manipulado, instrumentalizado y banalizado hasta la saciedad tal vez sea ese. El resultado de ello incluso lleva hasta el desprecio por lo que muchas veces se entiende por cultura. Pero vayamos al asunto. En el ámbito académico y universitario, desde hace décadas guiado por el pensamiento único y hegemónico del marxismo, el concepto de cultura ha sido definido y analizado desde la óptica del materialismo y la lucha de clases. Los tópicos repetidos una y otra vez en las ciencias sociales refieren a la cultura como el producto de bienes materiales e inmateriales de un grupo social y que incluyen el lenguaje, herramientas, la escritura, conducta y conocimiento. Esta visión conforma un concepto inaprensible que determina el ser en la sociedad dividida entre dominadores y dominados, que impuso una visión sesgada y alejada de su origen y realidad.

Este enfoque académico ocultó realmente el significado de la cultura como algo directamente vinculado con la esencia misma del hombre más allá de las estructuras sociales deterministas del materialismo.

La introducción de los llamados estudios culturales o la antropología cultural de Clifford Geertz en las universidades, junto con los estudios de la Escuela de Frankfurt en las Ciencias Sociales, llevaron a esta situación de imposición acerca de lo que es la cultura. Quien se aleja de ese paradigma se convierte en un marginado y es rechazado por el establishment intelectual. Quien haya pasado por un aula universitaria con un cierto pensamiento crítico en los últimos cuarenta años lo habrá sufrido en carne propia.

Personalmente creo, y me encuentro mucho más cómodo, con una visión de la cultura coincidente con la idea de la tradición, la Tradición con mayúsculas, que conjuga el culto, lo sagrado, lo eterno, con el cultivar y el cultivo del hombre. Además, liga de manera directa el cielo con la tierra, lo sagrado con las raíces, que conectan lo humano con lo trascendente y sapiencial y transmitida a través del tiempo. Entiendo también que esta aproximación conceptual apunta hacia una definición de cultura en un sentido profundo del término.

Ahora vayamos a lo que entiendo como cultura popular. Podría definirla como el sentir común de un pueblo, de sus tradiciones, costumbres, manifestaciones artísticas, patrimonio de conocimientos, saberes y usos transmitidos y perdurables.

¿Por qué le interesa este tema?

Indudablemente por una curiosidad innata hacia el universo iconográfico que me rodeó desde mi infancia. Curiosamente mi acercamiento hacia la cultura en su sentido profundo se mediatizó por los canales de la cultura popular con los que tuve ese primer contacto. La televisión, el cine, los tebeos, las novelas juveniles y la música rock me descubrieron un universo que se transformó en mi hábitat natural. Con el tiempo me llevaron a descubrir la filosofía, la historia, los mitos, el misterio y la religión. Ese fue mi camino personal, que no quiere decir que sea el único ni el mejor sino simplemente el mío.

¿Qué manifestaciones tiene?

La cultura popular tiene muchísimas manifestaciones que se encuentran en permanente transformación. Lo que más me interesa es la llamada cultura de masas y la industria cultural, dirigida hacia el gran público para su consumo. Es esa cultura que se impone en el siglo XX con la expansión del capitalismo y sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial. Los productos culturales señeros de lo que los estadounidenses dieron a llamar como Pop Culture o Cultura Pop tienen raíces previas en el cine de Hollywood, el jazz, el blues, el country, las novelas baratas conocidas como pulp, el comic o los seriales del cine. La explosión y difusión global de ese tipo de cultura se dio sobre todo a partir de mediados de los años 50 con la aparición de la televisión y el rock & roll y su impacto cultural y económico en la industria del entretenimiento, que transformó la cultura de occidente para bien y para mal.

Háblenos de la importancia de la cultura del pueblo...

Habría que distinguir entre la cultura del pueblo y la cultura para el pueblo, pero siempre se produjo un ida y vuelta en ambas direcciones con su consecuente modificación y cambio. No existen productos puros en ese sentido ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿El pueblo consume acríticamente todo lo que le ofrecen como un simple producto o ese producto tiene un origen popular que lo hace apetecible? Son procesos complejos que interactúan a diferentes niveles donde no todo cuaja a nivel comercial por más que esté pensado para el pueblo o las masas. Por eso creo que, al menos durante el siglo pasado, los productos culturales de consumo masivo exitosos siempre conservaron una relación con esa tradición que pervive de una u otra forma en la cultura popular. Luego tenemos también calidades como en todo.

¿Qué diría al que se considera elite y deprecia al pueblo...?

Que es un error ver el mundo desde una torre de marfil. El desprecio al pueblo y lo popular es un rasgo típico de soberbia que siempre me provocó un profundo rechazo. Como así también la demagogia de esa intelectualidad que forma parte de los círculos de poder que repiten una y otra vez lo que se debe pensar, hacer y decir para no quedar fuera del buenismo y la corrección política hoy impuesta. La perversión se manifiesta hoy cuando desde ese poder se imponen discursos supuestamente antisistema, transgresores, o revolucionarios y que son elementos sustanciales en la ingeniería social mundialista. Esa es hoy la élite que desprecia lo popular a pesar de presumir de ello.

¿Cómo esta cultura bebe del arraigo a la tierra y a la tradición?

Pues lo hace en mayor o en menor medida y siempre inmerso en procesos dinámicos. Pongo un ejemplo, el caso Elvis Presley. Elvis fue un muchacho criado en la pobreza en el sur de los Estados Unidos. Conoció de primera mano lo que era trabajar duro para ganarse el pan en una zona agrícola y marginal durante los años cuarenta. Con una educación profundamente religiosa, mamó esa cultura agraria y del trabajo arraigada en los valores tradicionales. Amante del blues negro y el hillbilly blanco, dos géneros musicales auténticamente populares y despreciados por el establishment cultural de entonces, supo conjugar su amor por las lecturas de la Biblia, el sentir patriótico por su país con la rebeldía juvenil encarnada en el primitivo y novedoso rock & roll dando nacimiento a otra cosa. Esa tradición y esos valores los llevó siempre hasta el final de sus días, a pesar de haberse convertido en un icono americano y una estrella internacional. Dicen que cuando le preguntaron una vez a Yukio Mishima quien le hubiera gustado ser si no hubiese sido el mismo, respondió con una sonrisa: “Elvis Presley”. La tradición y el arraigo a la tierra perviven en diferentes grados en cultura popular y en la cultura de masas. El camino de la tradición a la transgresión puede ser en doble sentido.

En las grandes ciudades es más difícil que haya este arraigo...

No lo creo. Depende de procesos históricos y sociales complejos y que no son lineales. El campo o el pueblo no que garantiza el arraigo. Ahí tenemos los ejemplos de la construcción y desarrollo de los grandes imperios de la historia como Grecia, Roma o España, ya que desde sus núcleos urbanos se consolidó esa idea de trascendencia y tradición con un profundo arraigo en lo más sagrado y trascendente. Hoy en día en el pueblo más perdido tenemos también el fenómeno de la aculturación.

No podemos caer en la trampa de llamar a todo cultura.

Por supuesto que no. Si bien la cultura suele estar acompañada de algún adjetivo, no todo es cultura porque sino nada lo es también.

¿Qué es la contracultura?

Me encanta la pregunta porque conozco el fenómeno de primera mano. En 1980 formé parte del nacimiento del movimiento punk en Argentina. Para un adolescente curioso esa novedad disruptiva y radical fue como un imán. Desde una estética y mensajes provocadores, junto a una cultura nueva y que integraba otros subproductos de la cultura de masas y opuestos a la cultura oficial, el punk fue un revulsivo que en mí operó hacia un redescubrimiento del mundo. El punk como contracultura fue un oponerse al “orden hegemónico establecido”. Fue algo con fecha de caducidad muy corta como quedó demostrado con todos los fenómenos de este tipo. De contracultura pasó rápidamente a la subcultura y a la integración.

Johnny Rotten, líder del grupo Sex Pistols y cabeza del movimiento, pasó de predicar la anarquía en 1977 al apoyo a Donald Trump en la actualidad. Desde la contracultura también se pueden dar caminos en doble sentido. Las vanguardias de principio del siglo XX como el Futurismo o el Dadaísmo tuvieron también un recorrido similar. Marinetti y sus más prominentes seguidores acabaron integrándose en el fascismo italiano que tenía como modelo al Imperio Romano. El máximo referente de la Tradición, Julius Evola fue un pintor dadaísta. El inconformismo, la rebelión y la resistencia van mutando. También en estos casos, los caminos del Señor son inescrutables. Hoy no hay nada más revolucionario y transgresor que la Tradición.