En el artículo precedente dedicado a la cultura catalana durante el Franquismo bosquejamos los aspectos más básicos relativos al gran impulso por parte del régimen a la ciencia y cultura regionales, y por los que dicho período se convirtió en el de mayor esplendor en los ámbitos referidos en la historia de Cataluña, merced, reiteramos, a las políticas franquistas.

Lo que en esta ocasión nos ocupa es la música, un ámbito que constituye, tal vez, y a pesar de no ser tenido en cuenta por parte del público amplio a la hora de la valoración de la época objeto de este análisis, la muestra más clara del grado de libertad (sea en el ámbito que fuere) existente en el Franquismo posterior al año 1959. Ello es así debido a que, como es bien sabido, la producción cultural realizada en determinada etapa de la historia deviene una fuente de información acerca de todos los aspectos referentes a la sociedad de la época; y cuyas posibilidades son estimadas en gran valor por parte de los historiadores e investigadores del campo del arte.

El estudio del legado artístico de un país elucida cuestiones como la influencia cultural de las potencias principales en el período analizado, la situación socioeconómica de la época, así como todos los aspectos relacionados con la geopolítica. A nivel local, la obra musical permite analizar las causas que han posibilitado —o que, por el contrario, han impedido— el desarrollo de una industria y una escena musicales en el país estudiado, y en contraposición con aquellos países en que no se han dado las condiciones para que se produjera este fenómeno.

En el caso del Franquismo, resulta de interés el análisis de la producción musical realizada en esta etapa histórica a la hora de abordar la realidad sociopolítica en el marco del régimen. En el ámbito catalán, además, deviene esencial para contrarrestar la manipulación vertida por el separatismo sobre la supuesta persecución al uso de la lengua catalana (idea que, tal como hemos señalado al principio, se ha intentado refutar en el anterior artículo dedicado a esta cuestión).

La falsedad de dichos postulados independentistas y comunistas puede ser comprobada por cualquier español, aun sin haber tenido la ocasión de viajar a dicha región. Con lo anteriormente expuesto nos referimos al hecho de la enorme popularidad de que han disfrutado  en los 60 y los 70 artistas oriundos de Cataluña (colocándose entre los más populares de aquél período) como el Dúo Dinámico o Manolo Escobar; e incluso géneros enteros como la rumba catalana, cuyo máximo exponente, el gitano barcelonés Peret (quien se sumaría al apoyo al separatismo en la última fase de su carrera), llegó a convertirse en uno de los artistas más escuchados de la época, y también en uno de los más influyentes de la música española, el legado del cual ha sido decisivo para el surgimiento de artistas como Kiko Veneno —el mejor compositor y letrista del pop español de todos los tiempos—.

foto_1

foto_2

Aparte del pop y de la rumba aflamencada del Área Metropolitana de Barcelona, en los 60 se fue fraguando una escena que catapultaría a sus representantes entre los puestos más elevados de las listas de “mejores artistas de la música española” elaboradas por las revistas progres,  principalmente por el carácter político del mensaje de sus letras. Las décadas de los 60 y los 70 han sido marcados, pues, en lo que a la música española respecta, por la proliferación de los cantautores, propiciada por la oposición antifranquista (y tal como ha demostrado Pío Moa y el resto de la historiografía seria, profundamente antidemocrática), y por el hecho de haber encajado las características y mensaje de este género, con las necesidades propagandísticas de la izquierda; sin desdeñar los factores envidia y analfabetismo que lleva (y nos ha llevado este último) a muchos jóvenes, así como a una cantidad ingente de falsos intelectuales (tan analfabetos como los más mozos) de todos los ámbitos a abrazar la ideología socialista.

foto_3

foto_4

Cabe recordar también que los 60 han sido la época, entre muchísimos otros, de Bob Dylan, Joni Mitchell y Joan Baez; esto es, parte de la banda sonora del movimiento, o, mejor dicho, red de movimientos a partir del cual surgirían las corrientes de la nueva izquierda (que consideraban que el PCUS no era suficientemente marxista, esto es, saqueador, genocida), y su consecuencia natural, la aparición en la década subsiguiente de las bandas terroristas europeas patrocinadas por la URSS (ETA, FRAP, IRA, RAF, Brigadas Rojas...).

En España, y en Cataluña en particular, la canción de autor vendría de la mano principalmente de artistas sudamericanos como Victor Jara y Violeta Parra, pero sobre todo de los cantautores franceses como George Brasens (de ahí el mayor bagaje de la canción francesa en la obra de los artistas que trataremos). Este género musical arraigaría de manera especial en Cataluña, donde se asistiría a partir de 1960 a la aparición del movimiento de la Nova cançó, del cual han surgido los artistas más influyentes de la música catalana.

Así, en el año 1961 se fundaría el primer gran grupo de la Nova canço, Els Setze Jutges, un conjunto de cantautores que mediante su obra pretendían fomentar el uso del catalán en el campo del arte. Los miembros más célebres de Els Setze Jutges serían Joan Manuel Serrat y Lluís Llach. El primero iniciaría su carrera con cinco álbumes en catalán, para pasar a alternar su idioma nativo con el castellano, convirtiéndose en uno de los artistas más reconocidos de la música española con la publicación de su célebre Mediterráneo (1971). De Serrat es forzoso resaltar el hecho de tratarse del único cantautor (junto a Sabina y Ovidi Montllor en determinados temas) cuyas letras revelan una profundidad poética que excede lo meramente ideológico.

foto_5

foto_6

Por su parte, Lluís Llach (una de las caras más visibles del separatismo; miembro del JxCat y exdiputado en el parlamento catalán), había publicado hasta siete discos en catalán hasta el 1975 (todos sus “grandes álbumes”). En el caso de Lluís Llach, más allá del harto sobrevalorado Viatge a Ítaca (que incorpora una versión musicalizada del poema homónimo de Kavafis), el autor de L’estaca (que se convertiría en el himno del sindicato anticomunista polaco Solidarnosci) nunca ha tratado los grandes temas relativos a la condición humana, no excediendo sus letras los temas recurrentes del pop, en los mementos en que se ha extraviado de la música con mensaje político. No obstante, como hemos adelantado, Lluís Llach no constituía una excepción entre los cantautores, la obra lírica de los cuales ha destacado por su notoria superficialidad, otorgándoseles un reconocimiento por la crítica musical izquierdista únicamente por su filiación ideológica.

Volviendo a la Nova cançó, cabe recordar que se trata de un movimiento que se ha extendido por el resto de territorios con presencia de catalanohablantes; a saber, Valencia y las Islas Baleares. Por lo que respecta a la región levantina, la máxima figura de esta corriente ha sido el alcoyano Ovidi Montllor, quien publicaría todos sus grandes discos —en catalán— durante el Franquismo.  Ligado a ello, y que es extensible al resto de artistas aquí analizados, y a los cantautores en general, resulta llamativo el hecho de que a ninguno se le hayan puesto obstáculos de ningún tipo en la publicación de sus obras, a pesar del mensaje político contenido en las letras; mensaje que, por cierto, estos cantautores no eran especialmente hábiles a la hora de plasmar en sus canciones, en la mayoría de ocasiones sirviéndose de recursos retóricos notablemente facilones. Lo mismo acaecía con la obra de Ovidi Montllor, y en discos como Un entre tants (1971), el álbum que incorpora gran parte de sus temas más conocidos, y que destaca por su explícito carácter de obra de canción de protesta (Montllor fue miembro del PSUC, el cual abandonaría en los 80 para afiliarse al PCC- PCPE, y debido a su disconformidad con la política moderada del referente catalán del PCE); apenas si recurriendo a metáforas a la hora de transmitir sus ideas (recuerden que estamos en el 1971).

foto_7

Este cantautor valenciano es conocido también por haber realizado la mejor versión musicalizada de obras del mejor poeta en catalán del siglo XX después de Salvador Dalí, Joan Salvat-Papasseït.  Su segunda gran musicalización de poesía sería la de varios poemas del escritor valenciano Vicent Estellés, y con la que se convertiría en el mayor difusor de poesía en catalán entre los cantautores.

Otra de las facetas de este artista ha sido la de la interpretación; desarrollando una prolífica carrera en el cine español durante tres lustros, y que será el principal arte a que se dedicaría profesionalmente tras la suspensión de su contrato desde BMG-Ariola en 1980. Será también a partir de la finalización de sus relaciones con la compañía precitada y la llegada al poder de Pujol y su organización criminal, cuando Ovidi Montllor será paulatinamente apartado del panorama cultural catalán.

Continuando con los artistas surgidos de la Nova cançó, cabe mencionar a su representante que más se ha acercado al rock; el músico mallorquín Pau Riba, quien publicaría hasta cinco discos en catalán hasta 1975.

Para terminar, volveremos a Cataluña para hacer referencia al último de los grandes cantautores de la música en catalán, Jaume Sisa. Este músico barcelonés alcanzaría la popularidad con el lanzamiento del que sería uno de los temas más célebres de la música en catalán, Qualsevol nit pot sortir el sol, que sería incluido en su disco homónimo publicado en el año 1971, y cuya letra se ha configurado a partir de referencias a los personajes más conocidos de Disney hasta aquella época.

De lo hasta aquí expuesto cabe formularse la pertinente reflexión acerca del grado de libertad en la España franquista, y en concreto en la región supuestamente más represaliada; en la que, sin embargo, sus artistas más reivindicados no han acusado impedimentos de tipo alguno a la hora de publicar su producción artística.