Agradecemos de corazón a Lola Castellón que haya atendido a El Correo de España para acercarnos a uno de los grandes talentos de la canción española, El Príncipe Gitano, nombre artístico de Enrique Castellón Vargas.

¿Cómo valora a nivel artístico la figura de su padre?

Quizá por preguntarle esto a una hija podría intuirse o darse por hecha la contestación pero, procurando objetividad, contestaré desde el punto de vista de una espectadora. Realmente creo que fue un artista que rompió con los moldes ya establecidos y creó un estilo propio difícil de comparar, reuniendo en uno la voz, el arte, el carisma y la elegancia. Sabiendo llevar al escenario el sombrero a la ancha pero también el esmoquin.

¿Qué era lo más peculiar de su estilo y de su talento?

Sus andares sobre innúmeros escenarios, pareciendo que cada uno de ellos se había creado para él.

¿Considera que ha tenido el reconocimiento que merece?

Mientras se mantuvo activo, sí, hasta su inclinación manifiesta por España a ultranza y a contracorriente del relativismo político.

Su compañía sirvió además de plataforma de despegue para muchas otras figuras, como Rocío Jurado, Carmen Sevilla o Manolo Escobar.

Así es, grandes artistas como por ejemplo: Rocío Jurado y Dolores Vargas (La Terremoto), su hermana, fueron presentadas y lanzadas en sus compañías, puesto que él ya era figura artística consagrada.

Una de las polémicas de su vida fue el plagio que le hicieron de una de sus canciones más famosas....

Uno de los plagios más sonados y descarados fue el de su canción Obí Obá, creada en 1979, letra y música, por mi padre junto con un sobrino músico y autor, Juan Castellón Jimenez (El Noi). Esta canción recaudó millones de euros hasta el día de hoy. Un tema que el grupo musical francés Gipsy Kings, plagió sin vergüenza ni honradez años después, convirtiéndose en un litigio legal que duró más de veinte años-algo incomprensible- y que la SGAE no supo o no quiso defender.

¿Con qué canción se quedaría de él?

La verdad, hay muchos temas fantásticos que grandes músicos crearon para él, pero quizá si tuviera que elegir una podría hablar de Mi niña Dolores, ya que esta canción es muy especial al ser compuesta para mí. Por añadir una más, nombraría el gran tema Tengo miedo, canción que, como sabemos, interpretaron muchos artistas y que finalmente popularizó la gran Rocío Jurado, aunque como digo, me costaría elegir si además recordamos la afamada Cariño de Legionario.

Por cierto, ¿de donde le viene el nombre artístico?

Desde muy pequeño fue rubio de ojos azules y en una ocasión yendo con mi abuela de la mano, una señora que pasaba por la calle quedó prendada de un niño tan guapo, y le dijo a mi abuela: "¡verdaderamente, es como un príncipe!"

A partir de ahí, comenzaron a llamarle príncipe y, años después, se le reconoció su talento y su nombre artístico.

¿Cómo era él como padre y qué valores le inculcó?

Era un padre sumamente protector y cariñoso. Recuerdo que un simple rasguño que nos hiciéramos era capaz de mantenerle despierto toda la noche. Por otro lado y como viajaba mucho, siempre llegaba con regalos y sonrisas.

Entre muchos de los valores que nos inculcó, destacaría la generosidad con los demás y ser buena persona por encima de todo. Estos dos, me los dejó grabados a fuego.

¿Qué anécdotas puede contarnos de él?

Bueno, de las muchas anécdotas podría contar una de la que realmente no me acuerdo, pero que siempre la escuché en casa a mis padres y con amigos que asiduamente nos visitaban.

En el bautizo de mi hermano menor, que se celebró en un conocido hotel de Madrid, tras la cena se hizo una gran fiesta donde fueron además de familia y amigos muchos artistas del momento. Por aquel entonces yo tenía dos años de edad. Para la fiesta, el hotel adaptó la sala con un escenario, previendo la que se liaría después con el elenco de figuras asistentes.

Pues cuando llegó el momento y tras comenzar la música y el baile, mi padre subió a aquel escenario a lo que le siguió muy animada Lola Flores, marcándose los dos un baile que casi hundía el escenario de tanto arte reunido en dos. Una servidora no levantaba el medio metro del suelo y probablemente con los celos típicos de una niña de dos años, al ver bailar a su padre con una señora que no era su madre y no conocía, trepé como pude hasta donde estaban ellos y de uno o quizá varios empujones, saqué del escenario a la atrevida que bailaba con mi padre (Lola Flores) para convertirme yo en la bailarina que lo acompañó.

Quizá es la anécdota, de cientos, que con más cariño deseo compartir.