Salieron de las urnas, que en España son la Caja de Pandora vacía de esperanza, pues todo lo  que regurgitan es basura intelectual, escoria kultural y esclerosis política devenida progresismo de casino burgués, de comuna revolucionaria y de tasca separatista colmada de palurdos con ínfulas imperiales sobre la aldea vecina, a la que aspiran colonizar con sus idiomas artríticos y sus alpargatas folclóricas, con sus fanáticos druidas y su cartografía de romancero legendario sin más aval histórico que la bufonada y la copla.

Esa deposición democrática, esa expresión de la voluntad popular, esa encarnación de la soberanía nacional (¿) es la que gobierna España. No es sólo que tengamos lo que nos merecemos, es que no tenemos otra cosa. Sólo nosotros somos a la vez causa y efecto, responsables y víctimas, amos y esclavos de lo que nos sucede. No nos queda ni el consolador diagnóstico de Ortega para los pueblos infantilizados por la plebeyización de la democracia: “no sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa”.

Salen de las urnas para negar a nuestra Patria y exiliar de las escuelas a nuestra Lengua, esa Lengua en la que Dios le regaló a Cervantes el Evangelio del Quijote. Salen de las urnas, con sus dientes forrados de sarro y sus coletas infestadas de piojos comunistas, las celestinas de etarras que bautizan a los asesinos con el traje de cristianar demócratas virginales. Salen de las urnas las alcahuetas socialistas de los separatistas que indultan hispanicidas catalanes como quien suelta palomas en la apoteosis de una bacanal hippie. Salen de las urnas los anfitriones municipales que reciben, en sus pueblos indecentes, a los asesinos liberados como a Escipiones volviendo de Cartago. Todos salen de las urnas, hasta los jueces callados, los jueces que otorgan mientras el Código Penal duerme en el dolce far niente, son también una excrecencia de las urnas. Todos salen de las urnas, también los de la estéril protesta acunada en la paciencia parlamentaria con la vieja nana del “cuanto peor, mejor...mejor para mí y para mí partido”.

Sí sabemos lo que nos pasa, maestro Ortega. Nosotros los sacamos de las urnas; la mayoría con alegría y vaselina, los menos con fórceps, pero todos estibamos esa basura en el Parlamento y en el Gobierno. Sí sabemos lo que nos pasa: que no nos importa, pues de lo contrario no acudiríamos ni con fórceps a ese estercolero del que hasta Pandora se llevó la esperanza. Y eso es lo que nos pasa, maestro Ortega.