Con impostada candidez y fingido respeto el Gobierno invita a Felipe VI a que tome medidas para llevar a la picota medieval a su padre y atarlo al poste para que el pueblo, o sea su populacho, se regocije para aliviar su luto y su pobreza, arrojando sobre Juan Carlos I frutas y verduras podridas a mayor gloria de la proclamación de la III República.

Salvando las abismales distancias de talla entre Juan Carlos I y Don Miguel Primo de Rivera, el Gobierno busca, pretende y persigue, que Felipe VI haga con su padre lo que Alfonso XIII hizo con el gran Miguel Primo de Rivera: borbonearle; neologismo sinónimo del verbo traicionar, tan consustancial a los Borbones como su pasión por el oro y las mujeres ajenas. De la mano de aquella traición vino la II República, tal y como de la mano de este borboneo familiar vendrá la Tercera, pero esta vez con el irrevocable Delenda Est Hispania que socialistas, comunistas y separatistas llevan buscando desde su infancia política. No lo consiguieron entonces, porque cuando lo intentaron se encontraron con los Africanistas con el cuchillo entre los dientes y con el pueblo español con los trabucos del 2 de Mayo en la mano. Hoy no hay Africanistas y el 2 de Mayo, para el populacho español, no es más que un macrobotellón en Malasaña.

Felipe VI carece del más mínimo poder. Tan es así que ni en su calidad de Capitán General de los Ejércitos está facultado para darle una orden a un pelotón de reclutas...sin el consentimiento expreso del Gobierno. Adorna mucho, sobre todo en las ceremonias masónicas, pero manda menos que un párvulo en un jardín de infancia. Sin atribuciones, sin poder y sin mando, el Gobierno pretende que monte el corcel del absolutismo y castigue públicamente a su padre por sus presuntos delitos de cartera y sus pecados de bragueta, al margen de los tribunales y de la Constitución, no siendo Filipo II de Macedonia, sino Felipe VI de España.

Pues nada, que le vayan preparando una aparición estelar en la pocilga de Sálvame para que abomine y reniegue de su padre en el programa de referencia de los rojos y los maricones. Hará feliz a Marlaska, a Pedro Sánchez, a Pablo Iglesias, a Torra y a Urkullu, que ya buscan en sus agendas un 14 de Abril sin Corona y sin España.