En su estupendo libro, La estupidización de los Estados Unidos, Charlotte Thompson Iserbyt, ex-consejera jefe de Ronald Reagan, explica cómo los sistemas educativos de las naciones occidentales han sido diseñados milimétricamente para generar robots humanos bien adiestrados, obedientes y sumisos al Sistema, para crear personas absolutamente materialistas con nulos valores o conocimientos profundos y significativos, de manera que aprovechen como buenos esclavos al sistema que los programa mentalmente. Robots cuya única brújula sería la eficacia, lograr objetivos marcados por otros. “El propósito real de la educación es modificar el pensamiento, sentimiento y acciones de los estudiantes.” Certera, Charlotte.

La escuela creadora de zombis

Deliberada escuela de la ignorancia durante el último medio siglo occidental. Vaciamiento de cerebros, posterior y horrendo llenado. Cerebros vacíos, adoctrinamiento a cascoporro. Y mucha sumisión. Durante la falsa pandemia, perfectamente observado. ¿Qué papel ha tenido la propia escuela en este proceso de manufacturación sistémica y sistemática de zombis? Todo. La escuela, clave en el proceso de tecnodomesticación social. Con el agravante con respecto a hace un siglo, por ejemplo, de que ahora se anhela, sin fingimiento alguno y de forma meditada, la idiotización de los alumnos. Alumnos que algún día se convertirán en disciplinados profesores.

La tecnoescuela: fábrica, cuartel, manicomio y cárcel

El cole reproduce la fábrica decimonónica en muchas de sus rutinas y aspectos organizativos. Y el cuartel. Y por momentos, el manicomio. Y el talego, obvio. Cuando entras y sales a golpe de silbato, el control - incluso mental - desplegado sobre el espacio y el tiempo del alumnado, la posibilidad de que las reglas que gobiernan la escuela-fábrica sean solo establecidas por quienes ejercen el poder y las puedan cambiar a su puto arbitrio y antojo y capricho. Son rasgos centrales en la en el día a día escolar. Incluso la producción de “conocimientos” deviene asunto fabril. De esa manera, estos "conocimientos" se transforman en meros productos de consumo, eficaces tan solo como productos (pésimos), en este caso, para obtener un aprobado, pero inútiles en sí mismos. Y, llegado el caso, para lograr un papelucho - sin él no eres nada, parecería- con la firma de algún megacorrupto Borbón. ¿Y los tiburones?

La escuela y sus paranoias progres

La escuela de la idiotización de los alumnos cumple el clásico papel de "reproductor" del sistema, transformada en una herramienta más- y no la peor- de dominación. Mierdas adoctrinadoras de paso. El Sistema vendiendo sus paranoias progres- género, climática, tecnológica...- desde el inicio. Se llama violación mental. Toda mentira, claro, como buena paranoia. Escuela, transfusora de la "cultura" e ideas del atroz y amansador Leviatán hipercapitalista. Función última, aprender a someterse, besar los pies del amo, llegar a ser dócil piececita de un bárbaro engranaje. El sistema educativo no está capacitado para las preguntas. Respuestas dadas. Y respuestas malas.

Quien se mueve no sale en la foto

Centros escolares, sitios crueles. Mazmorras, futuras fábricas. Nada se aprende con cierta enjundia y relevancia. La perruna docilidad, sí, claro. Escuelas que fomentan e incentivan la fiera competitividad, el codazo y la zancadilla, la agresividad y la estupidez y el sometimiento y el prietas las filas. Por otra parte, la escuela alcanza altísimos niveles de crueldad. Quien no se adapta a la obediencia es señalado o expulsado. O diagnosticado con TDAH (luego te chutan anfetas, Ritalin etiqueta de FARMAFIA y los siniestros psiquiatras). Quien no se acomoda a la uniformidad de la estupidez colectiva es atormentado, censurado, mal visto.

Desescolarizar, la mejor opción. ¿Posibles consecuencias legales? Indaguen, apreciados lectores de ECDE. Entrarían en el terreno de la alegalidad, no ilegalidad. En fin.