El artículo de José Miguel Pérez en el que trata a la Jerarquía española de “mamporrera”, merece la máxima gratitud de los católicos españoles. Mi más sincera felicitación y  debe saber que con gusto lo suscribiría.

Pero, al mismo tiempo,  nos plantea, a quienes  por gracia de Dios aun conservamos la Fe,  un problema serio. A mi entender,  el único problema importante del ser humano relativo a su existencia: cómo es la posibilidad de alcanzar el destino para el que fue creado.

He sostenido  muchas veces, de palabra y por escrito, que sólo hay dos clases de hombres: los sabios y los necios. El hombre “es sabio” cuando sabe por qué  y para qué  ha sido creado, y “es necio”, cuando lo ignora. Por otra parte, la infinita Sabiduría de Dios eligió a unos hombres para ayudar a los demás a no perder de vista este objetivo fundamental --y único realmente indispensable de coronar--, para convertirlos en faros de la “Transcendencia” del ser humano.

La conclusión cae de propio peso. Si los faros están apagados --o peor aún, “descolocados expresamente” para facilitar que los barcos naufraguen-- merecen la maldición del Creador que ya pronunció contra sus “representantes” en la Antigua Ley, aquella sentencia: “¡Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas!”…

Combinando estas dos realidades surge inevitablemente,  para los católicos creyentes, un problema, “el único en realidad” y por eso le llamo “el problema” cuya síntesis puede resumirse en una pregunta:

“¿Es la Iglesia Católica actual,  dirigida por estos –diríase que ‘supuestos’—‘sucesores de los Apóstoles’  la Barca de Pedro fuera de la cual no hay salvación?”

¿Estamos en la misma Iglesia en la que ingresamos por el Bautismo, o nos han  llevado a otra, sin enterarnos, mientras dormíamos? ¡He ahí  “el problema”!

Por supuesto, como hombres “sabios” tenemos –el que suscribe y muchos que ya se lo han planteado y han buscado soluciones dispares, pero con la mejor buena voluntad—una convicción capitalhemos de ¡salvarnos!, debemos asegurar la visión eterna de la Santísima Trinidad, razón única de nuestra Creación.

Concretamente en mi caso,  veo un obstáculo difícil de superar: ¿Puede ser “sucesor de los Apóstoles” alguien que no es hombre, que no llega a tener las cualidades  del animal?

El hombre que lo es posee una cualidad  imprescindible: ¡la gratitud!  Los animales superiores, como el perro, nunca olvidan a su benefactor. Por eso cuando un sedicente hombre,  carece de la misma, es imposible atribuirle la categoría de hombre.  Y los pretendidos sucesores de los Apóstoles que, en estos momentos,  regentan la Iglesia de la Nación que fue “la Católica por antonomasia” ignoran lo que es “ser agradecidos”. Llevamos  comprobándolo más de medio siglo pero acaban de remacharlo hace unos días Bergoglio y Compañía, pisoteando sin escrúpulos la sangre de los héroes y de los mártires de la  Última Cruzada (como la llamaron  los últimos papas que no admiten dudas, SS Pío XI y SS Pío XII)  y,  por supuesto,  pagando con la traición más repugnante.

Los papa citados agradecieron al Caudillo y a su Ejército,  a los falangistas y requetés, y a todos  los alzados contra el marxismo,  su valor y heroísmo, otorgando a Francisco Franco la máxima condecoración de la Iglesia Católica la Cruz de la Orden de Cristo, y  por haberle devuelto, la Libertad, frenando la sangría de mártires y la destrucción de Iglesias, documentos, arte, etc. y haber completado su obra, legislando siempre de  acuerdo con la bimilenaria doctrina del Magisterio tradicional e infalible de la Iglesia. Para ello los vencedores facilitaron esa labor  sentando en las Cortes a sus representantes.

El hombre que lo es no miente ¿Qué podemos pensar de estos  “no-hombres” que llevan mitras y hasta tiara y  se permiten profanar el sagrado nombre de la Verdad Histórica, olvidando que la Verdad es una emanación de la Divinidad?

El hombre que lo es “da la cara”, es valiente. ¿Cómo podemos respetar  a estos no-hombres si  carecen totalmente de valor y coraje, salvo para doblar el espinazo ante los hijos de Satanás, mientras nos desprecian e ignoran a  quienes intentamos defender la Fe de nuestros mayores?

Creo que lo mejor es dejar a mis lectores que completen el artículo,  a  mí me cansa y aburre ya el tema después de tres cuartos de siglo de combates en el mismo frente,  sin resultado.  Y me duele ver a mi madre, la Santa Madre Iglesia Católica,   destruida desde dentro y  viendo generalizado entre los creyentes, el: “¡Sálvese quien pueda, si encuentra el camino…!” porque los pastores son lobos rapaces.