Dicen, con toda la razón del mundo en este caso, que cualquier tiempo pasado fue mejor. “Este caso” es la congojavírica época que vivimos. ¡Qué suerte tengo de haber nacido hace 4 décadas y un lustro!. Puedo decir que he vivido, y que seguiré viviendo mientras el mundo entero es una suerte de decorado de Hollywood, donde todo es posible –desde un “amartizaje” a una dieta sana a base de hamburguesas del Mc. Pollas – y nada es creíble, salvo la estupidez del paisanaje y la decrepitud del otrora ubérrimo orbe.

En los 80 la heroína se regocijó en Madrid (sé que, también, en el resto de España, pero hablo de lo que vi con mis ojos. No obstante, estuve 8 días en El Ferrol del Caudillo, a finales de los 90, y vi los estragos que seguían haciendo la heroína y otras panaceas gubernamentales). Mucho antes de mi mayoría de edad, mi ciudad natal (Leganés) era un nido de delincuencia y podredumbre moral. El PSOE había legalizado la heroína, con Enrique Tierno Galván como máximo, y orgulloso, valedor. Tengo pendiente un ensayo y un vídeo sobre este siniestro personaje, el ser humano más atroz que jamás ha visto España. Mientras este tránsfuga, y traidor al PSP, se regocijaba en su psicopatía consentida y venerada por el vulgo, yo iba al colegio saltando yonquis en el parque. Literalmente era así. Mi ciudad estaba devastada por la heroína y por toda la delincuencia que arrastraba. A mi propia madre le robaron el bolso, con violencia, en ese mismo parque. El vulgar 850 de mi padre fue asaltado una noche… y así una interminable lista de delitos impunes. Todo gracias al PSOE y a sus débiles del orden. ¡Me harté de ver a los maderos haciendo la vista gorda mientras eran miles los yonquis que se pinchaban en espacios públicos!. Y que atracaban… a mí jamás me robaron, pero lo intentaron decenas de veces. Pero eso es otra historia y no voy a dar pistas a nadie de por qué  yo, desde bien pequeño, supe eludir a los criminales. Es un secreto que sólo comparto, y no al detalle, con muy buenos amigos. Este secreto es el motivo de que esté vivo ahora mismo y de que no le tenga, ni tendré, miedo a ningún ser vivo de la Tierra.

Tras esta introducción, quiero ir al quid del asunto: en los 80 algunos niños recogíamos litronas de los parques, para devolver el casco a cambio de 10 pesetas, con las que comprábamos vituallas en los frutos secos. Jugábamos en parques llenos de jeringuillas con sangre, de columpios oxidados, de perros sueltos y sin bozal (esto último no ha cambiado) y de yonquis y atracadores, que eran términos sinónimos. ¡Y seguimos vivos! Ya por entonces se usaban los falsos virus para acojonar a la peña. En este caso el SIDA.  Muchos yonkis cambiaron la navaja por la jeringuilla sanguinolenta y te amenazaban con ella en los atracos al grito de : “¡Dame la pasta, o te pego el SIDA!”. Hacían esto porque el PSOE no castigaba nada relativo a la heroína, y la navaja todavía seguía siendo un arma blanca si te pillaban usándola. Era una sutil manera de atracar, pero nada efectiva para según qué “clientes”, como era mi caso.

¿Alguien se imagina a los menores de edad de ahora, situados en mi época? Esos mismos menores que van con bozal todo el día y a todas partes, que son pocas partes porque ya nadie está por las calles ni (casi) viaja. En menos de 30 años han dado la vuelta por completo al ser humano. Hemos pasado de ser animales sobre la tierra a ciudadanos sobre ciudades. Hemos pasado de recoger litronas llenas de virus y bacterias y rodeadas de jeringas sanguinolentas, a no poder tocar a nuestros semejantes, e ir todo el día con falsos artilugios asépticos… ahora que ni hay litronas ni jeringas… cuanto más asepsia hay, más enfermedades cree tener la gente.  No es hipocondría sino socialización en base al adoctrinamiento.

Si yo fuera la persona de más edad de la Tierra, entendería lo que está pasando. Pero creo que no lo soy… ¿entonces cómo puede estar pasando lo que está pasando?. El 70% (o así) de la población mundial congojavírica son de mi edad o mayores… ¿DÓNDE COÑO VIVIERON QUE NO APRENDIERON NADA DE LA VIDA? ¿De verdad, viniendo del pozo de mierda del que yo vengo –que es del que venimos (casi) todos – me vais a decir que tenéis miedo de un supuesto virus que no mata a nadie pero que el Gobierno dice que sí? ¡generaciones que han vivido la última guerra civil, la postguerra, el franquismo y la transición…! ¿Habéis quedado para esto, de verdad habéis quedado para quedaros en casa, embozalados y temiendo al aire que respiráis? ¡vosotros que dejabais a vuestros hijos libres por las calles, y que fuisteis esos mismos hijos libres, los de nuestros abuelos!

La heroína fue socializada por el Gobierno y, por eso, no daba miedo a nadie y tantos cientos de miles murieron por ella… y el congojavirus está haciendo todo lo que no hizo la heroína. Es un consuelo saber que las élites ahora nos someten sin matarnos tanto. Ahora los padres son los Reyes Magos, y todo el mundo cree en ellos. Pero son Reyes Raros, no Magos, pues no traen regalos, sino que te lo quitan todo, hasta la libertad.

Me dais pena, mucha pena. Reniego de (casi) todos vosotros y asumo que mis 45 años de vida han sido en mundos paralelos con los ahora covidiotas, sean quienes sean en mi vida. Tengo suerte de estar vivo, pues me he criado entre vosotros. Asumo, más que nunca, que todo covidiota es un energúmeno en potencia, y de hecho sé que muchos de mi entorno lo son, pese a que antes de esta fenomenal escusa para serlo, no se mostraran como lo que son: enfermos mentales, psicópatas y esclavos, a partes iguales.

Yo no me contagié de nada haciendo lo que hacía… esos actos que actualmente nadie puede concebir y que eran lo más normal del mundo hace 3 décadas, insisto. Tengo cientos de puntos de sutura (y grapas) en el body y decenas de cicatrices. Me partieron el tabique nasal en el patio del colegio, ese lugar donde ahora no pueden ni transitar los nenes. Me dais asco, porque yo ESTOY VIVO, y como tal me expongo a la VIDA y disfruto de ella. Vosotros vais todos con bozal, timoratos de vuestra sombra y odiando a vuestro prójimo.  No besáis ni a vuestros hijos, malditos cabrones.  Merecéis todo esto que está pasando, y mucho más. Sobráis en la Tierra, pero la domináis. Pero, por mucho que me queráis embozalar, detenerme, vacunarme o matarme… jamás podréis borrar lo que he sido, no haber tenido miedo a estar vivo. Eso no me lo va a quitar ningún gobierno ni ningún ciudadano. Habéis llegado tarde. Mientras vosotros erais pastoreados yo caminaba, libérrimo, junto a las ovejas cuadrúpedas y demás seres vivos. Os jodéis. “Mi vida fue maravillosa” como bien sabe Luys.  Y añado: “mi vida es maravillosa”.