Aunque imagino que a la mayoría de los católicos ya nada les provoca escándalo, porque han (hemos) visto ya todo lo que podía verse y un poco más, la noticia sobre la presidenta de la Cámara de Representantes de EEUU, Nancy Pelosi, y el hecho muy probable de que haya recibido la comunión de manos del papa Francisco, no debe quedar sin comentario, al menos por mi parte. Reconozco que yo soy de los que se sigue escandalizando, sobre todo cuando se ofende gravemente a Cristo. Si la ofensa se produce en la sede de la Santa Sede, el escándalo me parece mayúsculo.

Sin ánimo de ser exhaustivo, hagamos un breve repaso de la cuestión de fondo. Pelosi, destacada representante del Partido Demócrata del presidente useño Joe Biden, es una convencida defensora del aborto, además de otras aberraciones propias de la ideología izquierdista, progresista o woke, como prefieran. Ha firmado leyes abortistas en sus cargos públicos, y ha criticado recientemente la decisión del Supremo americano sobre  la sentencia del caso Roe contra Wade (que no prohibe el aborto, pero lo deja al criterio de cada estado). Tan es así, que el propio arzobispo de San Francisco prohibió a la presidenta de la Cámara comulgar en su jurisdicción, salvo que se retractase de su defensa de la causa del aborto (cosa que, evidentemente, no ha hecho).

El hecho de que los principales periódicos y agencias de prensa norteamericanas aseguren que Pelosi recibió la comunión de manos del papa Francisco en su reciente visita al Vaticano, aunque no tengamos una confirmación oficial por parte de la Santa Sede (que guarda silencio al respecto), nos hace pensar que la noticia es cierta. Y si es cierta, el escándalo es mayúsculo, por mucho que la mayoría de comentaristas, columnistas y tertulianos del espectro "católico" guarden silencio. Como dijo Jesús, "si vosotros calláis, gritarán las piedras".

Efectivamente, según hemos podido confirmar, el papa tiene autoridad para confesar a cualquier persona que esté en pecado mortal, como era el caso de Pelosi. Entra dentro de lo posible que la dirigente americana se haya confesado con el pontífice, y éste haya dado su absolución, y después la comunión durante la misa. Pero hay un evidente problema, que es lo que provoca el terrible escándalo: es imposible que Pelosi se haya arrepentido de corazón y haya hecho propósito de enmienda, porque eso equivaldría en la práctica dejar el Partido Demócrata, cosa que ni ha hecho ni va a hacer. Es decir, Pelosi ha comulgado en falso arrepentimiento, lo que impide que pueda estar en gracia, y por tanto ha cometido un sacrilegio al comulgar estando en pecado mortal.

Eso en lo tocante a ella. En lo tocante al papa, y líbreme Dios de que yo corrija a nadie (entre otras cosas, porque no soy cura, ni sacerdote, ni teólogo, aunque sí conozco mínimamente la Doctrina y el Catecismo), pero es obvio que no es válida una confesión en la que es público, notorio y evidente que no hay arrepentimiento, porque esta señora sigue estando en el mismo partido abortista, y haciendo proclamas abortistas. De manera que no se le debería haber administrado el sacramento de la comunión, tal y como había ordenado el arzobispo de San Francisco.

Parece ser que durante el viaje de regreso de Budapest y Eslovaquia, en septiembre pasado, el papa dijo: "Nunca he negado la Eucaristía a nadie" y señaló también que "la comunión no es un premio para los perfectos, la comunión es un don, es un regalo". Insisto en que no voy a corregir al pontífice, pero la verdad es la verdad, la diga Agamenon o su porquero. La comunión, en efecto, no es un premio para los perfectos, pero comulgar estando en pecado mortal es un sacrilegio, es una gravísima ofensa a Cristo que, en ese momento, está presente en la Sagrada Forma. Y permitir que se produzca esa ofensa cuando se sabe que quien comulga está en pecado mortal, es un hecho gravísimo, seas el papa o seas el cura de un pueblo de cien habitantes.
 
Sin ánimo de corregir, ni de polemizar, ni de criticar. Pero con la verdad por delante, porque es la Verdad la que nos hace libres.