Hace décadas estuve en Ceuta, acampado en las murallas, realizando un curso de jefes de acampada, organizado por la OJE, Organización Juvenil Española, a la que pertenecía. ¡Qué tiempos aquellos, que ya no volverán!

Embarcamos en Algeciras, creo recordar, rumbo a Ceuta, y como el mar estaba bravío, eché hasta la primera papilla… Es lo que pasa cuándo uno es un “lobo”, pero de secano.

El recibimiento fue estupendo, y unos días después la ciudad nos ofreció una velada en el club náutico, o institución similar, en fin, un centro social de alto copete. (Perdonen que no recuerde el nombre con certeza, pero los años no pasan en balde).

Recorrí la ciudad, excepto el barrio más peligroso, a dónde nos aconsejaron que no fuéramos, por simples razones de prudencia y seguridad.

Merendábamos por las tardes en los bares, dónde veíamos a los soldados y clases de tropa haciendo lo mismo, y con los que hablábamos en franca camaradería. Por cierto que me sorprendía mucho ver como un soldado se cuadraba ante un cabo, como si fuera un general, cuando mi hermano Joaquín estaba haciendo el servicio militar en Barbastro, y era cabo, pero allí los soldados y cabos se trataban como iguales.

Visitamos el Tercio Duque de Alba, Segundo de la Legión, y tuve el honor de presenciar un Sábado Legionario, que nos puso los pelos de punta, y sentirnos orgullosos de ser españoles.

Acudimos al sitio más alto de Ceuta, Monte Hacho, dónde un capitán del servicio de información del Ejército nos explicó cómo Franco dirigía desde allí el desembarco de las fuerzas nacionales en la península, al comienzo de la guerra civil…

Por cierto que este capitán nos dio una charla sobre las entonces incipientes ikastolas, explicando que en esos centros se reclutaría a futuros terroristas, y que se iba a enseñar a odiar a la Patria…

Todos pensamos que era un exagerado, y que aquel hombre estaba un poco ido.

Por desgracia, los cuarenta y tantos años transcurridos desde entonces, me han confirmado que tenía toda la razón y sabía perfectamente lo que nos estaba diciendo.

También se nos dio una charla sobre el Conde Don Julián, por un prestigioso historiador local, creo que perteneciente al Instituto de Estudios Ceutíes, y Catedrático de Enseñanza Media, cuándo un catedrático de instituto era un señor, y un docto profesor, no como ahora.

En definitiva, lo que nadie nos explicó, ni siquiera pensó, me atrevo a suponer, es que Ceuta tendría que sufrir un nuevo Conde Don Julián, en la persona del (todavía) presidente del gobierno, Pedro Sánchez.

Todo mi apoyo y solidaridad a la hermosa y hospitalaria ciudad de Ceuta, y a sus habitantes de raza española.

Y a mis compatriotas recordarles lo que dice la Constitución del 78, en su artículo 8:

“1. Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento jurídico”.

Claro que esos fines son difíciles de cumplir cuándo quiénes están al timón de España son los propios enemigos de la Patria…