Ramiro Ledesma Ramos nada tuvo de original, fue un pensador político de escasa importancia y con menos seguidores. Admirador del fascismo italiano y del partido obrero alemán trató de implantar la doctrina nacional socialista en España con escaso éxito, y con ello se ganó la antipatía incluso de los que en un primer momento pudieron ver en el joven algo provechoso, más nunca, como demostraron los acontecimientos, con su ideología anti-española. Al pobre Ramiro mas le habría valido quedarse en la especulación filosófica que dedicarse a la política, de España no entendió nada, y por eso su relación con Jose Antonio se extinguió muy pronto.

 

La doctrina nacional socialista es la antítesis de lo que represente el pensamiento hispano, el pueblo español no la entiende, y el que la entiende la aborrece. El “corpus ramirista” esta compuesto por los artículos que el castellano publicó en su semanario La conquista del Estado. Su planteamientos son los de un “fascismo a la española” -lo que supone de suyo una contradicción–. Lo que viene a postular es un estado nacionalistas de economía socialista, o lo que es lo mismo un globalismo avant la lettre como el que trataron de alcanzar los dirigentes nazis. A Ramiro lo expulsaron de Falange Española por incompatibilidad ideológica, aunque el alegó que falange se había apartado de la vía revolucionaria, es decir de la violencia física como método, de la Jose Antonio había renegado cuando dijo aquello de “enterrar a nuestros muertos” o la “ dialéctica de los puño y las pistolas”, si se interpreta por la voluntad de su autor, y no en contexto –que es lo mismo que decir en arbitrariedad– como le gusta a los hermenéuticos, de los que por cierto Ledesma también era seguidor.

 

El nacional socialismo tampoco tiene nada de original, Mussolini escindió una parte del socialismo italiano y sustituyó el internacionalismo por el imperialismo, o en otros términos: por el culto a la figura del emperador, que da la causalidad en aquel momento era él. Benito fue un megalómano excéntrico que trató de imitar la exposición que de los lideres militares había hecho el romanticismo , y en su aventura ideológica se llevó por delante la vida de miles de italianos a los que mandó a combatir en África en honor a su propia divinidad.

 

El caso es que el fundamento ideológico del socialismo, en cualquiera de sus formas, es el materialismo, lo que supone una contradicción frontal con el tomismo escolástico de que el pensamiento hispano es heredero. Ramiro como sus colegas alemanes e italianos pensaba en un estado totalitario: sin libertad política ni personal, con una economía planificada. Adolecía de ese paradójico idealismo que afecta a los filósofos materialista, y veía la república platónica como una probabilidad ontológica. Jose Antonio sin embargo era abogado, un hombre culto, pero sin la excentricidades del “académico”. Desde Joven se había instruido en el pensamiento tradicional y entendía a la perfección el fundamento genético-histórico del pueblo español. Su pensamiento es el germen para la sublimación de una doctrina filosófico-política genuina de España, y que todavía nadie a desarrollado en plenitud. La importancia histórica de Jose Antonio no ha empezado si quiera a conocerse. Su figura tan denostada por unos y por otros, ha impedido que se desarrolle su pensamiento, sin bien tenemos cientos de títulos biográficos y compilaciones de la obra del jurista, los hay muy escasos sobre los fundamentos filosóficos de sus pensamiento. Jose Antonio es un pensador todavía no pensado, mientras que Ramiro fue un marxista disidente como muchos en su época.

 

El marxismo –socialismo– es un pensamiento anti-español, frente a la “metafísica de España” entiende que esta se justifica no en un destino histórico común, si no en la estructura política del estado– por eso Ramiro quería conquistarlo– y así ni se entiende ni se justifica la unidad de España , ni que España es mucho más que el estado español, es una “unión de razas, pueblos y costumbres en un destino universal” y no unidad política si no una unidad genético-cultural, porque español puede ser cualquiera que quiera serlo, de la raza, del pueblo, o de la religión que sea. El racismo –no en un sentido peyorativo, si no como argumento lógico– es contrario al pensamiento hispano que no concibe al hombre por la materia de la que está hecho si por el espíritu que Dios le ha dado.

 

No obstante siempre habrá hombres que miren desde una perspectiva material, piensen el mundo en relaciones de poder, como si solo de pan viviese el hombre. Herederos de un pensamiento que en vez de ver la potencial amistad del otro ven el peligro que supone el ejercicio de su libertad, herederos de este materialismo son los nacionalismos periféricos, que son incapaces de argumentar porque Cataluña tienen derecho de autodeterminarse pero no cada pueblo de la región, lo mismo le ocurre a los que llevan el nacionalismo a un estrato superior, al del estado-nación o el del mundo-nación (globalismo). Y por su puesto también son legitimarios los marxistas más rancios, que son sin quererlo padres de los primeros.

 

La patria es todo aquello que heredamos de nuestros padres y que debemos conservar porque amamos a nuestros antepasados en los que como mínimo nos hemos sublimado. Cualquier otra idea sobre la patria ni tiene fundamento, ni está justificada, y conduce al flagelo de la discordia.

 

A veces la euforia de la juventud conduce a graves errores dogmáticos –como en mi opinión le ocurrió al pobre Ramiro–, pero una cosa es errar y otra ser un canalla, un charlatán y un jeta.