Hace años oía por las noches la Cope, en los tiempos de Jiménez Losantos, y uno de sus tertulianos más lúcidos era don Amando de Miguel, a la sazón echado de la universidad complutense, prácticamente a patadas, por sus compañeros comunistas del profesorado…

Decía don Amando, y es una frase que nunca olvidaré, que Cataluña en realidad no quiere la independencia. Que Cataluña realmente lo que quiere es una ¡independencia subvencionada!, es decir quedarse con la totalidad de la recaudación fiscal, y que el resto de España les siga aportando dinero, para mantener su alto tren de vida, muy por encima de sus posibilidades, y del sobreendeudamiento de la Generalidad (lo pongo en español, por joder).

Y creo tenía razón.

Vistas las continuas cesiones de ese “Churchill” (perdón, que me descojono) que tenemos en La Moncloa, y los miles y miles de millones de euros que está dando a los separatistas catalanes gratis et amore, en detrimento del resto de España, confirmo y reafirmo mi tesis de que don Amando de Miguel tenía más razón que un santo.

Los separatistas catalanes no quieren independencia alguna… Son como esos hijos mayores de edad, que “amenazan” con irse de casa, pero que, a la hora de la verdad, no se van nunca.

Y, si alguna vez deciden alquilar un apartamento (más bien un picadero), tienes que ayudarles a pagarlo, o pagarlo íntegramente, y, de paso, que vaya la mamá a limpiarlo y fregarlo una vez por semana, como mínimo. O la criada de la casa, en su caso.

Pues con los separatistas catalanes pasa exactamente lo mismo.

Teniendo en cuenta que “Churchill” les cedería hasta a su esposa, hijas y madre, a cambio de poder permanecer unos meses más en el poder, tal vez los españoles deberíamos reaccionar, exigiendo un referéndum nacional, para poder votar si queremos que Cataluña siga en España, o no.

Es muy posible que el resultado fuera muy preocupante, para el desgobierno comunista actual, y para los propios separatistas catalanes…

Y no digo más; ni menos.