Dispuesto a hacer la Revolución venía a hacer Historia. Sólo se ha hecho rico y está haciendo el ridículo protagonizando un vodevil cuyas coplas ya se cantan en los sofás del confinamiento, en el eco de las Redes Sociales, en las tabernas vacías donde el vino del pitorreo aguarda a que la muerte del Coronavirus descorche su alegría y su cachondeo, en las Redacciones de los Medios de Comunicación, en los palacios del Poder y en todos los hogares de España, desde su Vallecas proletaria a su dacha de Galapagar-La Navata, donde ha dejado abandonada, bien colocada y en bata a su penúltima Doña Inés de mercadillo que, como la Zarzamora, a todas horas llora que llora por los rincones de la mansión, con tres churumbeles en el marsupio y sin macho-alfa heteropatriarcal (que son los que, de verdad, abrigan)  que llevarse al Libro de Familia.

No tiene planta ni estampa para ser un bandolero de copla tabernaria, de esos a los que las putas esperan apoyadas en el quicio de la mancebía. Le falta clase para ser un Tenorio, y carece de estilo y valor para encarnar, ni en una obra de fin de curso, al Estudiante de Salamanca, aquél del que Espronceda dice: “Fuero le da su osadía, le disculpa su riqueza, su generosa nobleza, su hermosura  varonil. Que hasta en sus crímenes mismos, en su impiedad y altiveza pone un sello de grandeza don Félix de Montemar”. No, no da el papel. No lo daría ni en un esperpento de Santiago Segura, ni en “La que se avecina”.

Las valquirias no sueñan con él, pero sí las niñatas con alma proletaria que se ponen tontitas y húmedas con el poster del Che Guevara. Ese es su harén. Y lo cierto es que lo pastorea sin pudor y con pericia. Y con generosidad decimonónica heredada, sin duda, de los golfos de principios del siglo pasado que a sus queridas les ponían un piso o una mercería para que tuvieran un buen pasar. Este Che Guevara de remate final de rebajas bolcheviques también las deja muy bien colocadas a cuenta, eso sí, de los Presupuestos Generales del Estado, para que los desechos de tienta de su tálamo tengan un buen pasar pagado por todos los españoles ¡Qué rumboso, el tío!

Cuentan las cotorras y las comadres, las sabias porteras del periodismo rosa que, como Don Hilarión, ha dejado a la morena para irse con una rubia. Tan rubia y tan mona que podría ser una valquiria engendrada por uno de los dioses arios del Nacionalsocialismo...

¡Qué vodevil tan ridículo! Cuando les concedan la hipoteca del palacete en La Finca, en La Moraleja, en Sotogrande o en El Plantío, nos enteraremos de los nombres de los tortolitos. De momento, chitón, que la mano del CNI es alargada y él ahí tiene mano. Las dos manos. La del puño cerrado y la de firmar hipotecas multimillonarias.