Poco de nuevo puede decirse acerca de las intenciones, ya sí claramente proclamadas, que tiene el desgobierno de Sánchez de conceder el indulto a los golpistas separatistas catalanes. Este gobierno de frikis y de dependientas (y sobre todo, su cabeza) es un yonki del poder, y su camello parlamentario es el separatismo catalán, que ya es abierta y declaradamente golpista por anticonstitucional. Sólo desde ese punto de vista resulta obvio que Sánchez va a sacar de la cárcel a Junqueras y sus cómplices, y además les va a permitir volver a presentarse a las futuras elecciones para repetir lo que ya hicieron en 2017. Aumentado y corregido.
 
Lo que me resulta más interesante de este asunto es cómo los antiguos mandarines socialistas de los años ochenta, y algunos barones del llamado "psoe cristiano", critican a Pedro Sánchez y procuran alejarse de él y de sus decisiones, como de la peste. Son poco importantes García Page y Fernández Vara (que sustituyen a los Bono y Rodríguez Ibarra de antaño), pero sí tiene un mayor peso Felipe González, si bien no es nuevo su alejamiento tanto de las tesis que defendió en su día el nefasto Zapatero como las que hoy sostiene el inquilino de La Moncloa.
 
Felipe González está en contra del indulto a los golpistas y no se siente representado por la actual ejecutiva del PSOE. Igual que Alfonso Guerra, e igual que Leguina o Redondo Terreros. Pero en González se da la circunstancia de que puede hablar como ex líder del partido y como ex jefe del Gobierno. Por eso sigue teniendo entre los simpatizantes socialistas un plus de credibilidad (una vez pasados los años, claro, flaquea la memoria, y desaparecen aquellos escándalos de los años 90, que eran portada de la prensa nacional). González es al electorado del PSOE un poco lo que representa Aznar para el electorado del PP: la nostalgia de cuando los suyos gobernaron a sus anchas.
 
González dijo lo que todos sabemos: no se debe dar un indulto a unos golpistas (él no usó esta palabra) que no sólo no se han arrepentido sino que piensan repetir el golpe en cuanto les dejen. Casi las mismas palabras que García Page. Puro sentido común. Pero su entrevista en El Hormiguero de Pablo Motos (con una audiencia millonaria, por cierto) es un golpe a este socialismo de perroflautas que salió de la destartada cabeza de Zapatero (verdadero demiurgo del podemismo) y que ha comprado Sánchez hasta sus últimas consecuencias. Un socialismo que renuncia a defender lo que siempre defendió y que está en otras batallas: en el intento de destruir España y en el oscuro mundo LGTBI. Cosas que los votantes socialistas de los años ´80 jamás hubiesen podido aceptar ni apoyar en las urnas.
 
Con este artículo no pretendo blanquear a Felipe González, que por las ideas que defiende siempre me ha parecido y me parecerá una desgracia para España. Precisamente de aquella nefasta Transición en la que él tan activamente participó, y de los años de corrupción masiva y sistémica en sus cuatro legislaturas en el poder, han llegado después los arreones separatistas, la pérdida de la identidad nacional, el relativismo rampante y la consolidación del modelo de partidos politicos donde triunfan los mediocres y los pelotas del líder. En realidad, ni González ni Aznar han hecho otra cosa que mirar por ellos mismos y por sus partidos durantes los años que estuvieron al frente del Gobierno.
 
Pero, si somos sinceros, no es el mismo PSOE aquel que éste. Y dentro de la cabeza de González no fluyen las mismas ideas que en la lata de aceitunas que hay sobre los hombros de Sánchez. El PSOE de hoy quiere ayudar a los enemigos de España a conseguir sus objetivos, quiere ser la autopista para la III República, quiere echar a la derecha política (hoy representada sólo por Vox) para lograr el partido único de izquierdas y poder perpetuarse en el Gobierno. Por eso indulta a unos golpistas y por eso se pasa el informe del Tribunal Supremo (en contra del indulto) por l´Arc de Triomphe. Porque este PSOE de Sánchez es heredero de aquel de Largo Caballero que quería la guerra civil a toda costa y eliminar a todos los españoles de derechas.
 
Lástima que Pedro Sánchez no sepa una cosa muy importante: que, como Largo Caballero, se va a comer un mojón.