Qué casualidad, que Cristina Fernández de nadie (pues su matrimonio era una farsa, y su marido murió en brazos de su secretaria-amante), recientemente recibió la visita de Pablo Iglesias…

Y a los pocos días ha recibido un atentado, que se ha quedado en nada, pero que ha restaurado un poco su cada vez más escasa credibilidad.

Supongo que Iglesias le diría que el poder judicial no es de fiar, y más si no son nombrados directamente por los “clientes”, es decir los imputados o investigados.

¡Qué mala es la envidia! Iglesias también sufrió un atentado, mediante el envío de dos balas en un sobre que a saber quién se las mandó…

Mientras tanto Cristina debe de entonar aquello de: “No llores por mí Argentina, que os he robado tanto, y a manos llenas”.

¿Es normal un país donde se asesina a los fiscales incómodos o, simplemente, independientes, y una parte de la población simpatiza con una individua de la que se calcula ha robado más de mil millones de dólares al estado argentino…?

Claro que aquí, en España, también hay quienes piden el indulto para Griñán, por malversar, y en unas sola comunidad autónoma, más de seiscientos ochenta millones de euros.

Seguramente nosotros tampoco somos un estado serio, y al igual que Argentina, vamos camino de ser un estado fallido…

Lo siento mucho por los buenos amigos que hice durante mi estadía en Argentina, años ha, y que me vienen informado periódicamente del agravamiento de la situación, entre la demagogia y el populismo, a manos llenas.

Más o menos como en España.

Estoy seguro de que Pablo Iglesias cantaría en su regazo, como posible asesor áulico, aquello de:

“Será difícil de comprender

Que a pesar de estar hoy aquí

 Soy del pueblo, jamás lo podré olvidar

Debéis creerme

Mis lujos son solamente un disfraz

Un juego burgués, nada más

Las reglas del ceremonial”.

Y Cristina Fernández de nadie le dirá:

“Tenía que aceptar, debí cambiar

Y dejar de vivir en lo gris

Siempre tras la ventana sin lugar bajo el sol…”.

¡Pobre Argentina, y pobre España!