“Los viejos soldados nunca mueren …se desvanecen lentamente” dijo Mc Arthur al final de sus días. Y cuan verdad es lo que desprende este aserto del veterano General. Los veteranos soldados se mantienen firmes ante el deterioro físico que el pasar de los años produce en nuestros cuerpos. Educado y formado en la dureza de la vida militar el viejo soldado odia que le llamen viejo. Sí, veterano es seguramente la palabra que mejor define al soldado retirado del servicio activo. No le queda otra que admitirla pues no puede ocultar los achaques normales de la edad. Sí, ya no corre como antes ni está en condiciones de aguantar las inclemencias de la vida en campaña, bien sea en las largas marchas o en la vida en la mar, más ese deterioro no alcanza al intelecto salvo en personas de muy avanzada edad o con enfermedades degenerativas.

Envejecer es como subir una montaña : “cuanto más alto subes más te cuesta pero la vista es mucho más amplia y nítida”.

La acumulación de conocimientos acompañados de la experiencia suponen un acervo de posibilidades que ninguna nación puede despreciar, especialmente en momentos de crisis. A la memoria me viene cuando en la primera guerra mundial Alemania recurrió en última instancia al Mariscal Hindenburg que tenía más de 80 años para hacerse cargo de los ejércitos del frente oriental ante la impotencia que mostraban los jóvenes Generales. Han pasado 100 años desde entonces y el mundo ha cambiado mucho. Entre otros factores a destacar del cambio está la diferencia de la media de edad de entonces y la actual . Cierto es que en el camino son muchos los que se han quedado pero los que continúan en este valle de lágrimas, con más de 70 años, son personas que no correrán los 1000 metros como un joven Teniente o Capitán pero están muy por encima de aquellos puesto que cuando estos todavía van los “veteranos” ya están de vuelta y los problemas que afrontan los jóvenes ya los han afrontado los “viejos” repetidas veces.

No parece que hoy en España se tenga en cuenta esto para nada.

Sentirse joven es muchas veces cuestión de espíritu. Afrontar la vida con optimismo y ganas de vivir. Y lo es hasta que una sociedad hedonista te abandona y te deja morir en vida. Es entonces cuando se constata el grado de deshumanización al que hemos llegado olvidándose también que nada más cierto que aquello de que “como me ves te verás”.

Y es lo que veo suceder hoy en nuestro entorno.

No sé si llegaremos a saber algún día qué es lo que ha sucedido en las residencias donde miles de personas mayores han fallecido sin que nadie les haya prestado más ayuda que la proporcionada por organizaciones privadas y en algún caso el ejército.

La “rebelión de las canas” es el titular de un periódico nacional donde podemos leer la incipiente indignación de las personas mayores ante la previsible postergación que intuyen pueden sufrir en el llamado desconfinamiento. No es nuevo. Ya en Francia está presentada la misma polémica. Y ¿ porqué esta postergación? Apruebo por supuesto las medidas relacionadas con los niños necesitados sin duda de esa salida a la calle pero no es menos cierto que esa necesidad es ampliable a toda la población y por supuesto a los mayores confinados sin distinción de edades.

Veremos al final en qué queda todo esto pero la actitud que la sociedad está adoptando en este dilema empieza a ser preocupante y eso se constata en más de una ocasión, cuando, por ejemplo, sin venir a cuento, uno es interpelado por la propia policía en la calle. “Abuelo, a donde va Vd ? ..váyase a casa” o cuando , incluso, en la propia familia el espíritu protector se impone hasta extremos increíbles con discusiones añadidas.

Llevamos años donde las políticas de este Gobierno seudocomunista no hacen otra cosa que ahondar las diferencias entre hombres y mujeres, azules y rojos, cristianos y musulmanes , centralistas y separatistas, cazadores y ecologistas, taurinos y antitaurinos, proambientales y contaminadores,  todos contra todos, …etc, creando un caos social donde su revolución se desenvuelve a la perfección . Ya lo único que faltaba es jóvenes contra mayores. Y en esa estamos.

“Y se ha de tener en cuenta que un príncipe para conservar su gobierno, puede actuar contra la fe, contra la caridad, contra la humanidad, contra la religión” decía Maquiavelo planteando así la necesidad de carecer de escrúpulos morales y religiosos. Parece que en la Moncloa sí han leído “ El Principe”. Lo están bordando.