No hacía falta esperar a una pandemia mundial como la que estamos padeciendo para saber el tipo de Gobierno que salió de las urnas tras las últimas elecciones. Los que ahora se asombran y se pellizcan, quizá no sabían en aquella fecha lo que se nos venía encima; y es que nunca una alianza de socialistas y comunistas ha dado un resultado distinto del que estamos viendo. El uso torticero de las instituciones para imponer una ideología nefasta a todos los ciudadanos. 
 
Ayer hubo cientos de miles de banderas de España ondeando por toda la piel de toro por la libertad del pueblo, y eso siempre es hermoso contemplarlo. Lástima que el sistema esté tan bien atado que casi nunca las protestas sirven para conseguir un objetivo político concreto. Se hace ruido, se aparece en la prensa del día siguiente, pero en La Moncloa van a seguir los mismos que están ahora, hagan lo que hagan y digan lo que digan, que casi siempre son mentiras y puerilidades. La protesta callejera es un ansiolítico social, pero en la España del siglo XXI tiene una eficacia política nula.
 
A nosotros nunca nos gustó esa cosa extraña que se dio en llamar "España Suma", y que murió casi tan rápido como apareció. No nos gustaba porque era una amalgama de partidos neoliberales, con un ideario nada claro y demasiadas taras de errores del pasado. Aquel proyecto quedó en agua de borrajas, y el resultado fue un ascenso rotundo de VOX en las urnas, 52 diputados verdes en el Parlamento, y un gobierno social-comunista para los próximos años, lustros o decenios, quién sabe. Porque cuando se deja que esta izquierda rancia y maniquea llegue al poder, su perpetuación, por métodos casi siempre irregulares, es sólo cuestión de tiempo. 
 
Nosotros no decimos que haya que resucitar esa cosa extraña que se llamó "España Suma". Ya entendemos que siempre ha sido más gozoso, a efectos narcisistas, ser cabeza de ratón que cola de león. Lo que sí decimos, sin el menor género de dudas, es que la única posibilidad no violenta ni revolucionaria de sacar a Sánchez e Iglesias de La Moncloa pasa por una unión de las derechas en las urnas, en coalición electoral única. En una unión no deseada, por supuesto; en una unión forzosa por las circunstancias excepcionales, sin duda. Pero la única opción realista y con alguna posibilidad de fructificar a corto y a medio plazo.
 
La derecha sólo tiene que copiar, ya que no parece muy entregada a la innovación, para ver cómo manda la izquierda. Con el concurso de todos aquellos a los que puede ofrecer algo. Naturalmente, con los enemigos de España, que siempre fueron sus aliados naturales. El PP, VOX y Ciudadanos tienen diferencias ideológicas sustanciales, y todo el derecho del mundo a ejercer una dura competencia entre sí. El resultado será, no lo duden ustedes, una larga temporada de inequidades y mentiras, de alta traición y autoritarismo, por parte de quienes siguen teniendo el inexplicable monopolio de la legitimidad. La legitimidad que da, según parece, el haber perdido una guerra.
 
Ya hemos dicho que no estamos en contra del ondear de banderas, ni de la música de cláxon, ni del ambiente festivo y optimista que se desprendía de los miles de conductores que ayer llenaban las calles de Madrid para protestar contra este gobierno. A nosotros también nos gusta, nos ha gustado siempre, lo que huele a Patria, a decencia y a libertad. Pero nosotros, a diferencia de otros comunicadores, no alentamos ilusiones vanas ni sembramos esperanzas en tierra yerma. Casi tan malo como comprar mentiras ajenas es creerse las propias. 
 
Lo repetimos: en este sistema tan perfectamente atado por la partitocracia, pasar de Cánovas a Sagasta es la única opción ciudadana si no se quiere acabar en prisión. El movimiento se demuestra andando. Si lo que la mayoría de los españoles quiere es echar a Sánchez e Iglesias de La Moncloa, ya saben exactamente el camino que deben recorrer.