Me achaca un reciente lector que percibe en mis escritos, y por tanto en mi ánimo, un creciente pesimismo y desasosiego. No anda descaminado. Lo siento. Apenas vislumbro nada bueno en el panorama nacional que dé lugar al optimismo, lo que no quiere decir que no mantenga las esperanzas intactas en que esta situación se pueda revertir más tarde o más temprano. Y para darle alguna alegría a ese lector habitual me traslado a un reciente pasado. En concreto a los países hispanoamericanos de Centroamérica en los años 89/91 del siglo pasado cuando los conflictos en Nicaragua, Honduras y El Salvador bullían. Sandinistas, la Contra, el FMLN …campaban a sus anchas en el territorio lidiando sus diferencias en conflictos armados del que eran sufridores sus humildes habitantes. Y mediaron las NNUU, se firmaron los acuerdos de Esquipulas y el medio de control internacional de la situación se constituyó sobre una organización que se llamó la Organización de las Naciones Unidas en Centroamérica ( ONUCA ) . A su mando se situó a un español, el General Garcia de Quesada. Y con él cientos de oficiales de distintos países : Suecia, Irlanda, Indios, alemanes, brasileños, ecuatorianos, colombianos, venezolanos , canadienses , argentinos y …. españoles. La misión : supervisar el cumplimiento de los Acuerdos firmados en Esquipulas lo que inicialmente requirió el control y ejecución del desarme y desmovilización de las guerrillas contrasandinistas así como la vigilancia de las aguas limítrofes entre Nicaragua, El Salvador y Honduras y desde luego el conjunto del territorio interior. Se estableció una organización compleja que requirió además un complicado enlace y coordinación con los Gobiernos y Ejércitos de dichas naciones. Desplegados a lo largo de todo ese inmenso territorio se establecieron numerosos puestos de verificación enlazados muchas veces con dificultad con el Cuartel General en Tegucigalpa desde donde se ejercía el mando de la operación en su conjunto.

Llegados a este punto:  la sucinta y breve exposición de ONUCA, y su razón de ser( que por otra parte he desarrollado con anterioridad en otros viejos artículos) , cabe preguntarse que relación tiene todo esto con el título y objeto de este artículo. Sencillo, lo diré: el papel relevante y decisivo de los oficiales españoles. Puede que en otras partes del mundo no sea así,  aunque discrepo por mis experiencias personales , por ejemplo, en los Balcanes, pero la realidad es que allí en aquellas naciones, que un día formaron parte de la Gran España de otros tiempos, los españoles sentimos desde el primer momento estar en casa. Y, aunque no lo reconozcan muchas veces , los propios lugareños así lo percibían también. El impulso, la fuerza, el sentido, los sentimientos, la comprensión de los problemas… etc que llevaron tras un largo periodo de tiempo a la paz vinieron de los españoles que sin pretenderlo se convirtieron en los líderes de la exitosa operación. Siempre fuimos la referencia de toda actuación y a nosotros se dirigían siempre tanto los dirigentes de los gobiernos como los de las guerrillas. La comunidad de lengua, de religión y desde luego  más de trescientos años de vida en común fueron determinantes. Recuerdo que un día , en el Estado Mayor de Tegucigalpa donde me encontraba destinado,  mi jefe, un coronel irlandés llamado Murphy junto a los alemanes responsables de los servicios de sanidad , se salieron  de sus casillas en una reunión de coordinación con el Estado Mayor hondureño hartos de sentirse ninguneados puesto que los responsables hondureños se relacionaban directamente conmigo y mis subordinados también españoles. ¡ Nos vamos y que se queden solos los españoles! ! Aquí no pintamos nada! Dijo el irlandés airado y se fueron irlandeses y alemanes .

Se dice y lo corroboro : hay que conocer y vivir un tiempo en la otrora America española para ser consciente de lo que ha significado España en el mundo y en la historia . Claro que hay diferencias múltiples pero no se crean que son muy diferentes a las que hay entre un gallego, un vasco o un andaluz. Desde luego por lo que a mi respecta a las semanas de estar allí ya me sentía en casa. Tanto en las relaciones personales como en las operaciones navales , aéreas o logísticas que allí tuvieron lugar los españoles éramos siempre la referencia.

Les contaré una anécdota de las miles que les podría contar de aquel largo año en Centroamérica: sucedió- inexplicablemente- que un alto oficial de ONUCA, a la sazón un General canadiense, enamorado perdidamente de una lugareña se olvidó por completo de incorporarse a sus obligaciones y sencillamente se escapó a un recóndito nido de amor con la intercepta. A lo largo de mi vida en activo he recibido muchas órdenes de todo índole. Creo que esta es la más extraña que jamás recibí : búsqueda y localización del citado General y obligarle a retornar a su puesto . Y allí nos fuimos dos españoles . Nada más llegar a la isla ( Guanaja, en el caribe hondureño) no tardamos mucho en resolver la tarea. Todos los nativos al constatar que éramos españoles se pusieron a nuestra disposición para localizar al “ gringo” en una comunidad de sentimientos difícil de explicar y aún más de entender por los componentes de la Organización  de otras nacionalidades quienes, dicho sea de paso, estaban hasta la coronilla de sentirse allí segundones.

Ya  he contado en más de algún que otro artículo qué fue ONUCA y en qué consistió su labor. No es el caso hoy de repetirme. Hoy quiero resaltar otra cosa que para mí supuso ante todo el fortalecimiento de mi esencia orgullosa de español. Y de ahí que quiera exudar hoy optimismo ante tanto paleto aldeano separatista que pulula por estos lares patrios queriendo romper nuestra Patria con la ayuda de tanto miserable “aprovechategui “ para sacar tajada del desastre.

Jamás, jamás, romperán nuestra vieja nación española forjada a sangre y fuego durante tantos siglos . Ante la historia no son nadie. Sí, son unos miserables pero muy débiles ante la Nación. Cierto , hoy el pueblo, los habitantes actuales del territorio español , andan despistados y confuso s pero la Nación se compone no solo de los que hoy la habitan - el pueblo - sino también de los que la forjaron en el pasado y lo harán en el futuro : la Nación y la Patria.

Así, recordando aquellos tiempos no tan lejanos, renace en mí el optimismo que pierdo ante la visión de la situación presente. Fue en Centroamérica. También lo viví después en Bosnia o en el Líbano pero eso queda para otra historia posterior.