Refunfuñamos, pero no actuamos. Nos acunamos en la fatiga y el hastío. Sin ira y sin furia nos entregamos al engaño y nos dejamos saquear. Hemos dejado de creer en nosotros mismos para reafirmar nuestra indolencia en el papel que se nos otorga, segundones sin frase en el tinglado de la vieja farsa: la mentira que nos envilece porque la damos por inevitable sin sublevarnos ante la obscena zafiedad de sus heraldos que ya han perdido el pudor del recato para proclamarla y ejercerla desde los tres poderes del Estado, porque saben que el pueblo al que pastorean carece de decoro, de pulso y de conciencia.

Tenemos lo que nos merecemos, sí. Y cuando un pueblo recibe lo que merece, la queja y la protesta pierden legitimidad porque carecen de autenticidad y de justificación. Estamos inmejorablemente representados por una casta de bramanes políticos abyectos que llegan al Poder gracias a la naturaleza colectiva del pueblo español, que es exactamente igual que ellos, que todos ellos. Los Sánchez y los Casado, las Yolandas y las Arrimadas, los Iglesias y los Echeniques, los Egea y los Mañuecos salen todos de la misma entraña de los que refunfuñan en la perezosa calma del dolce far niente democrático, tolerante, dialogante y demás mantras lobotomizantes y sedantes. No son prótesis, no son ninots, no son imposiciones. Somos nosotros mismos con acta de diputado, con vara de alcalde o con cartera ministerial. Son nuestro alter ego, y lo saben. Por eso hacen lo que hacen tal y como lo hacen. Saben que el desencanto no muda en ira, ni el desengaño en furia, ni la pobreza en motín. Saben que el llanto de los que piden la vez en las colas del hambre es solo un adorno sensiblero de sus telediarios, del mismo modo que sus falsas broncas parlamentarias son el hunga-hunga de sus tribus sociales y el incentivo de sus rebaños electorales. Mienten con toda la boca. Mienten como respiran. Mienten hasta en el halago zalamero a sus votantes. Y el pueblo al que engañan y saquean les firma la patente de corso cada vez que tocan a rebato las urnas. Vota, paga, calla y llora. No mereces otra cosa.