Todo apunta, a que este gobierno ilegítimo, nacido en la mayor estafa electoral de nuestra democracia y formado por los enemigos de España, elegidos desde las canteras del adoctrinamiento y la incultura, conseguirá sus criminales propósitos en otro acto de prevaricación extrema: La demolición y el arrasamiento de la Cruz y la Basílica del Valle de los Caídos, así como la expulsión de la comunidad benedictina que lo custodia.

Lo tienen todo, menos la razón (la frase no es mía) pero, si nos atenemos a las lecciones de la Historia, a veces el “todo” no basta, más aún cuando quien permanece en pie, frente a toda esta turba de maleantes, es un soldado de los Tercios españoles, del Tercio de Armada, nada menos.

Y no está solo.

Como supondrán ustedes, me refiero al general Chicharro, presidente de la Fundación Nacional Francisco Franco. Quedaría muy bonito decir que este soldado español, hoy administrativamente retirado, moralmente en activo en la que es la misión más importante de su vida (y hablo de un general de Infantería de Marina) decir que es un héroe al servicio de España cuando sus convicciones coinciden con las de quienes valoramos positivamente la labor del Caudillo. Pero hay mucho más.

Jamás oí decir al general nada que fuese ofensivo para las víctimas o caídos del bando republicano. Tampoco ha salido de su boca ni una palabra de aprobación o enaltecimiento a la represión que pudiesen sufrir los del bando contrario, lo cual le honra como caballero español. Desde sus convicciones, claramente vinculadas al bando de los vencedores, que tanto padecieron, ha ejercido siempre una generosa conducta de respeto y convivencia común, muy difícil encontrar entre quienes ahora se auto enaltecen como promotores de ese engendro que llaman, en el colmo del cinismo, Ley de Memoria Democrática.

Mi general: usted no está solo. Como imaginará, millones de españoles repudian la vergonzosa política revanchista de un gobierno que nada tiene de democrático, con una hoja de ruta que pone los pelos de punta a cualquiera que tenga el valor de abrir los ojos. Pero no me refiero sólo a esos españoles de bien que detectan enseguida la maldad premeditada de un gobierno ilegítimo. Me refiero, mi general, a quienes merecen, como usted, la protección del Manto de la Virgen del Pilar, Patrona de España y la Espada de Santiago el Mayor, y además, por si esto fuera poco, como infante de marina, sabe que siempre contará con el consejo de la Virgen del Carmen, Patrona de la Armada, a quien encomiendo mis plegarias para que nunca le falte.

Con la serenidad de quien sabe que está en el lado correcto, sepa usted que nunca estará solo, pues ni los héroes de Empel estaban solos en aquel ocho de Diciembre de 1585.

Qué le voy a contar yo, a estas alturas, a un soldado de los Tercios, mi general.