Padecer un Gobierno como éste que encabeza Pedro Sánchez tiene por lo menos dos inconvenientes muy graves. El primero es el deterioro imparable de las instituciones públicas como consecuencia directa del perfil de sus miembros: gente muy ideologizada y sin escrúpulos morales. El segundo es el deterioro imparable de la calidad de vida de los ciudadanos como consecuencia del abandono de la gestión económica, siempre enfocada a la propaganda y nunca a la realidad. 
 
Tiempo tendremos de analizar la primera cuestión, sin duda la más prolija en cuanto a las áreas a las que afecta, pero hoy nos detendremos en la segunda. Y obviamente, si hablamos del empobrecimiento de la mayoría de los españoles, tenemos que hablar del escándalo en el aumento de los precios de la energía, y más concretamente de la luz, convertida, gracias a Pedro Sánchez y sus títeres comunistas, en un artículo de lujo.
 
Es, desde luego, poético por paradójico que un Ejecutivo instalado en las tinieblas oscuras del satanismo masónico, nos aleje de la luz. No de la Luz de Cristo, que eso nunca lo podrá lograr, pero sí de los amperios y kilovatios, las nuevas angulas de la menesterosa clase media. Un elemento, la electricidad, de primera necesidad, que estamos pagando por encima de los 200 euros el kw/h, bastante más que los percebes o el azafrán. Impagable para los pensionistas, imposible para los casi 4 millones de parados dependientes de Yolanda Díaz, 200 euros inalcanzables para la juventud que quiera independizarse y formar una familia. 
 
Como para los mediocres todo son excusas, el Gobierno más demócrata de la historia, el que no iba a dejar a nadie atrás, el que pensaba atar perros con longanizas gracias a los fondos europeos que nunca llegan, dice que el precio de la luz no depende de él. Dependía de Rajoy. Eso sí, cuando gobernaba el PP, Rajoy condenaba al hambre y a la miseria a los trabajadores porque la luz costaba 50 euros. Hoy cuesta 200, pero la culpa ya no es del Gobierno, sino de la coyuntura internacional.
 
Y es cierto, por supuesto que hay factores geo- estratégicos que alteran los precios de las materias primas, pero esos factores también existían antes, porque han existido siempre. Argelia nos acaba de cerrar el grifo del gas natural que ahora tendremos que buscar en otros yacimientos, porque si en política interna los ministros son para llorar, nuestra política exterior sencillamente es de risa. Nadie nos toma en serio porque Sánchez lidera un gobierno que es una broma pesada.
 
El otoño nos precipita al abismo de una incertidumbre de la que algunos ya avisamos. Millones de parados, miles de trabajadores en ERTE, pensiones que no se pueden pagar, unos salarios que suben 12 euros, y un recibo de la luz que supera los 200. Las calles siguen tranquilas y las terrazas se llenan de cervezas y pinchos los fines de semana, porque aún queda el colchón de la familia con sus poquitos ahorros. Cuando el colchón se termine, quizá las sonrisas se vuelvan lágrimas.
 
Vargas Llosa decía esta semana que lo importante no es solo votar en libertad, sino también votar bien. Votar correctamente. España se ha vuelto a equivocar poniendo a socialistas y comunistas en el poder. Los errores se pagan muy caros. Y a Pedro Sánchez, no les quepa duda, solamente pueden mandarlo a su casa las urnas.