Iglesias no es Varufakis. No está dispuesto a quemarse a lo bonzo y llevarse por delante a España y a la Unión Europea. El marquesado de Galapagar le ha amansado. Tanto que Podemos ha firmado en Bruselas una carta en la que reconoce que las ayudas europeas tendrán que llevar controles. A saber: ajustes para sanear la economía y reformas para modernizar la economía.

Además, Sánchez -que antes de ayer estaba gallito con Bruselas- ha cambiado su actitud: no levantemos la voz para no perder lo que ya hemos arañado. Ambos podrían romper la baraja. Pero en la ruptura se llevarían por delante el mismo proyecto europeo -o lo que quede de él- la permanencia de España como la conocemos y probablemente a ellos mismos. Así que se ha impuesto la cordura.

El acercamiento a Ciudadanos forma parte de esta nueva estrategia de presentarse aseados en Europa. Los de Podemos patalean: piden comisiones para investigar al Rey y hacen ruido. Pero terminan “adaptándose” a la ‘nueva normalidad’ de Moncloa, la de los recortes.

Por supuesto, el escenario está lejos de estar pacificado, pero al menos disponemos de una faja exterior llamada Bruselas y de una faja interior llamada Ciudadanos. Ambas garantizan cierto control. Mucho menos del que a algunos nos gustaría, pero mucho más que si no existieran.

Los de ERC seguirán gritando que ellos y los españolistas de Ciudadanos son incompatibles. Seguirán irresponsablemente con sus ensoñaciones nacionalistas mientras el barco común hace aguas. Pero pronto se darán cuenta de que sus lamentos son melancólicos cuando Sánchez logre consensos presupuestarios con los ‘naranjitos’ y quizás logre sumar a los populares.

Los de Iglesias se retorcerán con los recortes. Sacarán la pata del banco, montarán polémicas circenses, pero se comerán el nuevo ‘zapatazo’ porque fuera de la Moncloa hace mucho frío. Probablemente rompan dentro de dos años para poder presentarse ante los suyos como la Virgen Inmaculada. La escasa memoria del votante otorga eficacia a estos juegos florales…

Y por supuesto, el gobierno tratará de engañar a Bruselas con cuentas imposibles y disfraces increíbles. No colarán. Porque la policía no es tonta. Y Bruselas, tampoco. Pueden maquillar las subvenciones verdes y cierto ‘PER tecnológico’ como modernización. Pero si algo saben los hombres de negro es sumar.

Conclusión: si alguien albergaba la esperanza de una crisis de gobierno en otoño y un adelanto electoral, que abandone su esperanza. Nos esperan unos años de ajuste, crisis, polémicas internas y gestión manifiestamente mejorable. Una alternativa probablemente mejor que una repetición electoral con idéntico resultado o un gobierno del PP con la izquierda incendiando las calles.

El anzuelo del pescador

Seis años de Felipe VI. Su entorno advierte que “se avecina un ataque frontal”. Si la izquierda no puede discutir el fondo, probablemente dirija sus críticas a la forma. Porque su deslealtad nunca le permitió aceptar el consenso de 1978.

Migajas para el Turismo. Es nuestra gallina de los huevos de oro, pero el gobierno apenas destina 4.262 millones de los que sólo el 7% son ayudas directas. El problema no son las pérdidas -83.000 millones- sino la competencia desleal de nuestros socios.

Cataluña gira 180 grados. A las 24 horas de asumir la responsabilidad del estado de alarma, la Generalitat decreta su levantamiento. ¡Qué bien se vivía exigiendo seguridad y culpando al gobierno central de los costes de esa seguridad! Todo un paradigma…