Dice un buen amigo mío, que España es experta en pagarle la municiona al enemigo. Lo hicimos con la intentona golpista del 1 de Octubre en Cataluña, lo seguimos haciendo con el asunto de los indultos, y lo volvemos hacer con nuestras relaciones con Marruecos. España es ese país extraño que tiene por costumbre favorecer a los que nos odian, por costumbre  dialogar con los asesinos y los delincuentes y por costumbre, favorecer los intereses de aquellos que más nos perjudican.

No tenemos una voluntad firme y férrea de defensa de la unidad de España, de su soberanía y mucho menos de su integridad territorial. El modelo autonómico solo ha servido como la constatación de un fracaso, de un hecho demencial, que nos ha debilitado y a favorecido y facilitado el camino a muchos de los que desean que este país desaparezca tal y como lo conocíamos. Lo están consiguiendo. Los denominados como los dos principales partidos políticos de este país, Partido Socialista y Partido Popular, trabajan con ahincó desmesurado en la disolución de España en entes supranacionales que anulan nuestra voluntad y nos deja a merced de las decisiones que otros toman por nosotros.

El gobierno de Pedro Sánchez, con la colaboración inestimables de su partido, del PSOE,  premia a los que pusieron en serio peligro la unidad de España, mediante una intentona golpista, con indultos y prebendas, con “dialogo y concordia” con los delincuentes, que no con las víctimas. Pedro Sánchez lo hace más por devoción que por obligación. Es cierto que necesita el apoyo de la anti España para mantenerse en el poder, para alargar la agonía de esta legislatura, pero no es menos cierto, que teniendo otras posibilidades, el PSOE siempre ha preferido elegir entre sus socios preferentes a los enemigos de este país, a los que cuestionan su unidad o a los amigos de  aquellos que durante un largo periodo de tiempo, se dedicaban a asesinar a civiles y a los miembros y fuerzas de seguridad del Estado. El PSOE tiene una larga tradición “criminal”, siempre reivindicando lo peor de su propia historia, lo peor de sus dirigentes, siempre sintiéndose orgulloso de ladrones y personajes detestables, que incluso provocaron una guerra civil entre españoles. El PSOE ni aprende, ni tiene ganas de cambiar.

Los distintos gobierno de este país, han sido también cómplices con la “silenciosa “invasión que llevamos años soportando. No han defendido con la contundencia que hubiera sido deseable, ni la españolidad de Cataluña, ni la de las ciudades de Ceuta y Melilla. La traición en este sentido es transversal, y afecta por igual a Partido Popular que a Partido Socialista. Los populares en Ceuta, han interiorizado en exceso, los mensajes de Pablo Casado, pactan con los socialistas, antes de que un nuevo actor, en este caso Vox, les reste protagonismo. Prefieren ponerse del lado de los “invasores moros”, muchos de ellos con pasaporte español, antes que defender a los ciudadanos de Ceuta y Melilla. El desgaste socialista es innegable y evidente, pero en este caso, el Partido Popular acude al rescate de los socialistas, pues están más preocupados en salvar el bipartidismo que en salvar a España.

Tenemos una errática política en su totalidad, con independencia del partido que gobierne y que casualmente, son los que están instalados en el bipartidismo, son los mismos que nos  hablan de cambio, para que todo sigua igual. Ambas organizaciones no desean perder sus privilegios, y para ello están dispuestos a sacrificar la propia viabilidad de la nación. Han vaciado a España de contenido y de soberanía, primando todo aquello que nos separa, por encima de todo aquello que nos debería unir, han puesto España en venta. Regalan 30 millones de euros a Marruecos, para que la invasión no sea abrupta, y si de una manera algo más discreta. Les regalamos material bélico y transporte, para en caso de que tengamos algún conflicto, lo puedan utilizar contra nosotros. Humillar a España tiene premio, tiene el regalo de la colaboración y ayuda de nuestro gobierno.