Cada uno vomita lo que lleva dentro: los volcanes lava y los tontos gilipolleces. El Gobierno de Pedro Sánchez es un volcán en permanente erupción de idiotas socialcomunistas que escapan a las minuciosas y certeras predicciones de los vulcanólogos y que huyen del diván de los psiquiatras para derramar su lava dialéctica, como el torpe social (que es como se denomina en la jerga vaticanista al gilipollas esférico) que consuela a la madre que acaba de enterrar a un hijo diciéndole “alégrate, aún te quedan seis hijos más”, como le pasó a la mía con una estúpida beata del Opus Dedi el día que dábamos tierra a mi hermano Rafa. La lava del volcán la apagan y la enfrían el tiempo, la lluvia y el viento. La lava dialéctica del tonto, con o sin cartera ministerial, permanece eternamente incandenceste sobre la piel y el recuerdo de sus víctimas.

Reyes Maroto, que es ministra de no sé qué ni para qué, como los demás zanganos tarados que se sientan junto a ella en la Moncloa, acaba de demostrar una vez más que es la encarnación del tonto platónico. El gran discípulo de Sócrates, creador de la Academia, decía que tontería y maldad son términos consustanciales. Es cierto, no hay tonto bueno, sin menoscabo de que haya malvados muy inteligentes. No es el caso de Reyes Maroto, que acaba de sentar plaza y cátedra vitalicias en la Academia de Tontos Platónicos, con sus declaraciones sobre la maravillosa belleza, y sus consiguientes beneficios turísticos, de la vomitona de lava del volcán de La Palma que está calcinando las haciendas presentes y la vida futura de nuestros compatriotas isleños, mientras los ojos vacíos de inteligencia y de piedad de la ministra de no sé qué ni para qué contemplan extasiados el maravilloso espectáculo de la Naturaleza, tal y como un chimpancé contempla ensimismado los trucos baratos de su domador. El simio es más inteligente que Reyes Maroto, hace el mono pero no habla y, además, es capaz de viajar al Espacio y más allá como su colega Pedro Duque. A la ministra de no sé qué ni para qué hay que aguantarle su torpeza y encima escucharla calladito y sin réplica; de lo contrario el domador te encierra en la jaula de los altivos felinos antidemocráticos que almenan, desde que los volcanes eran pucheros, la heráldica de la Resistencia contra los tontos. O sea, contra los malvados, con o sin cartera ministerial.

A Reyes Maroto le excitan las vomitonas volcánicas porque atraen muchos chimpancés como ella, pero con cámara de fotos y pulserita de pensión completa. A mí, mona (no es un piropo machista, es un término zoológico), “me pone cachondo el olor a napalm por las mañanas” después de haber bombardeado con esa lava sintética las cumbres colonizadas por los tontos. O sea, por los malvados. Cada vez que un tarado de Sánchez vomita una gilipollez, me pongo en la tele Apocalipsis Now. Es un acto reflejo, como la estupidez en Reyes Maroto.