En la propia naturaleza de la ideología marxista radica su tendencia natural a la muerte. A la muerte de los demás, por supuesto. Es decir, al asesinato.
 
El marxismo, que bebe del materialismo hegeliano, no solamente es un disparate en su dimensión económica (que, en su puerilidad profunda, niega las leyes del mercado), sino que se sustenta en un nihilismo moral para el que la muerte es siempre la mejor solución. Una muerte sin vida eterna, sin esperanza y sin perdón. Una muerte fría como un tanatorio, fría como un cementerio. Una muerte que conduce irremediablemente al infierno.
 
La paranoia socialista lleva a considerar dignas de protección solamente algunas vidas humanas, y sólo en determinadas circunstancias. Por ejemplo, son dignas de protección las vidas de las mujeres de izquierdas, porque sólo el feminismo radical es demócrata y respetable. También las vidas de los negros de izquierdas son intocables, porque ser racista es un delito imperdonable. El resto de vidas humanas no merecen la menor protección: los hombres deberíamos desaparecer de la faz de la Tierra, sobre todo los que no somos de izquierdas. Los niños deben desaparecer, porque dan la lata, impiden "realizarse" a las madres, y encima crecen y pueden llegar a votar a Vox. Los fetos, por supuesto, deben ser eliminados porque no son personas, sino una carga para las mujeres embarazadas. Y naturalmente, los ancianos deben morir porque salen muy caros. Así piensa esta ralea izquierdista que ha tomado el poder en el mundo.
 
En este contexto decididamente esquizofrénico, paranormal y criminal, a nadie debe extrañar que este Gobierno amoral siga haciendo leyes inicuas que van contra el Bien Común, como es la nueva ley de la eutanasia que deja las vidas de muchas personas mayores e incapacitadas en manos del primer criminal que se cruce en su camino con capacidad para decidir sobre su futura existencia. Haciendo de la medicina no la ciencia casi divina que siempre ha sido, sino un pasadizo vergonzante para el asesinato. Y obligando a los galenos a tener que elegir entre convertirse en unos criminales o verse fuera de la legalidad en defensa de sus principios.
 
Seguramente ustedes no sepan que solamente el 40% de las personas que necesitan cuidados paliativos son atendidos correctamente en España. Y que la causa y el motivo de esta absoluta barbaridad es "la falta de medios", esa muletilla con la que el Sistema intenta convencer a los cráneos vacíos. Sobra dinero público para que medio centenar de guardias civiles sigan custodiando la vivienda particular de un ex vicepresidente del Gobierno, o para rescatar una aerolínea sin pasajeros, pero no hay medios para paliar el sufrimiento insoportable de miles de ciudadanos honrados en sus últimos meses de vida. Así nos toma el pelo el régimen bipartidista del ´78.
 
Según los expertos en cuidados paliativos, todas las personas que reciben esa atención integral conservan la esperanza de seguir viviendo y agradecen esos cuidados, que les mantienen con una calidad de vida muy importante. Por el contrario, quienes no tienen la suerte de recibir cuidados paliativos, enseguida empiezan a tener ideas suicidas y por supuesto reciben como una solución aceptable la eutanasia que ahora esta nueva ley les pondrá en bandeja. Todo sea por seguir disminuyendo el número de pensionistas que ya la pandemia y la gestión criminal de este gobierno han jibarizado de forma atroz.
 
Muerte, muerte y más muerte. Si no en cámaras de gas, como las de Stalin, en campos de concentración como los de Fidel Castro. Si no en las checas del Madrid republicano, en las granjas humanas de Pol Pot. La muerte de los abortorios o de los hospitales donde a partir de ahora se administrará el paso rápido no a la vida eterna, sino al nicho y al sepulcro. A la muerte sin esperanza en la que creen estos nihilistas furibundos. A la mortaja, que es en definitiva la única vestimenta que los marxistas son capaces de llevar con dignidad.