No pertenezco a partido o partida política o criminal alguna, y eso tiene una gran ventaja para mis adversarios y enemigos: que pueden vapulearme sin problema alguno, pues nadie me defiende.

Pero esa independencia me ayuda a pensar y escribir lo que pienso, pues carezco de anteojeras ideológicas o partidistas, y así habrán visto artículos en los que pongo a caldo al PP, y otros en los que critico a la PSOE (yo les llamo así, pues son una auténtica empresa de colocación, más bien enchufismo, en la teta pública, y latrocinio de dinero, también público), Unidas Podemos, Vox, etc.

Digamos que no escribo para hacer amigos, sino más bien enemigos, a los que ya solo les falta constituirse en asociación…, pero todo llegará.

Pues bien, esta semana pasada me he quedado sorprendido al ver a dos ex Presidentes del Gobierno de España declarar ante los juzgados y tribunales, como vulgares “mangantes”, si bien como simples testigos, al menos por ahora…

Aznar con chulería y prepotencia, como siempre, y Rajoy a la gallega, que nunca sabes si sube o baja, si está en un sitio o pasaba por allí por casualidad, en fin de forma sibilina y retorcida, como es el personaje, o más bien el personajillo, el registrador de propiedades ajenas.

Me ha dado pena, mucha pena, pero no por ellos, que con su pan se lo coman, sino por la utilización fraudulenta de la “justicia”, para presentar al PP como un partido corrupto, mientras que el otro, la PSOE, son una auténtica virgen sin desvirgar…

Pero una “virgen” que malversó ochocientos sesenta millones de euros de los Eres andaluces, según Sentencia de la Audiencias Provincial de Sevilla, sentencia recurrida ante el Tribunal Supremo, donde está debidamente aparcada, y duerme el sueño de los justos…

En el caso del PP se trata, presuntamente, de dinero privado, donado al partido, y que sirvió para pagar parte de la reforma realizada en la sede de Génova, 13, de Madrid.

En otras palabras, no hace falta ser un jurista para darse cuenta de que no es lo mismo “robar” dinero público, de todos nosotros, a recibir donativos de empresarios privados, que lo dan a un determinado partido por razones ideológicas, de amistad…, o incluso como posibles sobornos, para conseguir alguna obra pública, etc.

Los dos casos son sangrantes, pero, desde luego, es mucho más sangrante malversar el dinero público, y encima destinado a ayudar a los parados, a los que teóricamente la PSOE dice defender y representar, que la actuación, también reprochable, si fuera cierta, del PP, recibiendo y aceptando donaciones de particulares, y no declarándolas en sus cuentas oficiales.

¿Recuerdan ustedes cuándo un tal Garzón, juez prevaricador, dijo que la X de los Gal se llamaba Felipe González –es decir, la persona que estaba al mando de la organización-, y el Tribunal Supremo dijo que no se le podía llamar a declarar, pues eso le iba a “estigmatizar” socialmente…?

Primó el interés superior del Estado, de la buena imagen del gobierno de España en el mundo mundial, e incluso frente a nuestros conciudadanos, a la búsqueda específica de la verdad, por lo menos de la verdad judicial, que no tiene por qué coincidir con la verdad material, o real.

Pues ahora parece que es al contrario, y que a esos magistrados de la Audiencia Nacional les importa un pito poner al PP a los pies de los caballos, dañando, de paso, y de forma muy considerable, la propia imagen de España, dando la impresión de que somos un país bananero.

A esto me refiero cuando habló de las dos varas de medir de la “justicia” española: una para el PP, y otra para la PSOE.

Y a los hechos me remito.