Aunque no fue culpa suya, Franco no lo dejó todo atado y bien atado. Cuando su salud física iba en declive se fue preparando la gran traición que se consumaría tras su muerte. Lo primero de todo asesinaron vilmente a Carrero Blanco, uno de los hombres fuertes del Régimen, que hubiese sido un hueso muy duro de roer para las logias.

El juramento a los Principios del Movimiento muchos perjuros y traidores se lo pasaron por el forro y la gran traición a toda su magna obra se fue consumando poco a poco en una transición calamitosa que tiró por tierra muchas de las cosas buenas que Franco había hecho, aunque no todas como la Seguridad Social y unas potentes infraestructuras a todos los niveles.

Se legalizó al Partido Comunista y se dio manga ancha a los nacionalistas que, como no podía ser de otra forma, desembocaron en separatismos. Y se produjo una vergonzosa ley de amnistía perdonando crímenes atroces. De la ley a la ley cacareaban los ideólogos de la transición, el problema es que se pasó de unas leyes justas y buenas para los españoles a unas leyes perversas que han sido un absoluto desastre. No tengo ninguna duda de ello, vista la actual realidad política y social en España. La Constitución ha dado lugar a un gran fracaso: desastroso en lo político, ruinoso en lo económico y una cloaca en el terreno moral.

Ya Blas Piñar se opuso con contundencia a la llamada Carta Magna del 78. Don Blas tenía más razón que un santo: No podemos tener una Constitución que empieza negando a España como nación y además en la actual Constitución hay una ausencia total de la idea o concepto de Dios y de sus santas leyes.

La ley natural es papel mojado, de ahí que no sea de extrañar todo tipo de leyes inicuas y aberrantes que se han ido aprobando todos estos años (aborto, eutanasia, uniones gays y un largo etc.) así como las nocivas leyes educativas que incluyen la educación para la ciudadanía, ideología de género, la perversión de los niños en la tierna infancia o el educar en el odio a España, como sucede en Cataluña o en Vascongadas. Justamente lo contrario de esa gran asignatura que nunca se debió quitar Formación en el Espíritu Nacional. La última afrenta la eliminación del español como lengua vehicular en la enseñanza.

La Constitución actual permite que la ETA esté en las instituciones, junto con los golpistas y que se ponga una línea roja al partido que se opone frontalmente a estas aberraciones. La Constitución actual es en el fondo una burda imitación de la constitución republicana, si bien sin alentar el odio a la Iglesia, aunque lo permita. La Constitución actual es de carácter másonico y liberal, ideologías intrínsecamente dañinas y que la alejan diametralmente de la esencia católica que constituye el ADN de nuestra patria desde que la Virgen del Pilar se apareció al apóstol Santiago. Un árbol malo y podrido en su misma raíz nunca puede dar frutos buenos, como no los ha dado la Constitución del 78.

Me despido con unas palabras extractadas de una entrevista que le hice al coronel Lorenzo Fernández Navarro de los Paños titulada Enmienda a la totalidad a la Constitución del 78: “Ningún buen patriota pueda defender la Constitución de 1978. La Constitución es el propio origen del problema, el que les ha dado el instrumento a unos y otros, la herramienta, para alcanzar su objetivo. “La Transición” que dio lugar a la Constitución de 1978 fue en realidad una “transacción” pues su esencia fue la venta de la España Una, Grande y Libre a sus enemigos a cambio de que no cuestionaran la Corona.

Lógicamente los enemigos de España y de la Corona están ahora en contra de la vigente Constitución porque ya no la necesitan, les estorba. Por ello, todo verdadero patriota que defienda la integridad de España, debe estar en contra de la Constitución de 1978. Debe volver sus ojos a la de 1966 aprobada en referéndum por el pueblo español el 14 de diciembre de aquel año. En realidad se llamaba Ley Orgánica del Estado, promulgada en 1967 aunque aprobada en ese referéndum. Ley Orgánica que consagraba un Estado Social y de Derecho, basado en la verdadera democracia -que es la orgánica- y que proclamaba por ello la triple voluntad de que España fuera Una, Grande y Libre”.

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