Es inaudita la hipocresía de un rey, que llegaba la fecha de calendario jacobeo, haga la Ofrenda floral al Apóstol Santiago, invocando y suplicando la unidad, la convivencia y la solidaridad nacional, como hoy 25 de Julio ha expuesto, tras haber firmado el primero (o el segundo, qué más da) los indultos de separatistas y enemigos de la paz nacional, ha poco tiempo.

¿Cómo se entiende el despropósito contradictorio, no siendo por el cumplido teatral de esa súplica al Apóstol, que Franco y la España católica ofrendaba como deuda agradecida al que sembró el único camino de progreso integral en una nación pagana, necesitada como todas, de la luz de la Verdad Divina?

Una vez más, este 25 de Julio ha cumplido con la oficialidad del calendario, cada vez más alejada de la verdadera fe católica, trastocada por el costumbrismo puramente tradicional con sabor más al colorido del peso del pasado glorioso que a la sinceridad de lo que conlleva la colaboración de la Cruz y de la Espada.

Unidad sin autoridad firme, es un ente de razón sin fundamento en la realidad. Convivencia sin moral, es la eterna pelea entre hermanos que carecen del sentido de la familiaridad; y Solidaridad sin justicia, es creer que otros, como por arte de magia, nos arreglarán los problemas, sin compromiso ni sacrificios personales.

Al fin, sólo fórmulas eufónicas sin convicciones de autoexigencias locales y administrativas.

¿Cómo la jerarquía eclesiástica hace la vista gorda  estos teatros de quienes profanan a los auténticos héroes de fe y patriotismo en un caudillaje providencial de historia gloriosa imborrable, permitiendo la injuria sacrílega contra Franco, y les permite la ceremonia hipócrita de embajadas pseudocatólicas y antinacionales de nuevos masones?

Todo progreso verdadero y toda grandeza nacional, ha de inspirarse en la ley de Dios como guía de ley natural y positiva.

La soberbia de la autosuficiencia, sólo conduce al antropocentrismo geocéntrico que intenta suplantar al mismo Dios.

No es casual el libro titulado “Y sin embargo, se mueve”, tratando de poner nuestro pequeño planeta en el centro del universo, como si supiésemos medir sus dimensiones, para saber dónde está el centro de lo indefinido por inabarcable.

Se ataca, al fin, a la misma evidencia de lo real y el nuevo Ícaro, queriendo volar con alas de cera, se verá derretido en su fantasía del “seréis como dioses”.

Nuestros errores, cada vez con más culpabilidades inexcusables, dados nuestros medios para corregirles.

Estamos pintando fachadas del edificio socio-político, pero dentro no tenemos más que las ruinas de lo inconsistente, presunto mantenedor de la mentira diabólica, de este “misterio de la iniquidad” (Tes. 2).

Seguimos la comedia de lo “políticamente correcto”, sin demostrar por ninguna autoridad competente, la corrección de lo objetivo, haciendo la vista gorda a las consecuencias de nuestras frustraciones.

Dios no escucha las oraciones insinceras y el Santiago Apóstol, tiene las manos atadas ante las infidelidades de los que lo invocan, sin poner los medios para sus solicitudes.

¿Qué pinta un Rey inconsecuente, además de no ser pintor?

¿Y qué pinta un sistema anticonfesional con el “a Dios rogando y con el mazo dando?

La hipocresía colectiva, reconocida y consentida, sólo conduce a la conclusión de que “cada país, tiene lo que se merece”.