Hasta hace poco parecía que, según los medios de comunicación afines al gobierno, el coronavirus no llegaría a nuestro país y, si llegaba, serían dos o tres casos, y todos ellos más que controlados y solventados con éxito: alta clínica inmediata. Pero no. No ha sido así. Se han reído de nosotros otra vez y han jugado, a pesar de la gravedad, con el temor del pueblo a la llegada del famoso virus.

Lejanos quedan ya los recuerdos a la exhumación de Franco, o las historias y entresijos por y para Cataluña, o las teorías superfilosóficas de que la Constitución está en clave machista, o que más recursos para las asociaciones de homosexuales o de igualdad de género. Claro, esto ya queda lejos. Parece ser que el destino les ha respondido con esta crisis sanitaria sin precedentes en la memoria de nuestros mayores. Y no es cosa para alegrarse, ni mucho menos, pero se olvidan que, por encima de nosotros hay uno que manda y se ríe, siempre, al final.

La señora Carmen Calvo y otros personajes asociados a la funesta composición izquierdista (políticos o no), aprobaron y dieron el visto bueno a manifestarse, días antes del frenesí del estado de alarma, a realizar manifestaciones en pro de la igualdad de género, en todo el país. Y decían que era una oportunidad histórica, que saliera todo el mundo a la calle, que sería un paso para la humanidad. ¡TOMA YA! ¡RETRATADOS! Otra vez, eso, retratados, bajándose los pantalones ante el destino cruel de la imposición divina (para los que creemos que hay algo más).

Bueno, ya es tarde para acordarse de lo hecho anteriormente. Ahora, como buenos ciudadanos, tenemos que ser responsables para con nuestros actos. Pero si existe otro apoyo más a esta “chusma progre”, nos podremos insultar como pueblo, y los retratados seremos nosotros, ya que hemos colocado a unos individuos incompetentes y miserables, personajes lamidos por unos babosos circundantes que se dedican, tiempo atrás al estado de alarma, a cantar entre voces: CORONAVIRUS, OEEE… Como si fuera algo lejano y superfluo. Pues no, se ha destapado, por desgracia, el tarro de las esencias…