Es un acto reflejo, por lo tanto no premeditado, involuntario, pues siempre que la progresía saca en procesión al Padre Ángel me acuerdo de súbito de lo que Napoleón Bonaparte decía de Talleyrand, que también fue cura, obispo para mayor oprobio de la Iglesia: “Es un montón de mierda en una media de seda”. Hay dos diferencias esenciales entre el obispo francés y el Padre Ángel; éste no utiliza, de momento y que se sepa, aunque todo es posible, medias de seda y, además, carece del ladino talento que poseía el gabacho. Aunque, eso sí, los dos muestran una desmedida pasión por besarle el culo al Poder, y de esos ósculos en las nalgas de los poderosos los dos, el francés y el español, han alimentado sus egos y su fortuna.

Talleyrand se convirtió en una criatura heráldica, el Padre Ángel se ha convertido en la Belén Esteban de la Iglesia, y a rebufo de la dos veces milenaria Caridad del Cristianismo hace surf sobre el lomo de los menesterosos buscando siempre el objetívo de una cámara de TV y el aplauso de la izquierda de la hoz y el Martini. Es tan presuntuoso que no se da cuenta de que no es más que una marioneta que el Viejo Mester de Progresía utiliza como salvoconducto y edulcorante de su rancio odio a la Iglesia, y como bufón para hacer caritativa mofa de los católicos que creemos en la elocuente etimología de la palabra misericordia, corrupción lingüística y contracción de la expresión latina “miseris cor dare”, dar el corazón a los miserables. Tal y como hacen Amancio Ortega y Juan Roig. Tal y como hacen el Padre Santiago Cantera y los sacerdotes, monjas y frailes que besan las llagas de los pobres y de los desheredados, mientras el Padre Ángel le besa el culo a los miserables poderosos de la gauche divine, convirtiendo el Evangelio en un tebeo y la Caridad en un negocio y en la alfombra roja de sus mundanas vanidades.  

El penúltimo obsequioso beso del Padre Ángel en las nalgas de los poderosos miserables de izquierdas ha sido pedir para el Gobierno que todos padecemos, y que él disfruta, el Premio Princesa de Asturias por su gestión de la pandemia del Coronavirus. ¡Tócate los cojones! No les ha propuesto para la Laureada de San Fernando porque en su caritativa ignorancia esa condecoración le suena a facha y él es muy, pero que muy progre.

Es un acto reflejo, siempre que rezo por el padre Santiago Cantera me acuerdo de José de Arimatea y del Padre Huidobro. Siempre que rezo por Amancio Ortega y Juan Roig me acuerdo de Lázaro, el amigo rico de Jesucristo, y siempre que oigo y veo al Padre Ángel evoco a Talleyrand, ese “montón de mierda en una media de seda”.